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Notas Y Colores Del Destino

Notas Y Colores Del Destino

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Romance / BL / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Dos genios.
Una rivalidad que duele.
Un amor que se repite en cada vida.
Cuando él gana, yo recuerdo.
Cuando yo brillo, él tiembla.
Esta vez… ¿podremos elegirnos antes de volver a perdernos?

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14: El día después del beso torpe

El día siguiente no fue dramático.

Y eso fue lo que más desconcertó a Ren.

Despertó antes que Aiden, con el cuerpo todavía tibio por la cercanía de la noche anterior. Durante unos segundos permaneció inmóvil, escuchando la respiración tranquila a su lado, como si necesitara confirmar que no estaba soñando.

Seguía ahí.

No había prisa.

No había huida.

Aiden dormía de lado, el ceño relajado, una mano cerca del borde de la cama, como si incluso dormido temiera ocupar demasiado espacio. Ren sintió una ternura inesperada, casi dolorosa.

—Qué extraño… —pensó—. No tengo miedo.

Se incorporó con cuidado, tratando de no despertarlo. Cada movimiento le parecía exagerado, como si el silencio amplificara todo. Caminó hasta la cocina con pasos suaves y cerró la puerta despacio.

Preparar café nunca había sido tan consciente.

El sonido del agua, el aroma que comenzaba a llenar el aire, el vapor subiendo lento… todo se sentía intensamente presente. Ren apoyó las manos en la mesada y respiró hondo.

No estaba huyendo.

No estaba esperando que algo se rompiera.

Eso lo descolocaba.

Cuando Aiden apareció en la puerta, despeinado, con una camiseta vieja y los ojos aún cargados de sueño, Ren se sobresaltó.

—Buenos días —dijo Aiden, rascándose la nuca, claramente nervioso.

Ren sintió el calor subirle a las mejillas.

—Buenos días.

Hubo un silencio breve.

Denso.

No incómodo… pero sí lleno de preguntas que ninguno sabía formular.

—Dormí bien —añadió Aiden, innecesariamente—. O sea… diferente. Bien diferente.

Ren soltó una risa suave.

—Yo también.

Se miraron. Luego desviaron la vista casi al mismo tiempo.

Ridículos.

Humanos.

Compartieron el desayuno sentados uno frente al otro, demasiado conscientes de cada gesto: cómo Aiden sostenía la taza, cómo Ren jugaba con la cucharilla sin darse cuenta. Cada tanto, sus miradas se cruzaban y ambos apartaban la vista con una sonrisa tímida.

—¿Estamos…? —empezó Ren, deteniéndose—. O sea… ¿estamos bien?

Aiden dejó la taza sobre la mesa con cuidado.

—Creo que sí —respondió tras pensarlo—. No “perfectos”. Pero… bien.

Ren asintió.

—Eso me gusta más.

Después, cada uno volvió a sus rutinas con una cautela extraña. No se evitaron, pero tampoco se buscaron con desesperación. Era como aprender a caminar de nuevo, midiendo cada paso.

En el estudio, Ren abrió su cuaderno de bocetos y se quedó mirando la primera página sin dibujar. No sentía urgencia. Tampoco vacío. Solo una calma expectante.

Al otro lado, Aiden se sentó frente al piano… y lo cerró.

No porque no quisiera tocar, sino porque por primera vez no sentía que tuviera que hacerlo.

A media mañana, Ren se levantó para buscar agua y, al pasar por el salón, Aiden levantó la vista.

Sus miradas se encontraron.

Esta vez no apartaron los ojos.

Ren dio un paso más. Aiden también.

No dijeron nada.

El espacio entre ellos se redujo lentamente, como si ambos necesitaran comprobar algo sin palabras. Ren notó el latido acelerado en su propio pecho, la forma en que Aiden respiraba un poco más rápido.

—Anoche… —empezó Aiden, dudando.

—No me arrepiento —dijo Ren de inmediato.

Aiden sonrió, aliviado.

—Yo tampoco.

Ren levantó la mano, indeciso, y rozó apenas el brazo de Aiden. El contacto fue breve, casi accidental, pero ambos se quedaron quietos, como si el mundo se hubiera detenido un segundo.

—Es raro —murmuró Ren—. No siento que tenga que demostrar nada.

Aiden inclinó levemente la cabeza.

—Yo siento que… si no hago nada extraordinario, igual me quedo.

Ren sonrió.

—Eso es nuevo para los dos.

No se besaron.

No porque no quisieran.

Sino porque estaban aprendiendo que no todo tenía que ser inmediato.

Esa tarde trabajaron en silencio, compartiendo el espacio sin invadirlo. A veces, uno se acercaba solo para mirar lo que el otro hacía. A veces, se rozaban sin querer y se sonrojaban como adolescentes.

Al caer la noche, Ren tomó su chaqueta.

—Creo que hoy… —dijo— voy a volver a mi habitación.

Aiden asintió, aunque algo cruzó fugazmente su mirada.

—Está bien.

Ren se detuvo en la puerta.

—Pero mañana… —añadió—. Si quieres, desayuno contigo.

Aiden sonrió con una mezcla de alivio y algo más profundo.

—Quiero.

Ren salió.

No huyendo.

No desapareciendo.

Aiden cerró la puerta y apoyó la espalda contra ella unos segundos.

Se llevó una mano al pecho.

—Así se siente… —susurró—. Elegir sin miedo.

Y por primera vez, el día después no fue una caída.

Fue un comienzo.

1
Esmeralda Johner
Excelente
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