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El Arrepentimiento Tardío

El Arrepentimiento Tardío

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido / Traiciones y engaños
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Con el alma rota y dos hijos que proteger, Catalina reconstruyó su vida desde cero… sin él.

Rubén lo dejó todo por una mentira. Pero cuando la ilusión se desvaneció, comprendió que lo que abandonó era lo único real. Regresa arrepentido, dispuesto a recuperar lo que perdió.

Sin embargo, Catalina ya no espera por nadie. Encontró la fuerza, la paz y la vida que él le negó.

¿Podrá su arrepentimiento borrar años de abandono? ¿O será demasiado tarde para volver a su lado?

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: Dos hijos y mil responsabilidades

Catalina

Ser madre de dos hijos era mucho más difícil de lo que había imaginado.

Gabriel apenas tenía unas semanas de nacido y parecía haber decidido que las noches eran para llorar.

Mateo, por su parte, necesitaba atención, ayuda con sus tareas, comida, juegos y respuestas para todas sus preguntas.

Y yo...

Yo apenas tenía tiempo para respirar.

Aquella mañana, Gabriel comenzó a llorar a las cinco de la madrugada.

Abrí los ojos agotada.

—Ya voy, mi amor.

Lo cargué y caminé lentamente por la habitación.

—Shhh... mamá está aquí.

Gabriel dejó de llorar durante unos segundos.

Después volvió a hacerlo.

Suspiré.

—¿Qué pasa contigo?

Lo acuné mientras miraba por la ventana.

El cielo todavía estaba oscuro.

No había dormido más de tres horas.

Sentía el cuerpo cansado.

Pero no podía detenerme.

A las seis, Mateo apareció en la puerta.

—Mamá.

—Buenos días, mi amor.

—Tengo hambre.

Miré a Gabriel.

Después a Mateo.

—Ya voy a preparar el desayuno.

—¿Me haces huevos?

—Sí.

—¿Y chocolate?

Sonreí.

—También.

Mientras preparaba el desayuno con Gabriel en brazos, pensé en mi antigua vida.

Antes Rubén podía ayudarme.

Podía cargar a Mateo.

Podía preparar la cena.

Podía quedarse con él mientras yo descansaba.

Ahora todo dependía de mí.

Y por momentos sentía que no iba a poder.

Pero entonces miraba a mis hijos.

Y encontraba fuerzas.

---

A las ocho de la mañana, la casa parecía haber sido golpeada por un huracán.

Juguetes por el suelo.

Ropa sobre el sofá.

Biberones en la cocina.

Platos sin lavar.

Mateo buscando sus zapatos.

Gabriel llorando.

Y yo intentando hacerlo todo al mismo tiempo.

—¡Mamá!

—¿Sí?

—No encuentro mi cuaderno.

—Está en tu habitación.

—No está.

—Busca debajo de la cama.

—¡Tampoco!

Respiré profundamente.

—Voy a ayudarte.

Caminé hacia su habitación mientras cargaba a Gabriel.

Encontré el cuaderno debajo de una almohada.

—Aquí está.

Mateo sonrió.

—Gracias.

Lo miré.

—Ahora ponte el uniforme.

—Sí.

Regresé a la habitación.

Gabriel seguía llorando.

Lo cambié.

Le di de comer.

Después preparé la mochila de Mateo.

Cuando finalmente pude sentarme, miré el reloj.

Había pasado toda la mañana.

Y todavía no había desayunado.

Me preparé un café.

Pero antes de dar el primer sorbo, Gabriel comenzó a llorar nuevamente.

Lo miré.

Después miré mi taza.

—Algún día me tomaré este café caliente.

Sonreí.

Y volví a levantarme.

---

Rubén

Desde que nació Gabriel, había comenzado a visitar a mis hijos con más frecuencia.

Pero cada vez que entraba en aquella casa, algo me incomodaba.

La veía diferente.

Catalina estaba cansada.

Muy cansada.

Una tarde llegué sin avisar.

Toqué la puerta.

Catalina abrió.

Tenía a Gabriel en brazos.

Su cabello estaba recogido de cualquier manera y llevaba ropa cómoda.

—¿Qué haces aquí?

—Quería ver a los niños.

Ella abrió la puerta.

Entré.

Mateo corrió hacia mí.

—¡Papá!

Lo abracé.

—Hola, campeón.

—Mira, hice un dibujo.

Me mostró una hoja.

Era un dibujo de cuatro personas.

Él.

Catalina.

Gabriel.

Y yo.

Me quedé mirando la imagen.

