En los misteriosos bosques del Imperio de Thaloria, Zaida despierta en un carruaje, sin memoria y rodeada de desconocidos. Pronto se encuentra en medio de una lucha por la libertad liderada por la valiente princesa Ariadne y sus caballeros.
Pero su destino toma un giro inesperado cuando Zaida encuentra un misterioso collar y libera a Anika, una poderosa bestia divina encerrada en su interior. A medida que la relación entre Zaida y Anika se desarrolla, enfrentarán desafíos y complicaciones, mientras Anika se convierte en una fiel sirviente de Zaida.
Mientras descubre oscuros secretos y poderes ocultos, Zaida atrae la atención de varios príncipes del reino, cada uno con sus propios intereses y motivaciones.
Nota: está es una historia que salió de mi cabeza xd, pero probablemente sufra modificaciones, aún cuando ya esté publicado (es que soy mujer y no sé lo que quiero jajaja) que la disfruten :)
Extra: Contiene imagenes para una mejor imaginación :3
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CAPITULO 11 - LA SOMBRA DE LA SOSPECHA - Sin i
William se sumergió en sus pensamientos mientras observaba la pluma reposar sobre el papel. Su mente giraba en torno al reciente incidente, intentando descifrar qué estaba sucediendo en su propio Palacio.
Necesitaba respuestas.
Con un gesto decidido, dirigió su mirada a Letio.
—Quiero que se investigue lo sucedido. Usa todos los recursos necesarios —ordenó.
Letio hizo una reverencia y asintió.
—Trabajaré con los espías oscuros para obtener información relevante, mi señor.
Los espías oscuros, una élite de agentes clandestinos bajo el mando directo del Emperador, eran sombras en la noche. Nadie los veía, nadie los sentía, pero siempre estaban allí. Vigilaban los rincones más oscuros del Imperio, asegurando que ninguna amenaza pasara desapercibida.
William confiaba en que encontrarían respuestas.
Letio estaba a punto de retirarse cuando, de repente, se detuvo. Como si recordara algo importante, se giró hacia su amo con una expresión seria. Pero antes de que pudiera hablar, la puerta se abrió de golpe.
—¡William, Letio! —exclamó Cassian con su usual energía—. ¿Cómo están hoy?
William respondió con un simple asentimiento, mientras Letio se mantuvo en silencio, observando con atención la interacción entre ambos.
Cassian echó un vistazo alrededor, notando la ausencia de cierta persona.
—¿Dónde está Zaida?
William dejó la pluma sobre la mesa con calma.
—No se siente bien —respondió sin darle demasiada importancia.
Cassian frunció el ceño.
—Quiero verla.
—No —fue la respuesta firme de William.
El rechazo inmediato solo aumentó la sospecha en Cassian. Observó con atención la expresión de su primo y recordó algo.
—Esperen... —murmuró, entrecerrando los ojos—. Ayer estuviste en la feria con Zaida, ¿cierto?
William detuvo su escritura de golpe. Sus ojos se alzaron lentamente para encontrarse con los de Cassian.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó con voz pausada, pero con un dejo de incomodidad.
Cassian cruzó los brazos con una sonrisa burlona.
—Oh, así que no querías que me enterara... —murmuró—. Letio, no fuiste tú quien me lo dijo, ¿verdad?
Letio, que hasta ese momento se mantenía firme, bajó ligeramente la cabeza, sabiendo que había cometido un error al no informar ese detalle.
Cassian no insistió más. Algo estaba pasando con Zaida, y él lo averiguaría por su cuenta.
Sin decir otra palabra, salió del estudio y se dirigió directamente a la habitación de Zaida.
Cassian llegó a la puerta de la habitación de Zaida, pero al abrirla, encontró la cama vacía.
Frunció el ceño.
—¿Dónde está?
En ese momento, vio pasar a Sophia y Elara, las hermanas de Zaida.
—¿Zaida está aquí? —preguntó con seriedad.
Las jóvenes intercambiaron miradas antes de hacer una reverencia.
—Ella está en la habitación del Príncipe William.
Cassian sintió su pecho apretarse de irritación. Apretó el puño y caminó con pasos firmes hasta la puerta de William.
Cuando la abrió, la imagen ante él lo dejó helado.
Zaida yacía en la cama, con su piel marcada por ampollas que se asemejaban a quemaduras. Su respiración era más estable, pero su rostro reflejaba el dolor que había soportado.
Cassian se acercó rápidamente y tomó su mano con suavidad.
—Zaida, ¿qué te pasó?
Zaida entreabrió los ojos al escuchar su voz. Antes de que pudiera responder, William apareció en la puerta.
—Cassian, ¿cómo te atreves? —su voz era fría, pero en el fondo había un leve rastro de molestia.
Cassian ni siquiera volteó a verlo.
—Zaida —repitió con voz seria—. ¿Cómo te hiciste esto?
Zaida respiró hondo y comenzó a explicar.
