Jack Matías siempre creyó ser un chico normal… excepto por los extraños poderes que habitan en su interior. Pero cuando descubre la existencia de un mundo mágico oculto y una mitología completamente distinta a la contada por la humanidad, su vida cambia para siempre.
Guiado por antiguas divinidades y perseguido por fuerzas desconocidas, Jack emprenderá un viaje donde descubrirá su verdadero origen, el poder de la naturaleza y el destino que une a dos mundos.
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Elemento tierra (segunda parte)
Jack no lo podía creer.
Su jardín estaba cubierto de hermosas flores y un césped tan abundante que le llegaba hasta las rodillas.
—No es posible… ¡¿Qué demonios?!
Es… es hermoso…
En lugar de asustarse, el joven Jack estaba tan emocionado y feliz que apenas podía contener su alegría.
—Son tantas flores… tan hermosas… y el césped creció muchísimo después de que lo arreglé… pero no importa, mira esas flores…
Jack observó maravillado los colores que cubrían el jardín.
Pequeños pétalos danzaban con el viento mientras la luz del amanecer iluminaba aquella escena casi mágica.
—¡Esto es fascinante!
Tengo que intentarlo de nuevo.
Jack se concentró y estiró sus manos hacia el abundante césped.
—¡Crece!
gritó con emoción.
Sin embargo, no ocurrió nada.
—Umm… veamos… tengo que estar feliz.
Cuando hice esto, mi corazón estaba lleno de alegría… mis sentimientos deben estar relacionados con mis poderes.
Jack bajó lentamente las manos mientras intentaba entender lo que ocurría.
—Pensé que lo único extraño en mí era la capacidad de controlar el agua… claro, aparte de mis orejas raras… pero al parecer también puedo hacer crecer las plantas.
Miró nuevamente las flores.
—Solo que no sé exactamente cómo fue que lo hice…
Bueno… vamos a intentarlo otra vez.
Jack volvió a concentrarse.
Estiró sus brazos apuntando al suelo e imaginó algo que lo hacía verdaderamente feliz.
Tobías.
—Vamos… concéntrate…
Tengo que pensar en Tobías… en cómo su sola presencia me hace feliz… en cómo su mirada me pone tan nervioso…
Una tenue luz verdosa comenzó a surgir desde el interior de Jack, expandiéndose lentamente por todo su cuerpo.
—¡Está funcionando!
exclamó emocionado.
—No te desconcentres, Jack…
Recuerda aquella vez que te llevó a enfermería… cómo te cuidó… cómo se preocupó por ti…
La energía verdosa se intensificó.
—Y aquella vez que te abrazó por tu cumpleaños…
Su olor a lavanda mezclado con roble…
Su hermosa sonrisa…
La luz que emanaba desde el pecho de Jack explotó con fuerza, cubriendo por completo el jardín.
Las flores comenzaron a moverse violentamente.
Las raíces se extendieron bajo la tierra como serpientes vivas.
—¡LEVÁNTATE, TIERRA!
El suelo vibró brutalmente.
Entonces, una enorme placa de tierra emergió desde el jardín con un estruendo ensordecedor.
El hermoso resplandor verde se esfumó casi de inmediato.
Jack observó maravillado la enorme placa de tierra frente a él y sonrió con orgullo por lo que acababa de hacer.
No era demasiado grande, pero definitivamente sería algo que llamaría la atención de su madre cuando lo viera.
—¡Increíble!... esto es genial.
Mi sospecha era cierta… si puedo hacer crecer las flores y el césped… entonces la tierra también me responde.
Jack dio unos pasos alrededor de la placa, observándola con fascinación.
—Aunque… ahora que lo pienso… ¿qué voy a hacer con esto?
Espero que los vecinos no hayan escuchado el ruido…
De pronto, una punzada atravesó su cabeza.
—Oh no… mi cabeza…
Jack llevó una mano a su frente mientras su respiración comenzaba a agitarse.
El agotamiento apareció de golpe.
Sus piernas se debilitaron.
La energía de su cuerpo parecía haberse drenado por completo.
Su visión empezó a nublarse lentamente.
—¿Qué… me está pasando…?
Las flores y el jardín comenzaron a verse borrosos frente a sus ojos.
Intentó mantenerse de pie, pero ya no tenía fuerzas.
Y segundos después, cayó inconsciente sobre el césped.
El jardín quedó en completo silencio.
Solo el viento movía lentamente las flores que él mismo había hecho crecer.
Los minutos pasaron… y Jack no despertaba.
Su celular comenzó a sonar repetidas veces.
Eran mensajes de su madre; nada importante, solo cosas cotidianas que Jack normalmente habría respondido casi de inmediato.
Diez minutos pasaron.
Luego veinte.
Treinta.
Y Jack seguía sin levantarse.
Su madre no le prestó demasiada atención al principio.
Simplemente creyó que su hijo estaba ocupado o descansando después de clases.
El jardín permanecía en silencio.
Entonces, un ave descendió en picada desde el cielo y aterrizó justo sobre el pecho de Jack.
Inclinó la cabeza con curiosidad y comenzó a picotear suavemente su rostro, como si intentara despertarlo.
Minutos después, otras aves comenzaron a llegar.
Pequeños gorriones, colibríes, mirlas e incluso algunas aves de colores más exóticos rodearon lentamente al muchacho inconsciente en medio del jardín.
Algunas se posaron cerca de las flores.
Otras permanecieron observándolo en silencio.
Como si estuvieran cuidándolo.
Después de una hora, Jack finalmente abrió los ojos.
Su respiración era agitada y desordenada.
—¿Qué me… pasó…?
Llevó una mano a su cabeza mientras intentaba incorporarse.
—Mi cabeza… duele…
Las aves seguían allí, observándolo atentamente.
—No recuerdo que esto me haya pasado cuando descubrí mi don con el agua…
Jack miró a su alrededor confundido.
Había aves de distintos tamaños, especies y colores rodeándolo por completo.
Sus ojos se abrieron con asombro.
—Wow…
¿Qué hacen aquí, hermosas?
Por un instante, todo quedó en silencio.
Y entonces, como si algo invisible las hubiera asustado repentinamente, todas las aves levantaron vuelo al mismo tiempo.
El sonido de cientos de alas llenó el jardín.
Jack observó el cielo confundido mientras las aves desaparecían entre las nubes.
El viento sopló suavemente entre las flores.
Y por primera vez, una extraña sensación recorrió el pecho de Jack.
Como si la propia naturaleza hubiera respondido a su llamado.