—Está muy bonito.

—Somos una familia.

Sentí un nudo en la garganta.

Catalina no dijo nada.

Ella se sentó en el sofá.

Gabriel comenzó a llorar.

Intentó calmarlo.

No podía.

—Dámelo —dije.

Catalina levantó la mirada.

—¿Qué?

—Déjame cargarlo.

Dudó.

Finalmente me entregó al bebé.

Lo sostuve torpemente.

—Hola, pequeño.

Gabriel dejó de llorar.

Me quedé sorprendido.

Catalina me observó.

—Parece que te reconoce.

Sonreí.

—Es mi hijo.

—También es tu responsabilidad.

La sonrisa desapareció de mi rostro.

—Lo sé.

Ella se levantó.

—A veces no parece.

No discutí.

Porque tenía razón.

---

Catalina

Aquella noche, después de que Rubén se fue, me quedé pensando en sus palabras.

“Es mi hijo.”

Sí.

Era su hijo.

Pero ser padre no consistía solamente en reconocerlo.

También significaba estar.

Ayudar.

Cumplir.

Compartir responsabilidades.

No podía permitir que mis hijos crecieran esperando visitas que dependieran del estado de ánimo de su padre.

Pero tampoco quería impedir que tuvieran una relación con él.

Era una situación complicada.

Mucho más complicada de lo que jamás había imaginado.

Me senté en la cama.

Gabriel dormía en su cuna.

Mateo estaba haciendo un dibujo en la mesa.

—Mamá.

—¿Sí?

—¿Papá va a venir mañana?

Lo miré.

—No lo sé.

—¿Puede quedarse a dormir?

Sentí una punzada.

—Todavía no.

Mateo bajó la mirada.

—Quiero que vuelva.

Me acerqué y lo abracé.

—Sé que lo quieres.

—¿Tú también lo quieres?

La pregunta me dejó sin palabras.

Antes habría respondido inmediatamente.

Ahora no.

—Alguna vez lo quise muchísimo.

Mateo me miró confundido.

—¿Y ahora?

Acaricié su cabello.

—Ahora estoy aprendiendo a quererme a mí misma.

No sabía si él había entendido.

Pero sonrió.

---

Rubén

Esa noche discutí con Valeria.

—No puedes seguir yendo todos los días a esa casa —dijo.

—Son mis hijos.

—Tienes una vida conmigo.

—Y ellos también forman parte de mi vida.

Valeria se cruzó de brazos.

—Desde que nació ese bebé, estás diferente.

No respondí.

Porque era verdad.

Gabriel había cambiado algo dentro de mí.

Y Mateo también.

Había comenzado a comprender que mi ausencia no solamente había lastimado a Catalina.

Había afectado a mis hijos.

—Necesito ayudarlos —dije.

Valeria soltó una risa amarga.

—¿Ahora?

La miré.

—Sí. Ahora.

—¿Y qué pasa con nosotros?

No respondí.

Porque por primera vez estaba empezando a preguntarme si aquella relación realmente tenía futuro.

---

Catalina

Las semanas siguientes fueron agotadoras.

Aprendí a hacer muchas cosas al mismo tiempo.

Dar de comer a Gabriel mientras ayudaba a Mateo con sus tareas.

Preparar la cena mientras lavaba biberones.

Dormir poco.

Trabajar desde casa cuando podía.

Organizar las cuentas.

Comprar pañales.

Pagar servicios.

Y ahorrar cada peso que lograba guardar.

Una noche abrí una libreta.

Comencé a escribir todos nuestros gastos.

Comida.

Pañales.

Medicinas.

Colegio.

Servicios.

Transporte.

Todo.

Al final de la hoja hice una suma.

Me quedé mirando el resultado.

No era suficiente.

Necesitaba encontrar una manera de ganar más dinero.

No podía depender de Rubén.

No quería.

Miré a mis hijos.

—Voy a conseguirlo —susurré.

No sabía cómo.

Pero lo haría.

---

Al día siguiente llamé a una antigua amiga.

—¿Carolina?

—¡Catalina! ¿Cómo estás?

—Necesito preguntarte algo.

—Claro.

Respiré profundamente.

—¿Sabes de algún trabajo que pueda hacer desde casa?

Hubo un breve silencio.

—Precisamente estaba pensando en ti.

—¿En serio?

—Sí. La empresa donde trabajo necesita a alguien para ayudar con unos documentos y atención a clientes desde casa.

Mi corazón comenzó a latir más rápido.

—¿Crees que podría hacerlo?

—Estoy segura.