—Encontré un frasco en el pasillo y lo abrí. Dentro había un polvo negro... y entonces...
Antes de que pudiera terminar, Cassian giró bruscamente hacia William con una mirada acusadora.
—No dejes cosas como esas por ahí.
William alzó una ceja, sorprendido.
—No hice tal cosa.
Zaida apretó la manga de Cassian, intentando calmar la tensión.
—El Príncipe William no tiene la culpa —dijo con firmeza.
Cassian le dirigió una mirada penetrante.
—No lo defiendas solo porque es tu amo.
Zaida negó con la cabeza.
—No lo defiendo. Solo digo la verdad.
El ambiente se cargó de tensión. Finalmente, Zaida suspiró y decidió explicar mejor lo que había pasado.
—Esa noche, mientras no estábamos en el Palacio, alguien entró. No puedo estar completamente segura, pero creo que el frasco pertenecía a uno de los intrusos.
Cassian entrecerró los ojos.
—¿Intrusos?
Zaida asintió.
Pero antes de que pudiera continuar, Anika, quien había estado observando todo en silencio, negó con la cabeza.
Zaida parpadeó.
"¿Qué ocurre?"
Anika cruzó los brazos.
—No fueron los espías quienes lo dejaron allí. ** Indes fue quien lo colocó en ese lugar a propósito.**
Zaida sintió que su corazón se detuvo por un momento.
—Indes... —susurró.
Cassian, quien obviamente no podía ver ni oír a Anika, frunció el ceño ante el repentino cambio de expresión en Zaida.
—Zaida, ¿qué ocurre?
Zaida reaccionó rápidamente.
—Nada, solo pensaba en algo...
Cassian dejó el tema, pero aún no estaba convencido.
—Mañana traeré hombres para ayudarte a cuidar el Palacio —dijo de repente.
William resopló.
—No es necesario.
Cassian lo miró fijamente.
—Zaida estuvo involucrada en este incidente. Es mejor estar preparados.
—No necesito tu ayuda para cuidar de mi propio Palacio.
—Tal vez no. Pero eso no significa que no sea prudente reforzar la seguridad.
William guardó silencio, dándose cuenta de que Cassian tenía razón.
—Lo pensaré —dijo finalmente.
Cassian miró a Zaida y suavizó su expresión.
—Regresaré mañana a verte —le prometió.
William sintió una punzada de irritación, pero no dijo nada.
Cassian salió de la habitación con paso firme. William lo siguió con la mirada por un momento, antes de suspirar y cerrar la puerta detrás de él.
Zaida se quedó en silencio.
Anika se acercó a ella.
—Indes está detrás de todo esto. No podemos esperar a que haga otro movimiento.
Zaida asintió.
Debían deshacerse de Indes... pero sin que William sospechara.
Y esta vez, lo harían de una manera que nadie pudiera rastrear.
...----------------...
El sonido de los cascos de los caballos retumbó en la entrada del Palacio de William. Los soldados de Cassian habían llegado.
William, con el ceño fruncido, no tuvo más opción que dejarlos pasar.
Desde su Palacio, Rowan recibió la noticia.
—¿Qué dijiste? —su voz resonó con frialdad.
Indes, con las manos entrelazadas frente a ella, inclinó la cabeza.
—Cassian ha enviado guardias al Palacio del Príncipe William, su Alteza.
Rowan cerró los ojos, inhalando con rabia contenida.
—Ese maldito se está entrometiendo demasiado… —
De repente, sus ojos se clavaron en Indes. En un movimiento brusco, le agarró el cabello y la obligó a inclinarse.
—¡Entonces dime por qué demonios esa criada llamada Zaida sigue viva!
Indes apretó los dientes, su cuero cabelludo ardiendo por la presión.
—No he tenido la oportunidad… pero lo haré pronto, se lo prometo.
Su corazón golpeó contra su pecho con fuerza, pero se obligó a mantener la compostura. Indes sintió cómo su cuerpo se tensaba.
— ¡Entonces hazlo ya! — rugió Rowan, sujetándola bruscamente por el cabello.
Un escalofrío le recorrió la columna al sentir el agarre de su Príncipe. Sabía que si fallaba esta vez, no habría segunda oportunidad.
— S-sí, Su Alteza... — murmuró con la voz temblorosa, sintiendo el sudor frío en su nuca.
Rowan la soltó de un empujón, pero antes de que pudiera continuar, una voz serena y calculadora interrumpió la tensión.
—Rowan…
Desde un rincón oscuro de la sala, el Duque Enoc, su tío, emergió con una sonrisa apenas perceptible.
—Antes de que tomes una decisión precipitada… considera esto: en lugar de simplemente deshacerte de Zaida, ¿por qué no la convertimos en una herramienta más útil a Indes?
Rowan entrecerró los ojos.
—¿Qué tienes en mente? —preguntó, con escepticismo.
El Duque Enoc caminó lentamente hasta situarse entre ellos, como si estuviera moviendo las piezas de un ajedrez invisible.
