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Él Villano Que Organizaba Demasiado Bien

Él Villano Que Organizaba Demasiado Bien

Status: Terminada
Genre:Acción / Comedia / Fantasía épica / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Selene Asteria

Comedia fantástica, romance improbable y un dragón con problemas de aterrizaje

NovelToon tiene autorización de Selene Asteria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4. Una Capa No Es un Disfraz

El viaje a la capital comenzó con una discusión.

Para sorpresa de nadie, la discusión era sobre una capa.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—Damián.

—Celeste.

—No puedes usar eso.

Damián observó su propio atuendo con indignación.

La capa negra ondeaba dramáticamente a pesar de que no había viento.

Especialmente porque no había viento.

Era una característica mágica cuidadosamente diseñada.

—¿Qué tiene de malo?

—Todo.

—Es elegante.

—Es sospechosa.

—Es imponente.

—Es ridícula.

—Eso ha sido personal.

Basilio revisaba una lista de provisiones mientras contemplaba la escena.

—Lady Valoria tiene razón.

—¡Traidor!

—Mi trabajo exige honestidad.

—Tu trabajo exige apoyo emocional.

—Ese departamento lo cubre Fulgor.

Desde el patio llegó un rugido de aprobación.

—¿Ves? —dijo Basilio.

—No veo nada positivo.

Celeste tomó uno de los cuernos ornamentales que Damián intentaba añadir a su disfraz.

—Tampoco usarás esto.

—Son discretos.

—Miden veinte centímetros.

—Pequeños para estándares villanescos.

—No.

—Y hacen juego con la capa.

—Precisamente por eso.

Basilio apareció con una caja de ropa.

—He preparado alternativas.

Damián sospechó inmediatamente.

Tenía experiencia suficiente para reconocer una conspiración cuando la veía.

Y aquella caja tenía aspecto conspirativo.

—¿Qué hay ahí?

—Soluciones.

—Eso suena horrible.

Basilio abrió la caja.

Dentro había un traje azul oscuro perfectamente normal.

Nada brillaba.

Nada producía humo.

Nada tenía pinchos.

Damián se quedó horrorizado.

—¿Qué es eso?

—Ropa.

—No parece ropa.

—Porque está diseñada para personas que no desean ser reconocidas a tres kilómetros de distancia.

Celeste asintió.

—Perfecto.

—No es perfecto.

—Lo es.

—Parezco respetable.

—Ese es el objetivo.

—Soy un villano.

—Eres una persona intentando pasar desapercibida.

—Son conceptos incompatibles.

Al final perdió la discusión.

Principalmente porque estaba solo contra dos personas razonables.

Una situación que, según él, constituía una desventaja injusta.

Media hora después abandonaron el castillo.

El carruaje negro avanzaba por los caminos de Aurelia mientras el bosque se extendía a ambos lados.

El primer problema apareció apenas diez minutos después.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

Celeste cerró los ojos.

—¿Por qué siempre empiezan así las conversaciones?

—Porque estoy intentando razonar con ustedes.

El nuevo tema era Fulgor.

Más específicamente, Fulgor intentando subir al carruaje.

—No cabe.

—Puede intentarlo.

—Ya lo intentó.

Como para demostrar el punto, un fuerte crujido resonó detrás de ellos.

Fulgor había apoyado ambas patas delanteras sobre el techo.

El carruaje gimió de dolor.

Luego una rueda se rompió.

Después otra.

Finalmente la estructura completa se inclinó hacia un lado.

Silencio.

—Bueno —dijo Damián.

—Bueno —repitió Basilio.

—Bueno —añadió Celeste.

El dragón pareció satisfecho.

—Acabas de destruir nuestro transporte.

Fulgor inclinó la cabeza.

—No puedes poner esa cara.

Más inclinación.

—No funciona.

Celeste observó la escena.

—Está funcionando un poco.

—No ayudes.

Finalmente tuvieron que conseguir otro carruaje en una aldea cercana.

El herrero local tardó diez segundos en reconocer a Damián.

Y cinco segundos más en pedir ayuda para reparar un puente.

