Aurora lo perdió todo en una sola noche. Cinco años después, vuelve con cinco razones para no volver a rendirse.
La víspera de su compromiso, Aurora encuentra a su prometido en la cama con su propia hermana. Y sus padres, en vez de consolarla, eligen quedarse del lado de la hija «perfecta». Sin casa, sin familia y con el corazón hecho pedazos, acaba en un bar… y en los brazos de un desconocido: João Pedro de Andrade, uno de los hombres más ricos del país, frío, reservado y drogado sin saberlo.
Por la mañana, ella se marcha. Él despierta sin poder recordar su rostro.
Cinco años después, Aurora ya no es la joven que salió llorando de aquella casa. Es la dueña de una marca de joyas que se abre paso en el mercado y la madre de cinco pequeños genios: uno hackea computadoras, otro descubre malas inversiones en minutos, dos diseñan joyas y todos tienen más iniciativa que muchos adultos.
Hasta que el destino los pone frente a frente. João Pedro no deja de preguntarse por qué esa mujer le resulta tan familiar… y por qué esos cinco niños lo miran como si ya lo conocieran.
Entre secretos que creía enterrados, una hermana que no se resigna a perder y un pasado que vuelve a tocar su puerta, Aurora tendrá que decidir en quién confiar. Porque hay verdades que no se pueden esconder para siempre.
Traición, maternidad, lujo y un amor que empezó de la forma menos esperada.
Porque Aurora no volvió para pedir perdón. Volvió para demostrar quién es.
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Capítulo 5 — Cinco latidos
Habían pasado dos semanas desde la noche que destruyó la vida de Aurora.
Había conseguido un pequeño trabajo en una joyería del centro. No era el empleo de sus sueños, pero era un comienzo. Aurora pasaba horas dibujando modelos, ajustando piedras y creando piezas que llamaban la atención de los clientes. Por primera vez, nadie la comparaba con Emilia. Nadie decía que fuera inferior. Nadie le preguntaba por qué no podía ser como su hermana. Ahí, su talento hablaba por ella.
Esa mañana, sin embargo, empezó a sentirse mal. Le dio un mareo mientras acomodaba unas piezas.
—Aurora, ¿estás bien? —le preguntó una compañera.
—Creo que sí.
Intentó seguir trabajando, pero las náuseas aumentaron. Corrió al baño. Después de unos minutos volvió a su casa, se sentó en la cama y tomó el celular. Miró el calendario.
Se quedó inmóvil.
Tenía un retraso en la regla. Un retraso muy grande.
—No…
El corazón empezó a latirle más rápido. Trató de convencerse de que podía ser solo estrés. Pero, en el fondo, ya lo sabía.
Al día siguiente compró una prueba. Cuando vio el resultado, le temblaron las manos.
Positivo.
Aurora se sentó en el piso del baño. Empezaron a caerle las lágrimas.
—Dios mío…
Se puso la mano sobre el vientre, todavía completamente plano. Un bebé. Después de todo lo que había pasado, estaba embarazada.
Pero no era solo un bebé.
Días después, durante la consulta médica, Aurora se enteró de algo que la dejó sin palabras. El médico examinó con atención el estudio.
—Aurora, necesito hablar con usted.
Ella se inquietó.
—¿Pasó algo?
El médico sonrió.
—En realidad, tiene que prepararse para una noticia inesperada.
Giró el monitor.
Aurora miró la imagen.
—Estoy viendo cinco sacos gestacionales.
Ella no entendió.
—¿Cinco?
—Sí.
Se quedó completamente inmóvil.
—Eso significa…
—Usted espera cinco bebés.
El mundo pareció detenerse.
Cinco.
Aurora se llevó la mano a la boca y empezó a llorar. No sabía si debía reír o caer en la desesperación. Cinco hijos. Cinco vidas creciendo dentro de ella. Y ella, completamente sola.
El médico le explicó que sería un embarazo de alto riesgo y que necesitaría un seguimiento constante. Aurora lo escuchó todo con atención.
Al salir del consultorio se sentó en un banco de la acera. Tomó el celular. Por unos segundos pensó en llamar a sus padres, y luego desistió. Pensó en Lucas. Volvió a desistir. Ese hombre había elegido a Emilia. No iba a permitir que se enterara del embarazo. No iba a permitir que su familia convirtiera a sus hijos en un arma más en su contra.
Se secó las lágrimas.
—Solo me tienen a mí.
Se puso la mano sobre el vientre.
—Y yo los tengo a ustedes.
Meses después, Aurora llevaba una rutina difícil. Trabajaba cuando podía. Hacía dibujos de joyas de madrugada. Ahorraba cada centavo. Y aprendía a cuidar de cinco vidas al mismo tiempo.
Cuando supo que serían tres niños y dos niñas, empezó a elegir los nombres.
Miguel.
Davi.
Theo.
Valentina.
Livia.
Sonreía cada vez que pronunciaba esos nombres. Eran su esperanza.
Mientras tanto, en otra ciudad, João Pedro seguía tratando de descubrir quién era la mujer de aquella noche. Su investigador había conseguido algunos datos.
—Señor, encontramos el nombre.
João Pedro levantó la vista.
—Aurora.
Guardó silencio.
—¿Solo eso?
—Todavía no hemos podido localizar el apellido ni la dirección.
João Pedro apretó la mandíbula.
—Sigan buscando.
No sabía por qué esa mujer seguía en su mente. No recordaba su rostro. No recordaba con exactitud lo que había pasado. Pero recordaba la sensación. La voz. Y ese nombre.
Aurora.
Cinco años después, João Pedro estaría frente a una mujer. Una mujer con unos ojos que le detendrían el corazón. Y detrás de ella habría cinco niños. Cinco pequeños genios. Cinco niños con rasgos imposibles de ignorar.
Pero en aquel entonces João Pedro todavía no lo sabía. Aurora tampoco sabía que el destino estaba preparando el reencuentro. Y que, cuando llegara, ninguno de los dos podría escapar de la verdad.