Una joven condenada como villana renace antes de su muerte y, al descubrir el legado oculto de las Espinas, deberá aliarse con el temido Duque Raven para enfrentar una antigua conspiración que amenaza al Imperio.
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Capítulo 11. El Primer Santuario
Partieron tres días después.
Aldric insistió en esperar.
Quería asegurarse de que no estuvieran siendo seguidos.
Quería observar los movimientos de la Orden.
Y, sobre todo, quería confirmar que el monasterio seguía siendo seguro.
Aunque en realidad ninguno de los tres creía que lo fuera.
El viaje hacia las montañas duró casi una semana.
A medida que avanzaban, los caminos se volvían más estrechos y peligrosos.
La vegetación desaparecía poco a poco.
Las aldeas se volvían escasas.
Y el silencio comenzaba a dominar el paisaje.
Era como si el propio mundo intentara ocultar aquel lugar.
—¿Estás seguro de que existe? —preguntó Liam por tercera vez ese día.
Aldric ni siquiera levantó la vista.
—Sí.
—¿Y por qué nadie habla de él?
—Porque quienes conocían su ubicación murieron hace mucho tiempo.
Aquella respuesta consiguió que Liam permaneciera callado durante varias horas.
Aria observó el camino frente a ellos.
No podía negar que sentía inquietud.
En su vida anterior había escuchado historias sobre monasterios abandonados, familias caídas y lugares malditos, pero siempre las había considerado cuentos antiguos.
Mentiras usadas para asustar niños.
Ahora sabía que muchas leyendas eran simplemente verdades que alguien había intentado enterrar.
El monasterio apareció al amanecer.
Emergía de la niebla como una enorme sombra de piedra.
Antiguo.
Imponente.
Abandonado.
Las murallas estaban cubiertas de enredaderas y varias torres se encontraban parcialmente derrumbadas.
Sin embargo, incluso en ruinas conservaba una extraña majestuosidad.
Aria sintió un estremecimiento.
No era miedo.
Era reconocimiento.
La misma sensación que había experimentado en el santuario oculto del bosque.
Como si algo la estuviera llamando.
Esperándola.
Atravesaron la entrada principal.
Las enormes puertas de madera habían desaparecido hacía siglos.
Solo quedaban los marcos de piedra.
Y símbolos.
Espinas.
Por todas partes.
Talladas en muros.
Grabadas en columnas.
Ocultas entre grietas y raíces.
Algunas eran tan pequeñas que solo podían verse al acercarse.
Otras dominaban paredes enteras, como si quienes construyeron aquel lugar hubieran querido dejar claro que el monasterio no pertenecía a una orden religiosa común.
Pertenecía a una familia.
A un legado.
A una advertencia.
—Esto pertenecía a los Espina Negra —murmuró Aria.
Aldric asintió.
—Mucho antes de que el Imperio existiera tal como lo conocemos.
Aquellas palabras provocaron nuevas preguntas.
Pero ninguna tuvo tiempo de formularlas.
El interior estaba sorprendentemente bien conservado.
Las capillas seguían en pie.
Los corredores permanecían intactos.
Y las paredes estaban cubiertas por inscripciones antiguas.
Algunas parecían oraciones.
Otras advertencias.
Liam pasó los dedos sobre una línea tallada en piedra.
—No puedo leer esto.
—Yo tampoco —dijo Aldric.
Aria se acercó.
Las letras eran extrañas.
No pertenecían al idioma imperial moderno.
Y, sin embargo, algo dentro de ella pareció reconocerlas.
No como palabras aprendidas.
Sino como un recuerdo muy profundo.
Una memoria heredada.
No pudo traducir toda la inscripción.
Solo una frase.
—“Que la sangre recuerde cuando el mundo olvide.”
Aldric la miró.
—¿Puedes leerlo?
Aria retiró lentamente la mano de la piedra.
—No lo sé.
Su propia respuesta no le pareció suficiente.
Y eso la inquietó.
Mientras exploraban la biblioteca derruida, Aria encontró algo interesante.
Una estatua.
Oculta bajo polvo y escombros.
Representaba a una mujer.
Elegante.
Orgullosa.
Y sobre la base de piedra aparecía un nombre.
Evelyne Espina Negra.
El nombre era desconocido.
Pero provocó una reacción inmediata en Aldric.
—No puede ser.
Aria levantó la vista.
—¿La conoces?
—Conozco la historia.
Fue la primera vez que Aldric habló abiertamente del pasado.
Según las leyendas conservadas por los Ravenhart, Evelyne había sido la última gran guardiana de los Espina Negra.
Una mujer que desapareció durante la guerra contra la organización que más tarde sería conocida como la Orden del Sol Escarlata.
Nunca encontraron su cuerpo.
Nunca descubrieron qué ocurrió.
Simplemente desapareció.
—Entonces ella conocía la verdad —dijo Aria.
—Mucho más que nosotros —respondió Aldric.
Aquella revelación volvió a despertar algo dentro de Aria.
Porque cada respuesta parecía conducir siempre al mismo lugar.
Los Espina Negra.
La Orden.
Y ahora Evelyne.
Horas después descubrieron algo aún más importante.
Detrás de la biblioteca existía una puerta sellada.
Oculta.
Invisible a simple vista.
Una puerta que no aparecía en ningún plano del monasterio.
Liam fue quien encontró el mecanismo.
—Aquí.
Estaba agachado junto a la base de una estantería derrumbada.
—Esta piedra está demasiado limpia.
Aria se inclinó.
La diferencia era mínima.
Casi imperceptible.
Pero Liam tenía razón.
La piedra no acumulaba el mismo polvo que las demás.
Aldric presionó el borde.
Nada ocurrió.
Liam frunció el ceño.
—No es presión.
Aria observó alrededor.
Luego notó una pequeña hendidura con forma de espina.
Sacó el diario de Elara.
La cubierta de cuero tenía un broche metálico con el mismo diseño.
Lo acercó.
El mecanismo respondió.
Cuando la puerta finalmente se abrió, una corriente de aire frío emergió desde las profundidades.
Todos permanecieron inmóviles.
Porque acababan de descubrir algo que nadie había visto en generaciones.
Una escalera descendía hacia las entrañas del monasterio.
Hacia la oscuridad.
Hacia algo que había permanecido oculto durante siglos.
Aldric fue el primero en comprenderlo.
—Este es el verdadero santuario.
El corazón de Aria comenzó a acelerarse.
Porque sabía que aquellas escaleras la acercaban más que nunca a la verdad.
Y también al peligro.
Sin embargo, lejos del monasterio, un jinete avanzaba a toda velocidad por los caminos del norte.
Llevaba un único mensaje.
Un mensaje destinado a la Orden del Sol Escarlata.
La heredera había encontrado el Primer Santuario.
Y esta vez, los enemigos no pensaban llegar tarde.
Más bien parece apodo como: Roberto Gómez Bolaños "Chespirito",
Javier López "Chabelo", Yolanda Montes "Tongolele", Roberto Cobos "Calambres", Germán Valdés "Tin Tan", Gaspar Henaine "Capulina", Manuel "Loco" Valdez, Jorge "Burro" Vanrranqui, etc.🤷♀️🙎♀️
Si apenas estás viviendo la segunda "según".🤨 "🤷♀️"
A no ser que ya tuvieras vivido otra antes de la de la higuera. Y entonces está sería la tercera y ya tendría sentido la frase de " sus dos vidas". 🧐