Después de amar obsesivamente y morir, Elijah Grant despierta con una segunda oportunidad y un juramento: esta vez no permitirá que el amor lo destruya. Decidido a huir del hombre al que amó unilateralmente durante años, planea una nueva vida lejos de él.
Pero el pasado no se olvida tan fácilmente.
El hombre que lo marcó se niega a dejarlo ir, y una amenaza inesperada vuelve a poner su vida en peligro.
Cuando el amor se confunde con posesión y el destino insiste en repetirse…
¿podrá Elijah escapar de su final o está condenado a revivirlo?
NovelToon tiene autorización de Wang Chao para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 08. Ignorado.
...• Robert •...
...----------------...
—¿Pasa algo? —me preguntó con total indiferencia, como si mi presencia no significará absolutamente nada. Arrugué las cejas de forma automática, casi por instinto.
Durante toda mi vida he tenido absolutamente todo: dinero, inteligencia, poder… amantes esperando por mí en cada ciudad, en cada reunión, en cada rincón donde decida posar la vista. Incluso tenía a este loco obsesionado conmigo. Y lo digo así, sin suavizar la palabra, porque eso era Elijah Grant: una obsesión humana, respirando detrás de mí como una sombra inquebrantable.
Al principio alimentó mi orgullo hasta niveles absurdos. Me hacía sentir invencible. No importaba cuánto lo rechazara ni cuántas veces lo humillara con mis palabras o mis silencios; tampoco importaba cuánto me apartara o cuántas veces intentara escapar de él… Elijah siempre estaba ahí. Firme. Fiel como un perro que solo conoce un amo. Su presencia, primero molesta, terminó convirtiéndose en un elemento inevitable de mi vida diaria, como respirar, como mi rutina, como mi café por las mañanas.
Podía ir al lugar más remoto del planeta y aun así, de alguna manera, él encontraba cómo aparecer, cómo hacer notar su ridícula devoción —a la que él insiste en llamar amor—. Hizo que más de una de mis parejas se alejaran sin explicación, de un día para otro. Y claro, yo me reía. Era entretenido verlo mover cielo, mar y tierra por mí, incluso sin que yo se lo pidiera. Un entretenimiento cruel, quizás. Pero yo no soy alguien precisamente amable o considerado.
Sin embargo, esa misma fijación también resultaba profundamente irritante. Elijah se inmiscuía en mi vida sin permiso, como si tuviera algún derecho. Entró a mi departamento más de tres veces forzando la cerradura —y lo peor es que lo hacía con la naturalidad de quien abre la puerta de su propia casa—. Varias veces llegó cuando estaba con alguien más. Abría la puerta, veía la escena y montaba un escándalo digno de una telenovela barata. Gritos, insultos, amenazas. Todo por mí.
Hace unos días cruzó una línea que ninguno de los dos había cruzado antes: me drogó y terminamos teniendo sexo. Una parte de mí sabía que tarde o temprano iba a pasar. Habíamos estado jugando a ese borde peligroso desde hace años. Siempre, para mantenerlo a raya, o tal vez para evitar que explotara, lo besaba de vez en cuando, lo acariciaba, o lo complacía con alguna de esas cosas románticas que él llamaba “citas”. No porque yo quisiera, por supuesto, sino porque es el hijo del socio —y mejor amigo— de mi padre. ¿Cómo se supone que debo actuar con alguien que ha estado metido en mi vida desde antes de que pudiera pronunciar mi nombre?
Además… no puedo aceptarlo del todo, pero tampoco puedo rechazarlo completamente. Él se incrustó en mi existencia de una manera tan incómoda como indispensable.
Suspiré.
Elijah Grant es una molestia. Una molestia peligrosa, intensa, sofocante… pero mía. O eso pensaba. Porque ahora que ya no tengo su atención, ahora que él —por primera vez en años— me ignora, ahora que me trata como si fuera un completo desconocido… soy yo quien lo busca con la mirada. Soy yo quien persigue sus pasos. Yo, quien debería ser perseguido.
Y lo peor… es que me está rechazando. A mí. A mí, que nunca he sido rechazado por nadie. Esta situación golpea mi ego directamente donde más duele. No puedo permitirlo. Si esta mierda tiene que terminar, será porque yo lo decido, no porque él se atreva a darme la espalda.
Y, sobre todo, no puedo —ni debo— permitir ser reemplazado. Yo no soy alguien que se reemplaza.
