Takumi, un joven de 16 años alegre, honesto y fanático de la justicia, muere en un accidente menor, pero cuando abre los ojos… se encuentra dentro de su videojuego otome favorito. Para su sorpresa, no es la heroína, sino el omega villano, condenado a un final trágico y odiado por todos los personajes. Pero lo que Takumi no esperaba era que su destino en el juego empezara a desviarse… gracias al protagonista secundario, un alfa amable y torpe que parece destinado a sufrir, pero que termina atrayéndolo de formas inesperadas y muy cómicas.
NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 23: Protección excesiva y otros accidentes nocturnos
La noche envolvía el palacio con un silencio espeso, casi pegajoso.
No era el silencio pacífico de otras madrugadas, sino uno cargado de expectativas, como si las sombras mismas estuvieran conteniendo la respiración. La luna colgaba alta sobre los jardines, iluminando tenuemente las ventanas y proyectando figuras alargadas en los muros de piedra.
Takumi estaba despierto.
Giró una vez más entre las sábanas, suspiró y se sentó en la cama, despeinándose con frustración. La habitación era amplia, elegante, demasiado ordenada para su estado mental actual.
—Genial… —murmuró—. Cuando no es el destino, es el insomnio.
Se levantó descalzo y caminó hasta la ventana. El aire nocturno entraba tibio, con el aroma lejano de flores nocturnas. Todo parecía tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Takumi frunció el ceño.
—No. No hoy. Por favor, no hoy.
Entonces lo escuchó.
Un sonido apenas perceptible, como un roce breve contra la piedra. No era viento. No era un animal. Su cuerpo lo supo antes que su mente.
Takumi se quedó inmóvil.
El silencio volvió… por un segundo.
Luego, otro sonido. Metal rozando metal.
—Ah… —susurró—. Claro que sí.
No gritó. No entró en pánico. En cambio, avanzó despacio hacia el escritorio y tomó el pequeño cuchillo decorativo que descansaba allí. No estaba afilado de verdad, pero le dio algo a lo que aferrarse.
—De príncipe heredero a extra en escena peligrosa —murmuró—. Qué versátil soy.
La cortina se movió.
Takumi retrocedió un paso.
La ventana comenzó a abrirse lentamente.
Y en ese instante—
—¡Al suelo, Su Alteza!
La puerta se abrió de golpe.
Hikaru irrumpió en la habitación con una velocidad que no parecía humana. En un movimiento fluido, sujetó a Takumi por la cintura y lo empujó lejos de la ventana, cubriéndolo con su cuerpo mientras rodaban hacia un costado.
—¡—!
Takumi apenas tuvo tiempo de procesar nada antes de terminar en el suelo, con Hikaru encima, su peso firme protegiéndolo por completo.
—No se mueva —ordenó Hikaru con voz dura.
Takumi abrió la boca.
La cerró.
Después, decidió su cerebro con sorprendente claridad.
Dos figuras encapuchadas entraron por la ventana rota. El vidrio cayó al suelo con un estruendo seco.
—Perfecto —murmuró Takumi—. Ahora sí es oficial.
Hikaru rodó hacia un lado y se puso de pie de inmediato, desenvainando la espada con un sonido limpio que cortó el aire.
—Detrás de mí —ordenó sin mirarlo.
—Estoy intentando —respondió Takumi, arrastrándose torpemente—. ¡Pero tú ocupas demasiado espacio estratégico!
—No es el momento para críticas constructivas.
El primer atacante avanzó. Hikaru lo recibió con un golpe preciso, desviando la daga y desarmándolo con un movimiento tan rápido que Takumi apenas pudo seguirlo con la vista.
—Wow —murmuró—. Recordatorio mental: nunca discutir contigo.
El segundo intentó rodearlo.
Takumi, viendo una oportunidad, lanzó el cuchillo decorativo.
Falló.
De forma espectacular.
El cuchillo golpeó la cortina y quedó colgando de manera ridícula.
—…Lo intenté —dijo con dignidad.
—Aprecio el entusiasmo —respondió Hikaru, girando para neutralizar al segundo atacante.
En menos de lo que Takumi tardó en parpadear, uno de los intrusos había huido por la ventana y el otro yacía inconsciente en el suelo.
El silencio regresó de golpe.
Solo quedaron respiraciones agitadas y el sonido lejano de pasos apresurados.
—¿Está herido? —preguntó Hikaru de inmediato, girándose hacia Takumi.
Se arrodilló frente a él con una expresión que Takumi no había visto nunca: preocupación sin filtros.
—Creo que no… —respondió Takumi—. Todo sigue en su lugar.
Hikaru no pareció convencido.
—¿Le duele aquí? —preguntó, tocándole el brazo.
—No.
—¿Aquí? —mano en el hombro.
—Tampoco.
—¿Aquí? —demasiado cerca.
Takumi se sonrojó hasta las orejas.
—¡Estoy bien!
Hikaru se detuvo en seco.
—¿Seguro?
—Sí —respondió Takumi—. El orgullo está un poco dañado, pero sobrevivirá.
Hikaru exhaló lentamente, como si recién entonces permitiera que la tensión abandonara su cuerpo.
Los guardias irrumpieron segundos después, alarmados por el ruido. Se llevaron al atacante inconsciente y aseguraron el área.
Cuando finalmente quedaron solos otra vez, la habitación parecía un campo de batalla elegante: vidrio roto, cortinas desgarradas, papeles esparcidos.
Takumi observó el desastre.
—Esto va a ser un informe… incómodo.
—Fue una emboscada de prueba —respondió Hikaru—. Querían medir tiempos de respuesta.
Takumi se levantó con cuidado y lo observó de arriba abajo.
—¿Estás herido tú?
—No —respondió Hikaru—. Nada grave.
Takumi entrecerró los ojos.
—No confío en tu criterio. Eres del tipo que ignora una herida hasta que se desmaya.
—Eso es una exageración.
—Te desmayaste una vez.
—Fue una vez estratégica.
Takumi resopló… y sin pensarlo, dio un paso adelante y lo abrazó.
El gesto fue impulsivo, torpe, completamente sincero.
Hikaru se quedó rígido.
—S-Su Alteza…
—Gracias —murmuró Takumi contra su pecho—. Por llegar a tiempo.
Hikaru dudó… y luego apoyó con cuidado una mano en la espalda de Takumi.
—Siempre llegaré —dijo en voz baja.
Takumi se separó de golpe.
—Eso sonó peligrosamente a promesa.
—No lo fue —respondió Hikaru demasiado rápido.
Takumi lo miró.
—Claro que no.
Silencio.
—Capitán —añadió Takumi—. ¿Te das cuenta de que ahora creerán que duermes frente a mi puerta?
—No es una suposición incorrecta.
—¡Eso no ayuda a los rumores!
—Mi prioridad no son los rumores.
Takumi suspiró… y luego sonrió.
—Eres increíblemente poco consciente de ti mismo.
—Y usted es increíblemente calmado para alguien que casi fue atacado.
—Estoy acostumbrado a sobrevivir cosas raras —respondió Takumi—. Esta fue solo… más ruidosa.
Hikaru lo observó con intensidad.
—No haga eso otra vez.
—¿Dormir?
—Ponerse en peligro sin avisar.
Takumi inclinó la cabeza.
—Entonces quédate.
—…Entendido —respondió Hikaru tras un segundo.
Ambos sabían que esa noche nadie dormiría realmente.
Porque el ataque había fallado.
Y porque, sin quererlo, habían cruzado otra línea invisible.
Una que ya no tenía nada que ver solo con la seguridad.
Sigue así 🥰🥰🥰🥰