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Mi Asesino Favorito

Mi Asesino Favorito

Status: Terminada
Genre:Mafia / Romance / Venganza / Completas
Popularitas:6.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Jisieli

Lían Miller vive su vida social como arquitecto, pero es solo una fachada, su mayor trabajo es asesinar personas porque debe pagar una deuda con su vida.
Pero todo da un giro cuando conoce a Daisy Wilson. Empieza a desafiar a su superior y encontrar el camino a la venganza para redimir su futuro.

¿Quién es Daisy?

¿Qué sucederá cuando se encuentren?



+ dark romance

NovelToon tiene autorización de Jisieli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: Una noticia inesperada

El sonido de mi teléfono taladrándome el cerebro me sacó del sueño de golpe. La maldita alarma. La que ponía todas las noches para no llegar tarde al hospital. La misma que había ignorado completamente cuando Lían me secuestró.

—Apaga eso... —gruñó una voz ronca detrás de mí.

Y entonces sentí el calor.

Un cuerpo completamente desnudo pegado al mío. Un brazo de acero rodeando mi cintura. Un pecho duro contra mi espalda. Y algo más. Algo que presionaba contra la parte baja de mi espalda de una forma demasiado evidente.

Mi cerebro tardó tres segundos en procesar la situación.

Lían estaba desnudo. Completamente desnudo.

No, espera. Tal vez solo llevaba la parte de arriba desnuda. Tal vez tenía puestos los boxers. Sí, seguramente tenía los boxers.

Moví mi mano lentamente hacia atrás, con cuidado de no despertarlo, y toqué.

Piel. Solo piel.

—¡Dios mío! —exclamé en voz baja.

—Daisy, apaga esa maldita alarma o la rompo —murmuró Lían, aún dormido.

Mi teléfono seguía sonando. Logré estirar el brazo y golpear la pantalla hasta que el ruido cesó. Silencio. Pero mi corazón estaba latiendo tan fuerte que seguro lo escuchaba él.

Estaba desnudo. Totalmente desnudo. Y yo estaba en su cama, usando solo su camiseta enorme y unos shorts.

¿Cómo había terminado así? La noche anterior estaba tan cansada que apenas recordaba haberme acostado. Y luego él llegó, se metió en mi cama... ¡en mi cama! Y ahora estábamos así.

Necesitaba salir de ahí. Necesitaba alejarme antes de que despertara y la situación se volviera incómoda. O más incómoda de lo que ya era.

Con cuidado, comencé a rodar hacia el borde de la cama. Pero el brazo de Lían estaba firme alrededor de mí. Intenté levantarlo, pero era como mover una barra de metal.

—Vamos... —susurré—. Solo un poco más...

Rodé un poco más y sentí que perdía el equilibrio. Todo pasó en cámara lenta. Mi cuerpo cayendo al vacío. Mis manos buscando algo a qué aferrarme. Y la sábana, maldita sea, la sábana se fue conmigo.

—¡Agh!

El golpe fue fuerte. Mi espalda contra el suelo de madera. Y encima de mí, la sábana blanca cubriéndome como un sudario.

—¿Qué...? —escuché la voz de Lían, confundida—. ¿Daisy?

La cama crujió y supe que se había levantado. Sus pasos rodearon la cama. La sábana fue retirada de mi cara.

Y entonces lo vi.

Lían estaba de pie frente a mí, completamente desnudo, iluminado por la tenue luz del amanecer que entraba por la ventana. Y sí, estaba despierto. Pero no solo sus ojos. Su miembro también estaba despierto. Firme. Grande. Imponente.

Mis ojos se fueron directo a esa parte de su cuerpo. No pude evitarlo. Fue como un imán. Sentí que mi cara se calentaba, pero no aparté la mirada. Todo lo contrario. Me mordí el labio inferior, sin ser consciente de lo que estaba haciendo.

Lían oscureció su mirada. Sus ojos se volvieron grises, casi negros. Sabía exactamente dónde estaba mirando.

Se agachó lentamente, poniéndose a mi altura. Su mano tomó mi mentón, obligándome a levantar la cabeza y mirarlo a los ojos.