—¿Es por esto? —pregunté arrancando un pétalo de las flores que tenía en la mano. Las estúpidas flores que él había recibido. Mierda, ¿quién diablos se atreve a mandarle flores a alguien como él? Elijah no es el tipo de persona que inspira gestos tiernos. Es despreciable, manipulador, obsesivo. Capaz de destruir a quien se cruce en su camino con tal de conseguir alguna cosa que desea. Las flores simplemente no van con él—. ¿Encontraste a un tipo que quiera estar contigo?
—No es… —lo vi apretar los labios con fuerza. Su mirada tenía esa urgencia desesperada que siempre aparecía cuando quería explicarme algo. Me encanta molestarlo insinuando que encontró a un amante; siempre caía, siempre se apresuraba a aclarar que soy la única persona para él, que su mundo gira a mi alrededor, que no existe nada más. Eso alimenta mi ego de una forma que ni siquiera quiero admitir.
Pero ahora… ahora contuvo sus palabras. Esa mirada de necesidad seguía ahí, brillando apenas, pero no dijo nada. No corrió a explicarse. No cayó en mi juego. Eso me irritó más de lo que debería—. No es de importancia para ti.
Arrugué más el ceño.
Me acerqué a él con pasos lentos, provocadores, acercándome tanto que pude oler el perfume cálido de su piel mezclado con el aroma fresco de las flores que sostenía. Sentí el leve temblor de su respiración, ese pequeño detalle que solo yo podía notar porque he estado lo suficientemente cerca de él tantas veces. Elijah no retrocedió, pero tampoco me enfrentó como solía hacerlo.
Eso… no me gustó.
—Elijah… —susurré, inclinándome apenas, rozando con mis labios la línea de su mandíbula sin llegar a tocarlo—. ¿Desde cuándo tienes secretos conmigo?
Vi cómo cerró los ojos por un segundo, conteniendo algo. Tal vez rabia. Tal vez deseo. Tal vez miedo. Tal vez… alguien más.
Y eso, simplemente, no lo voy a permitir.
—Gracias —lo escuché decir, más alto de lo normal, mientras me empujaba con brusquedad al retroceder. No entendí qué estaba pasando hasta que seguí la dirección de su mirada. Allí estaba Axel, sosteniendo una botella de vino vacía entre las manos, observándonos con una expresión que no supe descifrar de inmediato—. Las abejas son molestas y soy alérgico a ellas. Gracias por quitarla, Robert.
«¿De qué mierda se trata todo esto?», pensé. «¿Por qué se comporta así conmigo?»
La pregunta me quemaba en la garganta, lista para salir, pero no llegué a formularla. Antes de que pudiera decir una sola palabra, me hizo a un lado con un gesto frío, casi mecánico, y se acercó a Axel como si yo dejara de existir en el mismo instante en que dio ese paso.
—Si buscas la vinatería, Robert puede mostrarte dónde está —dijo con una calma que me resultó insultante. Me dedicó una mirada breve, cortante, y luego sus ojos regresaron a Axel, como si yo ya no mereciera su atención—. Bueno, los dejo solos. En unos minutos me uno a ustedes.
No esperó respuesta.
Al terminar de hablar, pasó a mi lado sin siquiera rozarme y se dirigió hacia la cocina. Ni una explicación. Ni una palabra más. Nada.
Chasqué la lengua, claramente irritado.
«¿Quién se cree este idiota para ignorarme de esa manera?»
El silencio que dejó atrás me resultó insoportable.
—Ro-Robert… —La voz suave de Axel me obligó a girar la cabeza hacia él. Sonaba inseguro, casi nervioso.
No quiero quedarme solo con él. No ahora. No cuando tengo a Elijah rondándome la cabeza, con su repentina indiferencia, con las malditas flores y con el imbécil que se las envió.
—¿Vamos a la vinatería? —preguntó Axel, dudando—. ¿O prefieres ir tras él?
Por un segundo, la idea de seguirlo cruzó mi mente. De alcanzarlo. De exigirle una explicación. De recordarle quién soy y cuál es mi lugar en su vida.
—Por supuesto que no —respondí con rapidez, quizá demasiada. Más para convencerme a mí mismo que a él—. No tiene importancia.
No debía tenerla.
—Vamos.
Di media vuelta sin mirar atrás, avanzando con pasos firmes, aunque por dentro algo se retorcía con una mezcla desagradable de enojo, celos y una inquietud que no estaba dispuesto a reconocer. Porque Elijah podía ignorarme todo lo que quisiera, pero no iba a ser yo quien corriera detrás de él.
No todavía.
......................
......................
......................
¿Qué les pareció el pov de Robert? 😈
Gracias por la actualización
yo si quisiera que quedarán juntos claro después que el sufriera bastante y cambiará completamente para poder recuperar a Eli, o por lo menos que fuera un trío para que el papucho de Dominick no quede por fuera
I hate you
Bastard