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QUIERO VOLVER A VERTE

QUIERO VOLVER A VERTE

Status: Terminada
Genre:Romance / Reencuentro / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Lina Garizao

Sandra, una joven diseñadora floral con un pasado que la persigue, se aferra a la idea de reencontrarse con Guillermo, su primer amor. La vida los separó abruptamente años atrás, dejándola con un vacío y preguntas sin respuesta. Ahora, el destino los cruza de nuevo en la vibrante escena artística de la ciudad. Guillermo, un exitoso arquitecto, carga con sus propias cicatrices y la culpa de una partida inesperada. A medida que sus caminos se entrelazan, el deseo de revivir su pasión es innegable.

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Capitulo 11

Cuando la gala llegó a su fin, la tensión que había flotado en el aire toda la noche ya no cabía en ningún lugar. Guillermo esperó a Sandra a la salida, lejos de las miradas curiosas, y cuando ella apareció, la mirada que le dedicó fue suficiente para que ambos supieran que no podían separarse todavía.

—Ven conmigo —le dijo él, sin darle tiempo a pensar—. Tengo algo que mostrarte. Es un lugar donde nadie nos encontrará.

Sandra sabía que debía decir que no, que debía alejarse y proteger su corazón. Pero la conexión que habían revivido en el baile, la intensidad de sus miradas, la necesidad acumulada durante siete años de separación, eran más fuertes que cualquier precaución. Asintió en silencio y subió al auto con él.

El viaje fue corto pero eterno. Ninguno hablaba, pero la electricidad entre ellos se podía tocar. Guillermo la llevó a su estudio de arquitectura, un espacio amplio, lleno de planos, maquetas y luz cálida, muy diferente al apartamento lujoso que compartía con Zaira. Aquí era donde realmente vivía su esencia.

En cuanto cerró la puerta detrás de ellos, el control se rompió. Guillermo se giró hacia ella y, sin mediar palabra, la atrajo hacia sí en un beso desesperado, profundo y lleno de todo lo que habían contenido durante años. Fue un beso que mezclaba el dolor, el amor, el anhelo y la rabia, todo fundido en un solo instante.

Sandra respondió con la misma intensidad. Sus manos se entrelazaron en su cabello, sintiendo cómo su cuerpo reconocía el de él como su lugar de pertenencia, como si nunca hubieran estado separados. Las barreras que había construido con tanto cuidado se desmoronaron por completo.

—Te he extrañado tanto —susurró Guillermo entre besos, mientras sus manos recorrían su espalda, deslizándose por la tela de su vestido—. Cada día, cada noche, siempre has estado en mi mente.

—Yo también —confesó ella, con la voz quebrada por la emoción—. No quería, pero nunca pude olvidarte.

El deseo los arrastró sin remedio. Se movieron hacia el sofá que había en un rincón del estudio, y allí, rodeados de los proyectos que Guillermo creaba, reconstruyeron la intimidad que creían perdida. Cada roce, cada caricia, cada susurro, confirmaba que su química no solo seguía intacta, sino que se había vuelto más poderosa por el tiempo transcurrido. Se amaron con la urgencia de quienes saben que el tiempo no ha sido su aliado, pero que ahora, por fin, se tienen el uno al otro, aunque sea solo por esta noche.

No hubo espacio para dudas ni para culpas. Por un momento, el mundo exterior dejó de existir. Solo estaban ellos, dos almas que habían vagado separadas y que ahora volvían a encontrarse, fusionándose en un abrazo que prometía mucho más que una simple noche de pasión.

Cuando finalmente descansaron abrazados, el silencio que los rodeaba era diferente. Ya no era el silencio de la ausencia, sino el de una conexión renovada. Pero en el fondo de sus pensamientos, ambos sabían que esta noche había cambiado todo, y que ahora tendrían que enfrentar las consecuencias de haber dejado que la pasión desbordara todos sus límites.

El aire en el estudio se volvió denso, cargado de la mezcla de sus perfumes y la tensión que finalmente se liberaba. Guillermo la sostuvo entre sus brazos como si temiera que, si la soltara un instante, ella desapareciera de nuevo de su vida. Sus besos descendieron desde sus labios hasta su cuello, con una ternura que contrastaba con la urgencia que ambos sentían. Cada roce era un reconocimiento, una forma de decir sin palabras que ningún tiempo ni ninguna distancia habían podido borrar lo que existía entre ellos.

Sandra sentía cómo su piel se encendía bajo sus manos. Había intentado convencerse de que lo había olvidado, de que había construido una vida nueva y fuerte, pero en ese momento entendió que todo eso había sido solo una máscara. Su cuerpo recordaba cada contorno, cada gesto, cada caricia, y respondía a él con una naturalidad que la asustaba y la llenaba de alegría al mismo tiempo.

—Eres mi única verdad, Sandra —murmuró Guillermo contra su piel, mientras deslizaba con cuidado la tela de su vestido, descubriendo centímetro a centímetro el cuerpo que tantas veces había imaginado en soledad—. Todo lo demás ha sido solo una mentira que he tenido que vivir. Pero tú... tú siempre has sido real.

—Entonces ¿por qué me dejaste? —preguntó ella, con la voz temblorosa, aunque sus manos lo atraían más cerca, incapaz de mantener distancia—. ¿Por qué me hiciste esperar tanto tiempo?

Guillermo se detuvo un instante, mirándola a los ojos, y en su mirada ella vio el tormento de años de silencio.

—Porque creía que era la única forma de protegerte —respondió con sinceridad dolorosa—. Pero me equivoqué. Me equivoqué tanto...

Y sin decir más, volvió a besarla, sellando sus palabras con el contacto de sus labios. Se movieron juntos hacia el amplio sofá de cuero que estaba situado frente a los grandes ventanales, desde donde se veían las luces de la ciudad extendiéndose como un mar de estrellas. Allí, rodeados de los planos y las maquetas que eran el reflejo de su profesión, construyeron un refugio propio, un espacio donde solo existían ellos y sus sentimientos.

La intimidad que compartieron fue mucho más que un acto físico; fue la reconstrucción de un vínculo que el tiempo había intentado romper. Cada caricia, cada suspiro, cada momento de entrega demostraba que su química no solo seguía intacta, sino que se había transformado en algo más profundo, más intenso, alimentado por el anhelo acumulado durante siete largos años. Se amaron con la pasión de quienes recuperan algo que creyeron perdido para siempre, explorándose mutuamente como si fuera la primera vez, y al mismo tiempo como si nunca hubieran dejado de conocerse.

Cuando finalmente el ritmo se calmó y quedaron tendidos el uno junto al otro, envueltos en una manta y en el calor de sus cuerpos, Guillermo la atrajo contra su pecho, escuchando el latido de su corazón, que ahora parecía sincronizado con el suyo. Sandra descansó su cabeza sobre su hombro, sintiendo una paz que no había experimentado desde la noche en que él se fue. Por un instante, todo parecía posible. Las mentiras, los compromisos, la presencia de Zaira... todo quedaba fuera de esas cuatro paredes, como si no tuvieran poder sobre lo que acababan de vivir.

Pero en el fondo de su mente, ambos sabían que la realidad esperaba afuera. Habían cruzado una línea de la que ya no podían volver atrás, y lo que había comenzado como un simple reencuentro se había convertido en un vínculo inquebrantable que cambiaría el curso de sus vidas para siempre.

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