Un hombre común de la Tierra muere atropellado y reencarna en la prehistoria, en el salvaje mundo de Pristokia. Pero no despierta indefenso: viene acompañado por el "Sistema del Árbol Sagrado Primordial", el cual fusiona en su cuerpo el poder divino absoluto de Kaguya, Hagoromo y Hamura Otsutsuki. Con el control total del espacio, el tiempo y la energía universal, su primera misión será detener el meteorito que amenaza con extinguir a los dinosaurios. En lugar de destruirlos, decidirá esparcir el chakra en el planeta y cultivar a las bestias prehistóricas como sus plantas de energía. Cada criatura que muera le devolverá un poder inimaginable. Su objetivo final: devorar la energía de estrellas y galaxias, fusionar el universo en un solo mega-mundo y fundar el clan Otsutsuki definitivo. ¡Nadie podrá detener al ancestro supremo!
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Capítulo 11: La Arrogancia de Acero y el Puño del Clan Uchiha
En el Continente del Fuego, las alarmas rúnicas del Clan Uchiha resonaron con un eco metálico. Una pequeña nave de reconocimiento de la Federación de Metatrón había descendido violentamente, quebrando la cima de una montaña sagrada. De la escotilla salió el Comisario Vane, un ciborg de alto rango cubierto de placas de titanio oscuro y con un cañón de antimateria injertado en su brazo derecho. Su visor escaneó el entorno con profundo desdén mientras un grupo de guerreros Uchiha de Rango Kage lo rodeaba con las espadas desenvainadas.
— Criaturas biológicas inferiores —habló Vane, su voz saliendo por un altavoz distorsionado—. Su planeta ha sido seleccionado para la extracción total de energía por la Federación. Entreguen sus núcleos espirituales ahora y sus muertes serán rápidas. Resistirse a la tecnología de Metatrón es ilógico.
Los jóvenes guerreros Uchiha apretaron los dientes, pero antes de que pudieran avanzar, una presión ardiente barrió el campo de batalla. Las rocas comenzaron a derretirse bajo sus pies. Desde el cielo, descendió una silueta imponente envuelta en una túnica negra con bordes de fuego: el Patriarca Jūshiro Uchiha, el líder supremo del clan, cuyo cultivo se encontraba en el temible Rango Medio Paso Rey Dios.
Jūshiro miró al alienígena con sus ojos Sharingan de tres tomoes girando lentamente, reflejando una frialdad absoluta.
— ¿Chatarra del espacio exterior dictando leyes en la tierra del Ancestro Supremo? —Jūshiro soltó una carcajada ronca, llena de arrogancia—. Tu tecnología solo sirve para ocultar la debilidad de tu carne. En este mundo, el chakra y la sangre lo gobiernan todo. ¡Muéstrame si tus juguetes de metal pueden resistir el fuego de mis ancestros!
— Análisis: Amenaza biológica alta. Ejecutando exterminio —respondió el ciborg con frialdad mecánica.
[¡BOOM!]
El cañón del brazo de Vane brilló con una luz cegadora y disparó una ráfaga de antimateria que desintegró el aire a su paso. Sin embargo, Jūshiro ni siquiera parpadeó. Utilizando un fragmento del linaje de espacio-tiempo que intentaba purificar, su cuerpo se volvió intangible por una fracción de segundo, dejando que el ataque pasara de largo y borrara una cordillera entera detrás de él.
Antes de que el procesador del ciborg pudiera calcular la trayectoria, Jūshiro ya estaba frente a él. La velocidad del Patriarca desafiaba las leyes de la física.
— ¡Demasiado lento, pedazo de chatarra! —rugió Jūshiro.
[¡PUM!]
El puño de Jūshiro, imbuido en un chakra de fuego denso como el sol, impactó directamente en el pecho blindado de Vane. El metal de Metatrón, supuestamente indestructible, se abolló y comenzó a derretirse instantáneamente bajo la presión del golpe. El ciborg salió despedido hacia atrás, rompiendo tres montañas a su paso antes de estrellarse contra el suelo desértico.
Vane intentó ponerse de pie, con los circuitos internos soltando chispas y el aceite hidráulico hirviendo, pero la bota de Jūshiro se plantó firmemente sobre su cabeza de metal, aplastándolo contra el suelo.
— Vuelve con tus comandantes en el espacio —sentenció Jūshiro, mirando al ciborg herido con desprecio absoluto—. Diles que los clanes humanos y las bestias divinas de este Megamundo no son presas. Somos los depredadores de las estrellas. Si quieren nuestro chakra, tendrán que bajar y morir en el intento.
Con un movimiento descuidado de su pie, Jūshiro canalizó un rastro del fuego divino de Amaterasu, incinerando los sistemas del ciborg y dejando solo un montón de cenizas metálicas. La guerra ya no era una estrategia abstracta; la sangre y el acero se habían cruzado en la superficie.