La traición es algo que no perdono, regresa por donde has llegado.
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Desolado
Al llegar a la mansión, la madre de Daimon se dio cuenta de que todo estaba muy tranquilo, se suponía que debía haber algo de movimiento, pues ya casi era el medio día, ya deberían haber encontrado el cuerpo de Daimon, toco la puerta y fue recibida por la servidumbre la misma que ayer la recibió
- Señora ¿ha regresado? - la empleada se sorprendió, ya que él día anterior llego dando órdenes por ser la madre de Daimon, los mando a descansar temprano, eso era algo sospechoso, pero al ser la madre no podían decir nada
- S-si, vine a ver a mi hijo, ayer no lo encontré - estaba un poco nerviosa,
- Oh, hoy tampoco se encuentra, a lo mejor se ospedo en otro sitio - dijo la joven empleada,
Nora entro desesperada al lugar y todo estaba muy limpio, no había nada fuera de lo normal, lo que más la sorprendió fue ver el jarrón qué ella había lanzado contra Daimon, su cara se volvió pálida, sus manos temblaron, pues alguien había hecho todo para que no quedará evidencia de nada, duda que lo hayan hecho los hombres que había mandado, se despidió de la joven sirvienta y se fue, trato de verse lo más normal posible, dejando como orden avisarle cuando su hijo regrese a casa. Fuera de ahí mando a uno de sus guardias a buscar a los dos hombre de anoche, necesitaba que le aclararan un par de cosas, pues todo se ve normal, si Daimon sigue vivo podría ser un peligro para ella, pues podría ir a prisión por intentar asesinarlo.
...
Inconsciente en aquella cama Daimon tenía una fiebre alta, el doctor trataba de bajar aquella fiebre pero no podía, mientras tanto en la mente de Daimon ocurría algo extraño, estaba teniendo una pesadilla, donde se encontraba de pie sin zapatos en medio de un río congelado, aun que en todo el lugar se podía ver el sol brillante, el río estaba congelado y él temblaba de frío, mientras en su mente se oían las palabras de su abuelo y de otra persona quien lo defendía con gran valentía y coraje
- Tengo las pruebas suficientes para demostrar mis palabras, pero usted más que nadie ha sido testigo de todo lo que le han hecho a este pobre hombre -
- Tu no sabes nada, mañana mismo me llevaré a ni nieto a casa conmigo,
- Usted saldrá de aquí solo, Daimon se queda ahí donde esta seguro, donde nadie puede lastimarlo -
- Tu no eres nadie para evitar que me lo lleve, somo socios, eso no te da ningún derecho a decidir sobre él -
- Ese derecho me lo he ganado, al salvarle la vida, ¿Sabe usted como fueron mis dos primeros encuentros con él? Supongo que no, fueron en su momento más vulnerable, lo he visto llorar, he visto como fue humillado por causa de su madre en la plaza pública, y esta vez no fue la excepción, si yo no hubiera regresado porque sentí que algo no estaba bien el hubiera muerto desagrado, lo conozco poco, pero lo poco que he investigado y he visto de él es que es la persona más generosa, amable y agradecida qué hay, él es mucho para este mundo, por eso mismo no permitiré qué nadie le haga nada, se quedará aquí hasta que el despierte y me diga que se quiere ir, mientras tanto usted es bien recibido aquí para verlo,
- Solo le advierto una cosa, no permitiré qué envenene a mi nieto en contra de su familia, estoy seguro de que ellos no hicieron nada, hay que atrapar al verdadero culpable -
- ¿por qué no dice la verdad? Sé que usted es pariente de él, pero no estoy seguro de que sea descendencia de su nuera e hijo ¿por eso es el trato injusto ¿no?...
Daimon caía de rodillas ante esas palabras, poco a poco se rompía el hielo el frío era más intenso, no podía creer lo que escuchaba, eso no podía ser cierto, se decía así mismo, espero y espero a que su amado abuelo refutara las palabras de Arón, pero no fue así, el hielo se partió debajo de él, permitiendo que cayera dentro del agua helada, poco a poco se alejaba de la luz, decidió cerrar los ojos, ya no había nada más por que luchar, su abuelo el ser que más ama defiende a las parsonas qué lo han herido hasta el punto de quiebre, se abrazo a si mismo
- Si te pido que te quedes a mi lado ¿dirías que si? -
Esa voz, era la misma que se había enfrentado a su abuelo, la conocía era de Arón Velgara, al ver que aun había alguien que se preocupara y creyera en él se elgro, las lágrimas corrían por sus mejillas a pesar de estar hundido en el río, el calor emano desde su corazón, comenzó a subir poco a poco a la superficie y cuando creyó que no podía llegar alguien sostuvo su mano al contacto logró abrir los ojos, la luz calaba en sus ojos, podía sentir el dolor abrumador de su cuerpo entonces recordó lo que había pasado la noche anterior su madre lo había intentado matar, quiso levantarse, pero al hacerlo se dio cuanta qué alguien estaba ampollado en la cama, era Arón, estaba dormido sosteniendo su mano, se veía cansado y desalineado
- Arón... Despierta - Su voz ronca logró despertar a Arón
- Por fin despiertas, anoche tuviste fiebre creí que te morirías, estabas muy mal - la angustiada voz de Arón era obvia, no sabía cómo pero después de que su abuelo se fue el empeoró, ya estaba bien y de un momento a otro tenía una fiebre muy elevada
- Yo... Yo no estoy bien... - No era malestar físico, se veía la tristeza y la desilusión en sus ojos,
- Lo sé, deja que el médico te revise, después podemos hablar - Arón llamo a médico y este reviso a Daimon, le dio algo de medicina para el dolor, curó la herida del costado, le dio algunas indicaciones y procedió a irse.