Kristen Whittaker y Dante Macade se conocen desde que tenían seis años. Se han odiado desde entonces. Un odio a primera vista que, con los años, solo se ha vuelto más divertido… y mucho más peligroso.
Porque Dante sabe exactamente qué decir para hacerla enfurecer, y Kristen sabe perfectamente cómo devolverle el golpe. Han crecido peleando, provocándose y jurando que jamás sentirían nada diferente el uno por el otro.
Hasta que una noche, algo entre ellos cambia.
Algo que ninguno de los dos esperaba. Algo que ambos creyeron que podían olvidar.
Pero no todo se olvida tan fácilmente.
Ahora Kristen tendrá que decidir si confía en Dante lo suficiente para descubrir qué significa realmente lo ocurrido entre ellos.
Porque quizá aquella noche no cambió solo su relación.
Quizá cambió todo.
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UN PRETENDIENTE DESAGRADABLE
KRISTEN WHITAKER
Después de la borrachera, quería morirme. El café no había servido de nada. Ni siquiera había conseguido despertarme del todo o hacer que el suelo dejara de moverse bajo mis pies.
Dante se sentó a mi lado cuando estuve a punto de caerme del sofá. Odiaba admitirlo, pero parecía divertirse todavía más al verme en semejante estado.
--Whitaker, deja de moverte-- me pidió
--El sofá se mueve
--Tu amigo, que pretendía emparejarnos, hizo bien en traerte. De lo contrario, te habrías partido el cuello tú sola y nuestros padres me habrían asesinado a mí
Se pasó una mano por el rostro, como si mi estado le estuviera agotando la paciencia.
A duras penas terminé mi café y me puse de pie, aunque tuve que hacer un esfuerzo para mantener el equilibrio. Mi siguiente objetivo era llegar al baño sin caerme en el camino.
Una vez allí, descubrí que tenía otro problema. La falda tenía varios botones y mis dedos parecían haberse olvidado de cómo funcionaban.
--¡DANTE!
Entró en el baño bostezando, con una expresión de absoluto cansancio.
--¿Qué pasa ahora?
--La falda tiene unos botones que no puedo desabrochar. ¡Y no me mires!
--Lo último que me interesa es ver tus bragas de abuela
Cerró los ojos y, con una paciencia que no sabía de dónde había sacado, me desabrochó la falda. Después salió del baño y me dejó sola.
Podía estar borracha, pero todavía conservaba algo de dignidad. Cuando terminé de quitarme la ropa, me envolví la cintura con una toalla antes de salir.
Fui hasta mi habitación, me puse un pantalón corto y me dejé caer sobre la cama. Poco después, Dante entró, me acomodó en el centro del colchón y se marchó sin decir una palabra. Supuse que también se había ido a dormir.
Desperté bastante tarde, cuando escuché voces en el departamento. Unos segundos después, la puerta de mi habitación se abrió.
--¡Manzanita! ¡Sobreviviste!
Frente a mí estaba Justin, con una sonrisa enorme.
--Y no cometí ningún asesinato ni protagonicé una pelea. Todo está bien
Me sentía frustrada y todavía tenía la cabeza a punto de estallar. Me levanté, abracé a mi amigo y después fui directamente al baño, donde me encerré para darme una ducha.
Mientras el agua caía sobre mí, empecé a recordar todo lo que había ocurrido en la fiesta. ¡Qué vergüenza! Había bebido demasiado y, para colmo, había besado a Justin.
Por suerte, no parecía molesto. Aun así, tenía que disculparme con él y explicarle lo que había sucedido.
Cuando terminé de ducharme, me vestí y salí de la habitación. Todavía estaba luchando para desenredar mis rizos.
Justin estaba sentado junto a Dante, tomando café y gesticulando exageradamente mientras le contaba algo. Mi compañero parecía bastante entretenido con la conversación.
Me tomé un analgésico, preparé un sándwich y me senté con ellos.
--Perdóname por el beso de anoche-- dije, sin darle demasiadas vueltas
Dante me miró con asombro. Después dirigió la mirada hacia Justin, que jamás había hecho el menor esfuerzo por ocultar su homosexualidad.
