En un mundo donde los humanos conservan los rasgos e instintos de sus ancestros animales, Oleg es una rareza: un hermoso y tierno omega leopardo de las nieves que intenta pasar desapercibido en su último año de universidad. Cuando consigue una pasantía en el departamento de administración de una imponente empresa constructora, su pacífica burbuja se rompe al quedar bajo el mando de Wú Zhìyuān. Zhìyuān es una pantera negra dominante, serio, uraño y temido por todos. Mientras Oleg lucha por esconder sus orejas delatadoras cuando se avergüenza y amasa mantas en secreto para calmar sus nervios, el aroma a café amargo de su jefe empieza a convertirse en su único refugio contra los peligros de la gran ciudad. Una historia de instintos compartidos, secretos de oficina y un amor tan puro y silencioso como las cumbres más altas.
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Capítulo 11: Entre estantes y realidades compartidas
Capítulo 11: Entre estantes y realidades compartidas
Zhìyuān avanzó un paso, acomodando su canasta de compras en el antebrazo. Sus ojos dorados recorrieron el carrito de Oleg, notando la selección de cortes de carne importada de la más alta calidad, quesos artesanales curados y productos extranjeros que en el Distrito Norte costaban una pequeña fortuna. El alfa, que ya había revisado minuciosamente el currículum del muchacho al ingresar a su departamento, comenzó a atar cabos en silencio.
Oleg tenía los papeles de residencia permanente aprobados en un tiempo récord —algo casi imposible para un estudiante extranjero común—, vivía en uno de los complejos residenciales más exclusivos y costosos del Distrito Norte, y ahora llenaba su carrito con productos de alta gama sin siquiera mirar las etiquetas de los precios. Era evidente que detrás de la apariencia dulce, tímida y humilde del omeguita, había una familia con un estatus socioeconómico y una influencia sumamente poderosos en Mongolia.
Sin embargo, lo que más le llamaba la atención a la pantera negra era que Oleg jamás había presumido de ello en la oficina. Al contrario, trabajaba con una dedicación y una humildad admirables.
—Tu apartamento está en una zona bastante cotizada para un estudiante, Oleg —comentó Zhìyuān con su voz profunda, iniciando una caminata lenta por el pasillo.
Oleg caminó a su lado de forma automática, empujando el carrito. Sus orejas blancas y moteadas se ladearon con timidez y sus dedos amasaron sutilmente el plástico del asa.
—Ah... sí, señor Wú. Todo es gracias a mis padres —admitió el omeguita en un hilo de voz, sintiendo que sus mejillas se calentaban un poco—. Ellos insistieron en que viviera en un lugar seguro y con un buen sistema de climatización antes de que yo viajara desde Mongolia. También me ayudaron con los trámites de residencia para que pudiera estudiar con tranquilidad.
—Es una buena inversión. El Distrito Norte puede ser implacable si no tienes un buen refugio —asintió Zhìyuān, deteniéndose frente al estante de los tés gourmet—. ¿Y por qué elegiste este país? Con las calificaciones que vi en tu expediente, habrías entrado en cualquier facultad de tu tierra natal.
Oleg detuvo su carrito y abrazó su pesada cola contra su pecho, hundiendo un poco el rostro en el espeso pelaje gris antes de responder. Sus orejas dieron un pequeño y nostálgico giro.
—Quería aprender cómo se manejan las grandes corporaciones internacionales. Mi país es hermoso y amo a mi familia, pero sentía que necesitaba expandir mis horizontes. Además... siempre quise trabajar en un lugar donde pudiera aplicar la administración en proyectos grandes, como la infraestructura. Por eso decidí quedarme a hacer la pasantía aquí. Me gustaría establecerme en esta ciudad si todo sale bien.
Zhìyuān lo escuchó con atención. La determinación estoica del leopardo de las nieves volvía a brillar en los ojos claros de Oleg, un contraste fascinante con su habitual timidez.
—¿Y cómo llevas la carga horaria entre la constructora y las clases? El último año de administración suele ser un nido de cuervos —preguntó el alfa, tomando una lata de té negro sin dejar de mirarlo.
Al tocar el tema de la universidad, las orejas de Oleg se irguieron por completo, agitándose con evidente alivio. Un tierno prusten —un sutil bufido de felicidad— escapó de sus labios, mostrando sus pequeños colmillos superiores en una sonrisa genuina.
—¡Ah! De hecho, de eso ya no debo preocuparme tanto, señor Wú. En nuestra facultad, a los estudiantes que logramos asegurar una pasantía formal en una empresa nos dan un permiso especial. Estamos libres de asistir a clases durante estas últimas semanas directas a la graduación. Solo debemos presentar los reportes de la empresa y el proyecto final.
—Ya veo —comentó la pantera, guardando la lata en su canasta—. Así que solo los estudiantes que aún no encuentran plaza siguen asistiendo al campus.
—Sí —asintió Oleg, relajando el agarre de su cola—. Mis amigos Mei y Jun todavía van porque sus prácticas son de medio tiempo, pero yo ya estoy cien por ciento enfocado en el departamento financiero. Solo me faltan unas pocas semanas para la ceremonia de graduación y ser oficialmente un administrador.
Zhìyuān contempló el rostro iluminado del omega. Había algo profundamente magnético en la forma en que Oleg se tomaba su futuro en serio, sin recostarse en los privilegios económicos que evidentemente poseía. El alfa dominante dio media vuelta, reanudando el paso hacia las cajas de cobro.
—Entonces, asumo que tendré toda tu atención y energía en la oficina a partir del lunes, pasante Oleg —dijo Zhìyuān. Aunque su tono recuperó ese matiz huraño y estricto de la oficina, sus orejas de pantera se movieron con una sutil vibra de satisfacción.
—¡Por supuesto, señor Wú! No lo defraudaré —prometió Oleg de inmediato. Sus orejas se agitaron felices y un ronroneo sumamente bajo y dulce comenzó a vibrar en su pecho mientras lo seguía, sintiendo que el peso de los números y los balances de la próxima semana ya no le daban tanto miedo si su exigente jefe caminaba a su lado.