—Indes ya tiene las llaves del Palacio. Si, en lugar de matar a Zaida, consigue el mapa de William, tendríamos acceso completo a cada rincón de su Palacio. —
Rowan cruzó los brazos, evaluando la idea.
El duque Enoc, con su calma habitual, se acercó y deslizó un pergamino en sus manos.
— Tienes llaves del Palacio —susurró con voz calculadora—. No hay nadie más indicado para esta tarea que tú.
Indes bajó la mirada al mapa del Palacio de William. El papel tembló en sus manos.
— Si fallas… — El duque se inclinó junto a su oído, su voz suave pero cortante como un filo de daga—, tu hermana pagará el precio.
La sangre abandonó su rostro de inmediato.
— No… no lo haré mal… lo juro. — Se arrodilló ante ambos, sintiendo su garganta seca y el pánico hundiéndose en su pecho.
Rowan la empujo bruscamente, chasqueando la lengua con desdén.
— Más te vale —espetó, dándole la espalda.
Indes bajó la cabeza, con la vista nublada por el miedo. No podía fallar.
Rowan esbozó una sonrisa satisfecha y se recargó en su silla.
—Entonces… comencemos.
***
Zaida despertó con una extraña sensación de ligereza.
Algo estaba… diferente.
Se incorporó con lentitud y tomó un espejo con manos temblorosas.
Su piel estaba perfecta.
Ni una sola marca, ni una cicatriz.
Con el corazón latiéndole en el pecho, dejó caer el espejo en su regazo.
Junto a la cama, Anika descansaba en su forma de tigre, con la cabeza apoyada sobre sus patas delanteras.
Al notar la inquietud de Zaida, levantó la cabeza y se transformó en su forma humana.
Zaida no despegó la vista de su piel regenerada.
—Anika… ¿cómo es posible que ya no tenga cicatrices?
Anika la miró con calma.
—La curé. Usé mi poder mágico para sanar sus heridas.
El aliento de Zaida se atascó en su garganta. Eso no tenía sentido.
Fue entonces cuando lo notó.
El brazo derecho de Anika estaba cubierto con una armadura metálica.
Su corazón dio un vuelco.
—¿Por qué llevas eso? —preguntó, su voz temblorosa.
Anika evitó su mirada.
—Es solo una precaución. A veces me pongo la armadura para estar lista en caso de peligro.
Zaida sintió que la inquietud se apoderaba de ella.
No estaba convencida.
Dio un paso adelante.
—Quítatela.
Anika no se movió.
—No tiene importancia, Zaida.
Zaida sintió el pánico crecer en su pecho.
—¡Quítatela!
Anika desapareció la armadura en silencio.
Zaida ahogó un grito.
El brazo de Anika estaba ennegrecido, marcado por cicatrices y quemaduras profundas.
Zaida llevó una mano a su boca, sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¿Qué… qué hiciste...?
Anika sonrió con tristeza.
—Hice lo que debía.
Zaida sintió que el mundo se tambaleaba.
—¡Eso no era tu decisión!
Anika solo la miró. Y en su mirada… había dolor.
—Si no lo hubiera hecho… usted ya estaría muerta.
Zaida cayó de rodillas.
Con los labios temblorosos, se aferró a Anika en un abrazo desesperado.
—No lo hagas otra vez… nunca más.
Anika cerró los ojos y apoyó la frente contra su hombro.
—No prometo nada.
Zaida se separó apenas lo suficiente para mirarla fijamente.
—No se supone que debes protegerme a costa de tu propia existencia…
Anika alzó la vista, sorprendida.
Zaida continuó, su voz más fuerte.
—La Cuarta Ley establece que un collar debe proteger su propia existencia… aunque eso entre en conflicto con las demás leyes.
Anika se quedó en silencio.
Era como si nunca antes se hubiera detenido a pensar en qué significaban realmente esas reglas.
Zaida acarició suavemente la cabeza de Anika.
Anika, en respuesta, se transformó en un pequeño tigre bebé.
Zaida notó que, bajo su pelaje, su patita aún tenía las pequeñas marcas de quemaduras.
Con sumo cuidado, la abrazó.
Anika se acurrucó en su regazo, disfrutando del calor reconfortante de su ama.
Zaida escuchó un sonido peculiar y empezó a reír.
—¿Siempre ronroneas así?
Anika, en su forma de tigre bebé, se acurrucó aún más.
Bajo su suave pelaje, el dolor aún persistía.
Pero por primera vez en mucho tiempo…
Anika sintió que ese dolor valía la pena.
Está muy buena la novela
Autora usted es increíble, mis respetos por esta obra tan magistral, me encanta es tan entretenida, lleno de acción, incertidumbre, misterio, magia, amor, todo en un paquete y es digno de felicitarla,, es muy atrapante leerla, espero sigas siempre brindando increíbles obras, Saludos desde Paraguay!!