Casarse no estaba en los planes de Renata.
Y menos si habían cambiado a el que sería su esposo.
Ahora comparte casa con un hombre que poco a poco está dejando de sentirse como un completo desconocido...
Espero les guste.. cualquier opinión se los agradecería. 🤍
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Capítulo 11
La cocina terminó hecha un desastre.
Pero, sorprendentemente, ninguno de los dos parecía demasiado molesto por eso.
Renata estaba apoyada contra el mesón mientras intentaba salvar lo que quedaba de la cena.
Gael seguía frente a la estufa observando la sartén como si lo hubiera traicionado personalmente.
—Renata dijo: —Nunca pensé verte peleando con una receta.
—Gael respondió: —Nunca pensé que cocinar fuera tan complicado.
Renata soltó una pequeña risa.
—Renata dijo: —Eso explica muchas cosas.
Gael giró apenas la cabeza hacia ella.
—Gael preguntó: —¿Te estás burlando de mí?
—Renata respondió: —Un poco.
Gael negó suavemente con la cabeza.
Y otra vez apareció esa expresión relajada que ella todavía no terminaba de entender.
Porque cada vez se veía menos como el hombre serio del primer día.
Y eso empezaba a desordenarle demasiado la cabeza.
Al final, terminaron preparando algo mucho más simple.
Pasta.
Bueno… Renata preparó la pasta.
Gael solo obedeció instrucciones.
Mal, pero lo intentó.
—Renata dijo: —No. Eso va después.
—Gael respondió: —La receta decía otra cosa.
—Renata dijo: —La receta quiere matarte.
Gael soltó una risa baja.
Y Renata automáticamente levantó la mirada hacia él.
Otra vez.
Últimamente hacía mucho eso.
Mirarlo sin darse cuenta.
Como si todavía intentara entender cómo alguien podía verse tan serio un segundo… y al siguiente reírse así.
Gael la descubrió mirándolo.
—Gael preguntó: —¿Qué?
Renata reaccionó rápido.
—Renata respondió: —Nada.
Gael claramente no le creyó.
Pero tampoco insistió.
Minutos después, ambos terminaron cenando en la isla de la cocina.
Sin formalidades.
Sin tensión.
Solo conversando de vez en cuando.
Y honestamente… se sentía extraño lo normal que empezaba a parecer todo eso.
—Renata preguntó: —¿Siempre comes tan tarde?
—Gael respondió: —Casi siempre.
—Renata dijo: —Tu vida es deprimente.
—Gael respondió: —Gracias por tu preocupación.
Renata sonrió apenas mientras enrollaba la pasta con el tenedor.
—Renata preguntó: —¿Y qué hacías antes de que yo apareciera aquí?
Gael tomó agua antes de responder.
—Gael dijo: —Trabajar.
—Renata respondió: —Eso ya lo sé. Me refiero a algo normal.
Gael pensó unos segundos.
Demasiados.
Eso hizo que Renata empezara a reír.
—Renata dijo: —Dios… sí eres aburrido.
Gael la miró serio unos segundos.
Luego dijo tranquilamente:
—Gael respondió: —Y aun así sigues hablando conmigo.
Renata abrió la boca.
Pero no respondió.
Porque, lamentablemente…
tenía razón.
Más tarde, Renata estaba lavando algunos platos mientras Gael secaba.
Bueno.
Intentaba secar.
—Renata dijo: —Estás haciendo eso mal.
—Gael preguntó: —¿También hay una técnica secreta para platos?
—Renata respondió: —Sí. Y claramente no la tienes.
Gael soltó aire divertido.
—Gael dijo: —Eres muy mandona.
—Renata respondió: —Y tú inútil en la cocina.
—Gael dijo: —Eso ya quedó claro.
Renata sonrió otra vez.
Y por un momento, olvidó completamente cómo empezó todo entre ellos.
El contrato.
La boda.
El enojo.
Todo.
Ahora solo estaban ahí.
Discutiendo por platos mojados como una pareja normal.
Y ese pensamiento apareció tan rápido que Renata dejó de sonreír inmediatamente.
Gael lo notó enseguida.
—Gael preguntó: —¿Qué pasó?
Renata apartó la mirada.
—Renata respondió: —Nada.
Pero sí era algo.
Porque empezaba a acostumbrarse demasiado a él.
Y eso definitivamente no era buena idea.
El celular de Gael vibró sobre el mesón.
Él miró la pantalla y su expresión cambió apenas un poco.
Más seria.
Renata lo notó enseguida.
—Renata preguntó: —¿Problemas?
Gael bloqueó el teléfono rápidamente.
—Gael respondió: —Trabajo.
Eso sonó demasiado automático.
Como una respuesta preparada.
Renata no insistió.
Aunque algo le dijo que estaba mintiendo.
Un rato después, Gael salió a responder la llamada afuera.
Renata terminó de organizar la cocina sola.
Pero mientras secaba los últimos platos, miró por la ventana.
Gael estaba en el jardín.
Hablando serio.
Tenso.
Completamente diferente al hombre que hace unos minutos estaba discutiendo con ella por una receta.
Y eso volvió a recordarle algo importante.
Ella realmente no sabía casi nada sobre él.
Cuando Gael volvió a entrar, ya era tarde.
Renata estaba sentada en el sofá mirando cualquier cosa en televisión.
Gael aflojó un poco el cuello de la camisa mientras caminaba hacia la sala.
Se veía cansado otra vez.
—Renata preguntó: —¿Todo bien?
Gael la miró unos segundos antes de responder.
—Gael dijo: —Sí.
Mentira.
Claramente mentira.
Pero Renata entendió que no iba a decir más.
Así que tampoco preguntó.
Gael se quedó de pie unos segundos frente al sofá.
Luego habló tranquilo:
—Gael preguntó: —¿Mañana tienes planes?
Renata negó.
—Renata respondió: —No.
Gael tomó las llaves de la mesa.
—Gael dijo: —Entonces mañana sales conmigo.
Renata frunció el ceño.
—Renata preguntó: —¿Eso fue una invitación o una orden?
Gael la miró directamente.
Y por primera vez en toda la noche, volvió a verse un poco más como el hombre serio del inicio.
—Gael respondió: —Todavía no lo decido.
que pongas los nombres y después lo que dicen ejemplo.
Gael: maña irás conmigo a una cena- le dijo de forma sería mirándola a los ojos