Lo inesperado fue que Damián aceptó inmediatamente.

—¿Cuánto tiempo lleva roto?

—Tres meses.

—¿El Consejo fue informado?

—Seis veces.

—Claro que sí.

Celeste contempló cómo el supuesto villano organizaba una cuadrilla de reparación improvisada.

Aquello era cada vez más extraño.

Horas después llegaron al Bosque de Virelia.

Los árboles eran tan altos que convertían el camino en un túnel de sombras verdes.

Había algo inquietante en aquel lugar.

Incluso Fulgor caminaba más despacio.

—No me gusta este bosque —dijo Basilio.

—A mí tampoco —admitió Celeste.

—Eso suele ser mala señal.

—Siempre es mala señal.

Damián observó a su alrededor.

El bosque estaba demasiado silencioso.

Ni pájaros.

Ni insectos.

Ni ruido.

Solo viento.

Y entonces aparecieron los bandidos.

Salieron de entre los árboles con espadas, arcos y expresiones decididas.

Al menos veinte.

Uno de ellos señaló el carruaje.

—¡Nadie se mueva!

Damián suspiró.

—Esperaba algo peor.

—¿Perdón? —preguntó el líder.

—No es por ofender, pero cuando un bosque se pone tan inquietante suelo esperar maldiciones ancestrales.

Los bandidos intercambiaron miradas.

Parecían confundidos.

—Vamos a robarles.

—Sí, ya entendí.

—Entréguennos todo.

—Esa parte también.

—¿Por qué no parecen asustados?

—Porque eres el cuarto intento de asesinato esta temporada —respondió Basilio.

El líder frunció el ceño.

Luego observó con atención.

Y se quedó inmóvil.

—Espera.

—¿Qué?

—Tú eres Lord Umbra.

—Quizá.

—Y ella es Lady Valoria.

—Definitivamente.

El silencio se volvió incómodo.

—Esto complica mucho nuestro plan.

—¿Cuál era tu plan? —preguntó Celeste.

—Robar un carruaje.

—Entiendo.

—Ahora estamos intentando decidir si eso sigue siendo buena idea.

Fulgor apareció detrás de ellos.

Todos los bandidos giraron lentamente.

El dragón saludó con un pequeño rugido.

Tres hombres soltaron sus armas.

Uno empezó a rezar.

—Creo que ya no quieren seguir robándonos —comentó Basilio.

Y así, contra toda lógica, el asalto terminó convertido en una conversación.

Los bandidos explicaron por qué estaban allí.

Rutas cerradas.

Impuestos imposibles.

Aldeas abandonadas.

Hambre.

Celeste escuchó con atención.

Damián también.

Aunque fingió estar interesado únicamente en los mapas.

Uno de los jóvenes bandidos habló de su hermana enferma.

Otro mencionó que los suministros nunca llegaban.

Un tercero explicó que los soldados reales evitaban deliberadamente aquella zona.

Aquello llamó inmediatamente la atención de Damián.

—¿Los soldados no pasan por aquí?

—Ya no.

—¿Desde cuándo?

—Meses.

Damián y Celeste intercambiaron una mirada.

Algo encajaba.

Algo relacionado con los documentos encontrados por Fulgor.

Entonces una muchacha entregó un paquete robado a unos mensajeros reales.

—Esto les pertenece.

Dentro había cartas.

Muchas cartas.

Damián empezó a examinarlas.

Celeste leyó por encima de su hombro.

Y ambos encontraron la misma frase.

Una y otra vez.

"El baile será el punto de inicio."

El silencio regresó.

—¿Otra vez el baile? —preguntó Celeste.

—Otra vez.

Damián guardó los documentos.

Ya no era una coincidencia.

Era una advertencia.

Mientras el sol comenzaba a ocultarse tras los árboles, alguien muy lejos de allí recibió una noticia.

Lord Umbra seguía vivo.

Lady Valoria seguía viva.

Y ambos viajaban hacia la capital.

La respuesta llegó de inmediato.

Una única orden.

Adelantar el Baile de la Luna Dorada.

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