Kenji solo quería una vida tranquila, pero reencarnó como el profesor más temido del mundo... sin saber que también es el más fuerte.
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La invitación del rey
El enorme comedor quedó completamente en silencio después de que Kenji terminara de leer la invitación.
Los dos caballeros reales permanecían inclinados, sin atreverse siquiera a levantar la vista.
El mayordomo y las sirvientas esperaban la respuesta de su señor con absoluta calma, aunque por dentro todos compartían la misma preocupación.
Si Kenji rechazaba la invitación, el reino entero podría interpretar aquel gesto como una declaración de guerra.
Mientras tanto, el único pensamiento del profesor era completamente diferente.
«Nunca he asistido a un banquete real... ¿Y si uso el tenedor equivocado? ¿Y si saludo mal al rey? ¿Y si termino haciendo el ridículo delante de todo el palacio?».
Cuanto más lo pensaba, más nervioso se sentía. Sin darse cuenta comenzó a respirar profundamente para tranquilizarse y, en el mismo instante, todas las lámparas mágicas de la mansión brillaron con una intensidad deslumbrante.
Los dos caballeros sintieron que las piernas les temblaban y estuvieron a punto de caer de rodillas.
Kenji levantó lentamente la cabeza y sonrió con cierta incomodidad. —Aceptaré la invitación.
Después de todo, sería muy descortés rechazar la amabilidad de Su Majestad. Solo espero no causar problemas durante la visita.
Los dos caballeros permanecieron inmóviles durante varios segundos antes de reaccionar.
El mayor de ellos casi dejó caer el pergamino del alivio. «¡Aceptó! ¡El reino sigue existiendo!», gritó por dentro mientras hacía una reverencia aún más profunda.
Su compañero tenía los ojos húmedos. Habían pasado todo el camino imaginando los peores escenarios posibles y ahora regresaban con la mejor noticia que podían llevar al palacio.
El mayordomo dio un elegante paso al frente.
—Señor, prepararemos todo para su viaje.
¿Desea llevar la carroza imperial, el carruaje negro o los grifos reales que permanecen en nuestros establos? Kenji abrió mucho los ojos. —¿Tenemos... todo eso?
El mayordomo interpretó aquella sorpresa como una pregunta sobre cuál era la opción más apropiada para alguien de su categoría.
—Por supuesto, aunque si ninguna de esas opciones es digna de usted, puedo comunicarme con los dragones celestiales.
Las sirvientas asintieron con absoluta naturalidad. Kenji sintió que la cabeza comenzaba a dolerle.
«¿Dragones? No, no, un carruaje normal está bien. No quiero llamar la atención».
El mayordomo inclinó la cabeza con respeto. «Nuestro señor continúa ocultando su verdadera grandeza...», pensó con admiración.
Los dos caballeros intercambiaron una mirada de auténtico pánico.
Habían escuchado perfectamente aquella conversación. Uno tragó saliva con dificultad y susurró apenas moviendo los labios. —¿Escuchaste...?
El otro respondió sin apartar la vista del suelo. —Para él... los dragones son simplemente un medio de transporte... No volvieron a pronunciar una sola palabra.
Estaban convencidos de que habían descubierto un secreto que jamás debía salir de aquella mansión.
Muy lejos de allí, en el Palacio Real, el rey caminaba de un lado a otro dentro de la sala del trono. A su alrededor se encontraban la reina, el príncipe heredero, la princesa, varios ministros, los capitanes de los caballeros y los magos de la corte.
Ninguno parecía tranquilo. Sobre una enorme mesa descansaban decenas de informes llegados durante el día. Todos hablaban del mismo hombre: el profesor Kenji.
Un informe aseguraba que había sometido al Aula Cero sin levantar la voz.
Otro afirmaba que el Dragón Emperador había huido del continente después de sentir una presencia aterradora proveniente de la academia.
Un tercero decía que incluso el guardián espiritual dormía sobre sus piernas como un gato doméstico. El rey dejó escapar un largo suspiro.
—¿Creen que aceptará la invitación?
Nadie respondió inmediatamente.
Finalmente, el capitán de los Caballeros Reales habló con expresión seria.
—Su Majestad... si el profesor decide venir al palacio, deberíamos considerarlo el mayor honor que nuestro reino ha recibido en siglos.
La reina asintió lentamente.
—También debemos asegurarnos de que se sienta cómodo. No quiero que piense que somos malos anfitriones.
La princesa levantó una mano con curiosidad.
—Padre... ¿de verdad es tan fuerte?
Toda la sala quedó en silencio.
El anciano mago de la corte cerró lentamente el informe que tenía entre las manos.
—Princesa... si solo la mitad de estos reportes son ciertos... entonces estamos hablando de alguien cuya existencia supera incluso las leyendas.
En ese mismo instante, las enormes puertas del salón se abrieron de golpe. Los dos caballeros enviados a la mansión entraron corriendo y se arrodillaron frente al trono.
—¡Su Majestad!
El rey dio un paso hacia ellos.
—¿Qué ocurrió?
Los dos respiraban con dificultad por la emoción.
—¡El profesor Kenji aceptó la invitación!
Toda la sala soltó el aire al mismo tiempo.
Algunos ministros incluso se dejaron caer sobre las sillas del alivio.
El rey cerró los ojos unos segundos antes de sonreír.
—Magnífico... entonces prepararemos el banquete más grande que este reino haya visto jamás.
Ninguno de ellos imaginaba que, mientras el palacio entero comenzaba a organizar una recepción histórica para el hombre más poderoso del mundo, Kenji seguía sentado en el comedor de su mansión pensando únicamente en una cosa.
«Ojalá no tenga que memorizar demasiadas reglas de etiqueta... porque soy terrible para esas cosas.»
Continuará...