Alessia Ferrer acepta casarse con el heredero de una familia rival para investigar la muerte de su hermano.
Lo que no esperaba descubrir es que su nuevo esposo también está buscando al asesino… y que ambos podrían estar viviendo con el enemigo dentro de sus propias familias.
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Sombras que observan
El silencio dentro del coche duró varios minutos después de salir del restaurante.
Alessia miraba por la ventana, pero su mente seguía en la mesa donde Matteo Rinaldi había estado sentado.
Asustado.
Eso era lo que no encajaba.
Rinaldi no era un hombre fácil de intimidar.
Sin embargo… había tenido miedo.
—Está escondiendo algo grande —dijo finalmente Alessia.
Thiago conducía con tranquilidad, como si la conversación anterior no hubiera cambiado nada.
—Eso ya lo sabíamos.
—No. Antes lo sospechábamos.
—¿Y ahora?
—Ahora estoy segura.
Thiago giró en una avenida amplia.
—El problema no es que oculte algo.
—¿Entonces cuál es?
—Que cree que hablar lo pondría en peligro.
Alessia lo miró.
—Dijo que mi hermano se metió en algo que no entendía.
—Sí.
—Gabriel no era un ingenuo.
—Nadie con ese nivel de dinero lo es.
—Entonces ¿por qué diría eso?
Thiago no respondió de inmediato.
Eso ya era una respuesta.
Alessia entrecerró los ojos.
—Sabes algo más.
Thiago estacionó el coche frente a un edificio moderno.
—No.
—Eso fue una mentira terrible.
—Solo estoy pensando.
—Entonces piensa en voz alta.
Thiago apagó el motor.
—Tu hermano estaba comprando lealtades.
—Lo dijiste antes.
—Sí.
—¿Y?
—Pero no sabemos para quién.
Esa frase hizo que Alessia se quedara quieta.
—¿Cómo que para quién?
Thiago la miró.
—¿Y si Gabriel no estaba construyendo poder para él?
El silencio fue inmediato.
—Eso no tiene sentido.
—Tiene mucho sentido.
—Gabriel no trabajaba para nadie.
—Tal vez sí.
Alessia negó con la cabeza.
—No.
—Tu hermano movió millones en secreto.
—Eso no significa que obedeciera a alguien.
Thiago salió del coche.
—Ven.
Alessia lo siguió dentro del edificio.
Era otro edificio de los Castellani.
Más discreto.
Menos corporativo.
Un ascensor privado los llevó a un piso completo lleno de pantallas y escritorios con analistas trabajando.
—¿Qué es este lugar? —preguntó Alessia.
—Mi equipo de inteligencia.
—Eso suena ilegal.
—Suena eficiente.
Un hombre se acercó.
—Señor Castellani.
—Dante, necesitamos la información sobre Gabriel Ferrer.
El hombre asintió y abrió una pantalla grande.
Aparecieron varias gráficas.
Movimientos financieros.
Contactos.
Fechas.
Alessia se acercó.
—¿Qué estoy viendo?
Dante habló con calma.
—Los últimos seis meses de actividad financiera de su hermano.
—Eso ya lo vimos.
—No todo.
Dante tocó la pantalla.
Un nuevo gráfico apareció.
Transferencias.
Pero esta vez… no de Gabriel.
Alessia frunció el ceño.
—¿Quién es ese?
Dante respondió:
—Matteo Rinaldi.
Thiago cruzó los brazos.
—Muéstrale.
Dante amplió la pantalla.
Varias transferencias salían de cuentas controladas por Rinaldi.
Cantidades enormes.
—Esto es dinero que Rinaldi movió después de recibir los pagos de Gabriel —explicó Dante.
Alessia observó las cifras.
—¿A dónde lo envió?
Dante tocó otro comando.
Y apareció un nombre.
Solo uno.
El aire pareció congelarse.
Alessia lo leyó en voz baja.
—Luciano Moretti.
Thiago observó su reacción.
—¿Te suena?
Alessia tragó saliva.
—Sí.
—Explícalo.
—Moretti es…
Se detuvo un segundo.
—Un empresario muy poderoso.
Thiago negó ligeramente.
—Eso es lo que dice la prensa.
—¿Y qué dices tú?
Thiago respondió con frialdad.
—Que controla la mitad del mercado ilegal del país.
El estómago de Alessia se tensó.
—¿Estás diciendo que mi hermano estaba financiando a un criminal?
—Estoy diciendo que su dinero terminó allí.
—Eso no significa que trabajara para él.
—No.
—Entonces no saques conclusiones.
Thiago la miró fijamente.
—Hay algo más.
Alessia suspiró.
—Claro que lo hay.
Dante volvió a tocar la pantalla.
Y apareció otra información.
Una foto.
Alessia se quedó inmóvil.
Era una fotografía de Gabriel.
Pero no estaba solo.
Estaba en una reunión.
Con tres hombres.
Uno de ellos…
era Luciano Moretti.
El corazón de Alessia golpeó con fuerza.
—¿Cuándo fue tomada?
Dante respondió:
—Dos semanas antes de su muerte.
El silencio se volvió pesado.
Muy pesado.
Thiago habló con voz baja.
—Tu hermano no solo lo financiaba.
Alessia sintió un nudo en el pecho.
—Entonces ¿qué hacía?
Thiago respondió con calma.
—Trabajaba con él.
Las palabras quedaron flotando en la sala.
Y por primera vez desde que comenzó esta investigación…
Alessia sintió una duda que nunca había tenido.
¿Realmente conocía al hombre que había sido su hermano?