--Manzanita, sé que soy todo un papacito, pero ese beso fue terrible
Dante soltó una carcajada. Lo fulminé con la mirada, aunque no pude evitar sentirme un poco avergonzada.
--Voy a preparar palomitas. Quiero saber qué hizo mi detestable roommate borracha
--Disfrutas del drama ajeno. Eres una persona horrible
--Gracias, Whitaker
Volví a mirar a Justin, que parecía encantado de presenciar nuestra discusión.
--Creí que te gustaba Dani. Estaba babeando por ti y por tus movimientos
Mi amigo movió las cejas con picardía, recordándome algo que prefería olvidar.
--¿Sabes lo que me dijo ese inútil? No sé si sería buena idea contar todos los detalles
Probablemente hice una mueca de asco, porque Justin dejó de sonreír.
--No sé. No tengo ni idea. Solamente me besaste y me pediste que me quedara contigo
--Quiso besarme y, cuando lo rechacé, tomó mi vaso y me dijo que quería que fuéramos a una habitación
--¿Y qué tiene de malo? ¿No querías? ¡Es guapísimo!
--¿Sabes qué me dijo?
Justin negó con la cabeza. En ese momento, Dante regresó con las palomitas y las colocó en el centro de la mesa. Todavía tenía una sonrisa en el rostro, dispuesto a disfrutar de la historia.
--Quería que fuéramos a una habitación porque había soñado conmigo
--¡Si me decía eso, yo corría escaleras arriba y me quitaba la ropa!
Dante soltó una carcajada, pero yo no estaba precisamente de humor para bromear.
--Me dijo que había soñado conmigo arrodillada frente a él, con la boca abierta y él con los calzoncillos abajo. Quería que le cumpliera la maldita fantasía. ¡Jamás le di esperanzas de nada!
La sonrisa de Dante desapareció. Justin también dejó de reírse.
--Además, no entendía que yo no estaba dispuesta a hacerlo
--Me lo hubieras dicho y yo lo golpeaba. ¿Cuál era el problema? Si no quieres, tiene que respetarlo
La seriedad de Justin me hizo sentir un poco incómoda. No estaba acostumbrada a verlo enfadado, pero sabía que hablaba en serio.
--No quería provocar un drama. En fin, no pasó nada. Te besé para que dejara de insistir y después creo que se cansó
--Y ahí cometiste el error de ponerte a beber. Una estupidez, Whitaker-- intervino Dante, sin que nadie le hubiera pedido su opinión
--Tú cállate
--No. Porque, de no haber estado él, probablemente te habría llevado a una habitación. No estabas en condiciones de defenderte. Apenas podías mantenerte en pie
--Manzanita, tiene razón. Lo sabes
Me molestó que ambos estuvieran de acuerdo, pero no podía negar que tenían razón. Había bebido demasiado y, si Justin no hubiera estado conmigo, no sabía cómo habría terminado la noche.
--¿Qué puede tener de emocionante acostarse con alguien que no tiene ganas?-- pregunté, mirándolos a los dos
--Para mí, nada. Yo no lo haría, pero no todos piensan igual-- respondió Dante
--Yo tampoco lo haría, aunque me gustaran las mujeres. Y no es el caso-- añadió Justin
Lo miré con una sonrisa traviesa. Acababa de ocurrírseme algo.
--¡Qué injusticia que seas gay! Hubiera pasado la noche contigo con muchísimo gusto
Justin se quedó con la boca abierta. Dante también parecía sorprendido, aunque enseguida comenzó a sonreír.
No pude contener la risa al ver sus expresiones.
--¡Ay, Manzanita! ¡Eres terrible!-- exclamó Justin
Después se quedó pensativo, como si acabara de descubrir algo importante.
-+Tal vez tendría que llamarte Fresita
--¿Fresita?
--Sabías a fresa, aunque estuvieras bebiendo. En verdad, te llevaste tus dulces a la fiesta
Dante se atragantó con una palomita y comenzó a toser mientras yo miraba a Justin, indignada.
¡Genial! Ahora tenía un apodo nuevo.
----+----
El lunes llegué a la universidad con pocas ganas de estar allí. No quería encontrarme con Daniel, el imbécil que parecía tener una imaginación demasiado activa y que, por lo visto, no entendía el significado de un rechazo.