—Si lo sigues mirando —dijo, su voz grave y peligrosa—, te lo voy a poner en la boca.

Mi corazón se detuvo. El aire se volvió pesado. Pero no iba a dejarme intimidar.

—No sería mala idea —respondí, desafiante.

Una sonrisa lenta se extendió por su rostro. Una sonrisa que prometía cosas que no podía ni imaginar. Luego, sin decir nada más, se puso de pie, tomó la almohada de la cama y me la lanzó directo a la cara.

—¡Oye! —protesté, quitándomela.

—Levántate —dijo con una sonrisa burlona—. Tienes que ir a trabajar, ¿recuerdas? O vas a llegar tarde.

—Maldito...

—Apúrate, Daisy. Te prepararé el desayuno.

Salió de la habitación sin ningún pudor, completamente desnudo, como si fuera lo más normal del mundo. Yo me quedé en el suelo, con la almohada en las manos, maldiciéndolo y maldiciéndome a mí misma por haberlo mirado así.

—¿Qué demonios me pasa? —murmuré.

Me levanté del suelo y busqué mi ropa. La del día anterior estaba arrugada, pero no tenía otra opción. Me vestí rápidamente, me recogí el pelo en una cola y salí de la habitación.

En la cocina, Lían ya estaba preparando algo. Llevaba puestos unos jeans y una camiseta negra. Su cabello aún estaba húmedo, como si ya se hubiera bañado.

—Toma —dijo, extendiéndome un plato con huevos revueltos y tostadas—. Come.

—No tengo tiempo —dije, tomando mi teléfono para pedir un taxi.

—Claro que tienes. Siéntate.

—Lían, en serio, no puedo. Cora me va a...

—Daisy —cortó, su tono firme—. Siéntate y come.

Bufé, pero me senté. Comí rápido, casi sin masticar. Él se sentó enfrente, bebiendo café y mirándome con una sonrisa que me ponía nerviosa.

—¿Qué? —pregunté con la boca llena.

—Nada. Me gusta verte comer.

—Eres raro.

—Y tú eres hermosa.

Dejé el tenedor y lo miré.

—¿Por qué me trajiste aquí, Lían? ¿Qué quieres de mí?

—Ya te lo dije. Quiero todo de ti.

—Eso no es una respuesta.

—Es la única que tengo.

Terminé de desayunar y me levanté.

—Necesito irme. Ya llevo una hora de retraso.

—Te llevo.

—No hace falta.

—No te estoy preguntando.

Suspiré. Era inútil discutir con él. Salimos de la cabaña y me subí a su moto. Durante el trayecto de vuelta a la ciudad, me aferré a su cintura con más fuerza que la primera vez. El viento fresco me despejó un poco, pero no lo suficiente.

Llegamos al hospital. Me bajé de la moto y me quité el casco.

—Gracias —dije, sin mirarlo.

—Daisy.

—¿Qué?

—Nos vemos pronto.

—No sé si quiero que nos veamos pronto.

—Mientes —sonrió—. Y los dos lo sabemos.

Arrancó la moto y se fue, dejándome parada en la entrada del hospital, con el corazón acelerado y la cabeza hecha un lío.

...****************...

Lían condujo hasta su departamento. Necesitaba llamar a Rino. Sabía que no iba a poder postergarlo más. Debía hacerle saber que iba a por él.

Tomó el teléfono y marcó el número.

—Lían —la voz de Rino al otro lado, grave y cansada—. Es un gusto escuchar tu voz nuevamente

—Tenemos que hablar.

—¿Hablar? ¿De qué?

—De mi libertad.

Hubo un silencio al otro lado de la línea. Luego, una risa fría.

—¿Tu libertad? ¿Todavía con eso? Sabes que eso no existe para ti.

—Existe si te elimino a ti.

—No digas tonterías. Sabes que no puedes vencerme.

—Puedo intentarlo.

Otro silencio. Más largo. Más pesado.

—Lían, déjame recordarte algo —dijo Rino, su tono cambiando—. Tú no tienes nada que sea valioso para mí. Pero yo sí tengo algo que es valioso para ti.

—No tengo nada valioso. Lo sabes bien.

