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Amir El Guardián De Los Límites De Al-Jazair

Amir El Guardián De Los Límites De Al-Jazair

Status: En proceso
Genre:Poder equitativo / Pareja destinada
Popularitas:526
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

Amir era el tercer hijo de Elena y Zayn, hermano de Karim, Layla y Sara. Y aunque todos lo respetaban, lo admiraban y lo querían como al hombre más noble y leal que existía, él cargaba con una soledad que nadie más podía comprender. Había nacido para proteger. Desde niño, mientras Karim aprendía a sentarse en un trono y dictar leyes, mientras Layla aprendía a blandir la espada y desafiar al mundo, Amir aprendía a vigilar, a esperar, a estar alerta. Se había convertido en el Capitán General de la Guardia Real y el Guardián de los Límites, el hombre que conocía cada sendero, cada bosque, cada escondite y cada peligro en los tres reinos de Al-Jazair, Velarion y Zoraya.

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EL FUEGO SIN FIN.

La noche siguiente, la luna brillaba con una intensidad nunca vista, bañando el Bosque de los Ecos con una luz plateada que hacía que cada árbol, cada flor y cada rincón parecieran mágicos. Amir había llegado al claro mucho antes de la hora acordada, caminando con paso firme pero el corazón desbocado. Había pasado todo el día pensando en las palabras de Nalia: «Ya no hay reglas. Ya no hay esperas. La próxima vez te entregaré todo». Esas frases le habían quemado la mente y el cuerpo durante horas, manteniendo vivo el fuego que ella misma había encendido la noche anterior en el muro norte.

Llevaba puesta solo una túnica ligera de lino oscuro, abierta en el pecho y ceñida a la cintura, dejando ver su piel morena y sus músculos marcados, tensos por la espera y el deseo. Sus manos estaban inquietas, sus ojos ámbar brillaban con una luz hambrienta, y en su entrepierna, la dureza constante y dolorosa de su virilidad no había disminuido ni un segundo. Sabía que esta noche todo cambiaría. Sabía que por fin tendría a Nalia, que por fin romperían todas las barreras y se fundirían en uno solo, tal como habían estado destinados desde el principio de los tiempos.

Y entonces, ella apareció.

No caminó entre los árboles, ni salió de la oscuridad como otras veces. Simplemente, la luz se concentró en el centro del claro, se hizo más intensa, y de esa luz pura y brillante surgió Nalia, más hermosa, más etérea y más deseable que nunca. Esta vez no llevaba velos ni telas finas que insinuaran o cubrieran. Estaba completamente desnud°, envuelta solo en su propia piel luminosa y en el polvo mágico que flotaba a su alrededor como una aureola dorada y plateada.

Su cuerpo era una obra de arte perfecta: curvas suaves y marcadas\, pech*s altos y firmes con pez*nes oscuros y erect*s que pedían ser besados\, cintura fina que encajaba en las manos de Amir\, caderas anchas y redondas que prometían placer y vida\, y unas piernas largas y torneadas que se abrieron ligeramente al verlo\, invitándolo a acercarse. Su piel brillaba con un resplandor propio\, su cabello caía en cascada sobre sus hombros y su espalda\, mezclando oro y oscuridad\, y sus ojos verdes lo miraban con una mezcla de desafío\, amor y una hambre igual o mayor a la de él.

—Por fin, mi Guardián —dijo ella con su voz suave y profunda, que resonó en todo el cuerpo de Amir, llegando directo a su centro—. La espera terminó. Esta noche soy tuya. Completamente tuya. Sin juegos, sin reglas, sin límites. Tóm°me todo lo que quieras, todo lo que puedas. Porque yo también te t*maré a ti.

Amir no pudo hablar. Las palabras se le habían atascado en la garganta, ahogadas por la intensidad de lo que veía y sentía. Dio un paso hacia ella, luego otro, y otro más, hasta que estuvo tan cerca que pudo sentir el calor que irradiaba su cuerpo, tan cerca que pudo oler su aroma dulce y embriagador, tan cerca que pudo ver cada detalle, cada pequeña marca, cada curva de esa mujer que era su destino.

Alzó las manos, grandes y fuertes, y las posó sobre sus caderas desnud°s, sintiendo la suavidad infinita, el calor, la vida que había bajo su tacto. Nalia echó la cabeza hacia atrás y soltó un gemido largo y suave, arqueando la espalda y presionando su cuerpo contra el de él, ofreciéndose por completo.

—Te dese desde hace siglos, Amir —susurró ella, pasando sus manos por el pecho desnud de él, bajando por su abdomen, acariciando cada músculo, cada línea, sintiendo cómo el corazón de él golpeaba fuerte contra su palma—. He cruzado el tiempo solo para llegar hasta aquí, para ser tuy°, para que tú seas mi dueño. Y ahora... ahora que por fin te tengo... no pienso dejarte ir nunca.

Amir se inclinó y la besó. Fue un beso diferente a todos los anteriores. No fue un roce ligero, ni una caricia lenta. Fue un beso hambriento, desesperado, profundo y total. Amir tomó la cara de ella entre sus manos, la apretó contra sí y metió su lengua en su boca, buscando, explorando, devorando su sabor dulce y húmedo, fusionando su aire con el de ella, fundiendo sus almas en ese contacto. Nalia respondió con la misma ferocidad, enredando sus dedos en el cabello oscuro de él, tirando de él con fuerza, abriendo su boca para recibirlo, gemido contra gemido, respiración contra respiración.

Mientras se besaban\, las manos de Amir recorrían sin descanso el cuerpo desnud* de ella. Subieron por su espalda\, apretaron sus nalgas firmes y redondas\, la levantaron un poco para que ella envolviera sus piernas alrededor de su cintura\, y bajaron de nuevo para acariciar sus muslos\, su vientre\, sus pech*s. Amir apretó esas carnes suaves y redondas\, sintió cómo llenaban sus manos\, recorrió con los dedos la piel fina y caliente\, y bajó su boca desde la de ella hasta su cuello\, sus hombros\, su pech*.

Allí se detuvo. Rodeó con sus labios uno de esos pech*s perfectos, lo llenó de su boca, lo succionó con fuerza y lo recorrió con su lengua húmeda y caliente, haciendo que Nalia se retorciera entre sus brazos y soltara gritos ahogados de placer. Hizo lo mismo con el otro, alternando, mordisqueando suavemente, marcando su piel, dejando claro que todo eso era suyo, que nadie más lo tocaría jamás.

—Eres tan hermosa... tan perfecta... —murmuraba él contra su piel, con la voz rota y ronca—. Me vuelves loco, Nalia. Me haces perder la razón. No sabes cuánto he soñado con esto, con tenerte así, con sentirte así.

—Y yo contigo... —respondió ella, frotando su centro húmedo y palpitante contra la dureza inmensa que sentía a través de la túnica de él, buscando el contacto que ambos necesitaban—. Ahora quiero sentirte todo, Amir. Quiero que entres en mí. Quiero que nos convirtamos en uno solo. No me hagas esperar más.

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Michel Yandi
está muy buena la historia 👏
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