Lo evité durante toda la mañana. Fui directamente a clase y procuré no cruzarme con él. Incluso fingí estar hablando por teléfono cuando lo vi a lo lejos, solo para no tener que saludarlo.
¡Qué incómodo! Siempre había alguien mirando y yo no quería llamar la atención. Apenas estaba en primer año y lo único que deseaba era tener una vida universitaria tranquila.
Por suerte, el día llegó a su fin. Salí de la universidad y me dirigí hacia la salida, convencida de que había conseguido evitar a Daniel. Sin embargo, no tuve tanta suerte.
--Kristen...
Reconocí su voz de inmediato.
--Ni me hables
Intenté seguir caminando, pero se puso delante de mí, impidiéndome el paso.
--¿Quieres ir a mi habitación? Ahora ninguno de los dos ha bebido
Lo miré con incredulidad. ¿De verdad pensaba que después de lo ocurrido iba a aceptar una invitación suya?
--¿Contigo? No voy ni a la esquina
Lo empujé para apartarlo y seguir mi camino, pero me tomó del brazo.
--Ella dijo que no. ¿Necesitas que te lo explique mejor para que lo entiendas?
La voz de Dante me hizo girar la cabeza.
Estaba de pie junto a nosotros. Su expresión era seria, aunque no parecía especialmente enfadado. Por un momento, sentí alivio al verlo, pero enseguida volví a preocuparme por lo que pudiera pasar.
--No te metas. Ella se está haciendo la difícil, pero sabe que quiere-- respondió Daniel, sin soltarme
Dante sonrió. Fue una sonrisa breve, pero algo en su expresión me hizo pensar que Daniel acababa de cometer un grave error.
--Respuesta equivocada
Antes de que pudiera reaccionar, vi cómo el puño de Dante impactaba directamente en la mejilla de Daniel.
Me quedé paralizada. No esperaba que llegara a golpearlo, y mucho menos con tanta rapidez.
--No quiero pegarte. Vete-- le advirtió
Daniel, por supuesto, no hizo caso. En lugar de marcharse, intentó devolverle el golpe.
Dante volvió a derribarlo.
Lo más llamativo era que mi compañero no parecía furioso. Tenía el rostro serio y la mandíbula tensa, como si estuviera haciendo un enorme esfuerzo por mantener la calma.
--Ya me cansaste-- le dijo cuando Daniel volvió a levantarse
Lo sujetó de la camiseta y le dio tres puñetazos seguidos. Esta vez, Daniel pareció comprender que no iba a conseguir nada enfrentándose a él. Dejó de provocarlo y se quedó quieto.
Dante lo soltó y se volvió hacia mí.
--Vamos, Whitaker
Me dio un leve empujón en la espalda para que empezara a caminar. Yo todavía estaba tratando de asimilar lo que acababa de suceder.
Nos alejamos unos metros antes de que me atreviera a hablar.
--Perdón por eso. Yo no quería que...
--Ya lo sé
--Estás enfadado.
--No me gustan esas situaciones. Prefiero evitarlas y mantenerme tranquilo
Lo miré, intentando comprenderlo. Después de verlo golpear a Daniel, me costaba creer que realmente prefiriera evitar las peleas.
--¿De qué hablas?
Dante soltó un suspiro y se pasó una mano por el cabello.
--Me cuesta parar cuando me enfado
Aquello me sorprendió. No había notado que estuviera perdiendo el control, pero ahora que lo decía, recordé la forma en que había sujetado a Daniel y los golpes que le había dado.
--Cómprame un helado-- Abrí la boca, completamente desconcertada ante su petición
--¿Qué?
--No por esto, Whitaker. Por haber tenido que quitarte la falda
Me quedé mirándolo, sin saber si debía indignarme o echarme a reír.
¡Era increíble! Podía pasar de golpear a un idiota que no respetaba un rechazo a reclamarme un helado por haber tenido que ayudarme a desabrochar una falda.
Y lo peor era que, de alguna manera, aquello me parecía muy propio de Dante McCade.
Gracias autora por compartir tu talento con nosotros 🙏👏