—¿Ah, no? ¿Qué me dices de esa residente del hospital Loreley? La que te salvó la vida. La doctorcita bonita. ¿Cómo se llama? ¿Daisy?

El nombre golpeó a Lían como un puñetazo en el estómago.

—No sé de qué hablas —dijo, tratando de mantener la voz firme.

—No mientas. La he visto. Sé que pasas tiempo con ella. Sé que es importante para ti. Y si tú te atreves a dar un paso en mi contra, te juro que la mataré. Como maté a tus padres.

El mundo se detuvo.

—¿Qué? —la voz de Lían salió apenas como un susurro—. ¿Qué dijiste?

—Que maté a tus padres —repitió Rino con calma—. ¿Creíste que fue un accidente? ¿Un incendio desafortunado? No, mi querido Lían. Yo los maté. Ellos tenían algo que yo necesitaba. Un invento químico. Una fórmula que podía valer millones. Y no quisieron dármela.

—Tú... —Lían apretó el teléfono con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos—. Tú mataste a mis padres.

—Sí. Y no dudaré en matar a tu doctorcita si me traicionas.

—Te voy a matar, Rino. Te juro que te voy a matar.

—Inténtalo. Pero recuerda: si algo me pasa a mí, ella pagará el precio.

El teléfono quedó muerto en la mano de Lían. Sus ojos estaban fijos en la pared, pero no veía nada. Solo recordaba el fuego. El humo. El olor a carne quemada.

Sus padres.

No había sido un accidente.

Había sido Rino.

Y ahora también quería quitarle a Daisy.

—No lo harás —susurró para sí mismo—. No te dejaré.

Pero mientras decía esas palabras, una sombra de duda cruzó su mente. ¿Cómo podía protegerla? ¿Cómo podía mantenerla a salvo cuando el hombre más peligroso que conocía la tenía en la mira?

Tomó su teléfono y marcó un número.

—¿Hola? —la voz de ella al otro lado.

—Daisy —dijo, tratando de sonar calmado—. Necesito que tengas cuidado.

—¿Por qué?

—Solo... ten cuidado. Por favor.

—Lían, ¿qué está pasando?

—Nada. Solo prométeme que tendrás cuidado.

—Lo prometo. Pero tienes que explicarme...

—Después. Te veo después.

Colgó. No podía decirle la verdad. No aún. La asustaría. La alejaría.

Y no podía permitir que se alejara.

Porque ella era lo único que lo mantenía cuerdo.

...****************...

...Gracias por leer 😊...

...Recuerden apoyarme 💜💫...

1
Zenaida Muñoz
Está novela buenísima,corta completa.emocionante
Gracias escritora por tu excelente novela .
Que tus caminos sean abonado con muchos éxitos.❤️
Zenaida Muñoz
Bebe a bordo,sin protección 🥰
Zenaida Muñoz
Me encanta esta novela gracias escritora.
𝘑𝘪𝘴𝘪𝘦𝘭𝘪: Gracias por leerla 🤗
total 1 replies
Gloria Martinez Rodiguez
me gusto muchísimo. gracias x esta novela corta, k las con demasiados capítulos, y tardan en sacalos se pierde el hilo de la novela y se vuelven aburridas. Gracias y Bendiciones
𝘑𝘪𝘴𝘪𝘦𝘭𝘪: Me alegro de que te haya gustado 🤗
Gracias por leerla ❤️
total 1 replies
Massiel Aguirre
Excelente Bendiciones
Yarelis Armas Pérez
anticoseptivo por ejemplo ?
𝘑𝘪𝘴𝘪𝘦𝘭𝘪: se le olvidó usar 🤭
total 1 replies
Yarelis Armas Pérez
malagradecido
Javier Gomez
excelente historia
CRIS E
Me gusta la protagonista, mujer valiente se da su valor🥰
CRIS E
Me suena interesante, ya queiro leer los demas capítulo 🤭 me gustan los dramas de hospitales
Millie
Que guapo está Liam
Millie
No es tan diferente de las personas que querian lastimar a Liam antes.
Millie
La pobrecita solo quería ir a una fiesta y salió con paciente
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