—Pero tengo dos hijos.

—Puedes organizar tus horarios.

Miré a Gabriel.

Después a Mateo.

—Quiero intentarlo.

—Entonces mañana te envío la información.

Colgué.

Me quedé mirando el teléfono.

Por primera vez en mucho tiempo, sentí algo parecido a ilusión.

No sabía si conseguiría el trabajo.

No sabía si podría con todo.

Pero había tomado una decisión.

Ya no iba a esperar que alguien viniera a salvarme.

Yo iba a construir mi propio camino.

---

Rubén

Esa noche recibí un mensaje de Catalina.

Era breve.

“A partir de ahora no necesito que me ayudes económicamente. Encontré una manera de trabajar desde casa.”

Leí el mensaje varias veces.

No sabía qué sentir.

Una parte de mí estaba orgullosa.

Otra parte tenía miedo.

Porque comprendí que Catalina estaba aprendiendo a vivir sin mí.

Y cuanto más fuerte se volvía ella...

Más claro veía todo lo que había perdido.

Guardé el teléfono.

Miré hacia la ventana.

Por primera vez no me pregunté cómo recuperar a Catalina.

Me pregunté algo mucho más difícil.

¿Qué tendría que hacer para demostrarle que podía ser un buen padre?

Porque quizá algún día ella podría perdonarme.

Pero sabía que el perdón no se pediría con palabras.

Tendría que ganármelo con hechos.

Y esa sería la parte más difícil.

---

Catalina

Aquella noche acosté a mis dos hijos.

Mateo dormía profundamente.

Gabriel descansaba en su cuna.

Me quedé unos minutos observándolos.

Dos hijos.

Mil responsabilidades.

Cansancio.

Miedo.

Dudas.

Pero también amor.

Muchísimo amor.

Apagué la luz y cerré la puerta lentamente.

Mientras caminaba hacia mi habitación, sonreí.

Mi vida no era como la había imaginado.

Pero era mía.

Y por primera vez estaba dispuesta a luchar por ella.

Sin esperar a que Rubén regresara.

Sin pedirle amor.

Sin rogarle ayuda.

Solo yo.

Mis hijos.

Y un futuro que todavía estaba por escribirse.

1
Amada Britos
no gusta las autoras que te dejan esperando y ni siquiera sabes si podrás leer el final!
Tere Jimenez
muy interesante la novela nos dejas intrigados ojalá y nos regalen el final gracias
dulce neko
.
Betty Saavedra Alvarado
Si Cata lucho por sus hijos ella los está criando les está dando amor Rubén ahora quieres volver para que para después volver a engañar
Betty Saavedra Alvarado
Hay hombres y mujeres que cuando están con la cabeza caliente no piensan en las consecuencias ni en nadie solo en ellos Rubén estás dejando una mujer que te ama junto con tus hijos
Betty Saavedra Alvarado
Cata tu esposo es un mentiroso de primera te engaña te va a destrozar el corazón te va a pedir el divorcio te dejará sola con tus dos hijos
Eliana Angulo
un cambio rotundo a la historia.. veamos cómo se desarrolla
Jenny🌺🌺🌺
ya no entiendo nada...
🙊a hora cual será el misterio
indiecitajaque@hotmail.com
es muy bueno , pero que mal que tenga que pedir actualizar
indiecitajaque@hotmail.com
es muy bueno , pero que mal que tenga que pedir actualizar
Jenny🌺🌺🌺
pero el fue,la suegra no quiso que entrara.
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: la suegra no permitió que entrara. Por todo lo eldeño que le hizo a su hija, ella sentía rabia por dejar la el momento que ella más lo necesitaba.
total 1 replies
Eliana Angulo
No me quedaría rogando, me iría a construir un futuro mejor
Eliana Angulo
Cómo puede decir que ella estaría mejor sin él! 😡 No se da cuenta de todo lo que pierde: una familia, un hogar, alguien que lo amaba de verdad. Qué ceguera.
Eliana Angulo
Autora, No le rogaría...si se aleja justo cuando más lo necesito, entonces no es el lugar seguro que creí. Yo me quedo conmigo y con mi familia.
Eliana Angulo
No puedo creer lo que estoy leyendo😱 Él sabe que ella lo da todo y aun así duda… ¿Cómo puede pensar así? 💔 hombre al fin por más que uno haga por el hogar . no les es suficiente 😡
Eliana Angulo
Qué imagen tan tierna al principio… y duele ver cómo se va apagando todo se nota que algo no anda bien ... sigo leyendo para ver cómo se desarrolla
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