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TE ODIARÉ, HASTA QUE LA NOVELA NOS JUNTE

TE ODIARÉ, HASTA QUE LA NOVELA NOS JUNTE

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Amor-odio / Atracción entre enemigos / Reencarnación
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: YESRABI

Julie Winters y Elis Lovette están obligados a existir en la vida del otro desde nacimiento, pero se volvieron enemigos por mera elección.

El destino parece tener una obsesión retorcida con ellos, pues tras un accidente mortal, ambos terminan despertando dentro de la novela de fantasía que debían leer para un proyecto universitario.

Julie, ahora Odette Montgomery y Elis, ahora Oriel Langford, se ven obligados a contraer matrimonio bajo el papel de la pareja más envidiada del imperio, aunque las ganas de estrangularse continúan evidentes.

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El Nacimiento De Una Actriz

El silencio de la pareja provocó que la situación se volviera más irritante, y Sky tampoco buscó decir más. Él solo escupió las palabras, dejándolos locos por saber qué decir. Ante ello, la mano de Odette se aventuró discretamente hasta el dobladillo del saco de Oriel, ajustando su agarre con fuerza para cederle todo el trabajo de sacarlos del apuro.

—¿Qué es lo que trata de decir, Lord Sky?

—¿Realmente seguirán con el cuento? —indagó burlesco, cruzando los brazos sobre su pecho.

Julie pensó en responder, pero su mano fue sostenida por la otra más grande, antes de siquiera poder pensarlo. Sus dedos se entrelazaron con una naturaleza aterradora, y un escalofrío le retorció los intestinos, encontrando seductora la idea de empujarlo lejos de ella.

—Bien, nos ha atrapado —suspiró Oriel, dejando un apretón en el agarre con la azabache—. La amnesia de Odette no puede esconderse con demasiada facilidad. Ya lo ha visto, desconoció a su propia madre, y ahora solo puedo ayudarle informándole un poco sobre los invitados —alzó sus manos, dejando un beso en el dorso ajeno—. Me sentiría terriblemente avergonzado si la condición de mi mujer resulta en un asunto de palabrerías vulgares, a partir de esta reunión.

El castaño frente a ambos los analizó sin respuesta, intensificando el peso de la duda cuando sus ojos aterrizaron en Odette. Julie, con los nervios afectando su capacidad analítica, le sonrió suavemente, soltando la mano de Oriel para acercarse a Sky y tomar la de él.

Era su momento de tentar el terreno con sus nulas habilidades actorales.

Abrazó una de sus manos con ambas suyas. Julie apoyó los nudillos del puño ajeno en su frente, mordiéndose la lengua en un acto bruto que le empapó los ojos al instante, dándole el realismo que necesitaba su escena.

—Te sientes ofendido porque tampoco pude reconocerte, ¿verdad? —lo miró, hipando—. Lo siento, yo… no puedo controlarlo, mi cabeza está en blanco y…

El llanto suave de Julie los dejó aturdidos a los dos en el sitio. Sky bajó la guardia sosteniendo las manos más frágiles, mientras Elis se colocó a su costado, ahogado en la confusión.

—Odette, será mejor si descansas en tu habitación —propuso Oriel, dejando una palmada suave en su hombro.

—¡No! —le miró—. Me secaré las lágrimas e iré. No puedo permitir que mi familia se vea afectada por mi culpa.

La intensidad en la mirada violeta provocó que Oriel comenzara a sudar. Julie dudó sobre lo que sus ojos veían; sin embargo, continuó con su desempeño, girando de nuevo hacia el castaño que llevaba los ojos enormes y la lengua trabada entre sus dientes.

—Sky, por favor, hazles saber a mis padres y a los padres de Oriel que tuve un pequeño malestar, pero que estaré ahí pronto.

Sky asintió con torpeza, tropezando en sus movimientos cuando sus manos fueron liberadas. Apenas una sílaba susurrada logró salir de sus labios, pero se arrepintió y se fue con las mejillas luciendo igual que un par de bombas a punto de explotar.

—¿Qué? ¿Por qué corrió?

Julie se giró y se quedó quieta cuando notó el aspecto similar de Sky en el rostro de Oriel. Sus cejas se torcieron y su tristeza ficticia se convirtió en curiosidad absoluta porque los ojos esmeralda de Oriel parecían querer iniciar un llanto.

—¿Qué carajos te pasa a ti también? —se secó las mejillas—. Ja, ¿fui demasiado convincente? Debí inscribirme en los cursos de actuación —murmuró.

—¿Puedes callarte por cinco minutos? —masculló.

—¿Perdón?

—Solo cállate —repitió, pasando su dorso por las comisuras de sus ojos—. Escucharte hablar me provoca náuseas.

Julie sintió que el pecho se le oprimió, pero no respondió. Se acomodó un poco del corsé y se detuvo frente al rubio, sin rastro del humor que se había sembrado en ella.

—¿Y ahora qué? —preguntó de mala gana, rodando los ojos cuando el otro la miró confundido.

—Bueno… por ahora, lo mejor es que continúes con tu plan de acercarte a Margaret —suspiró—. Será mejor si logras obtener un poco de sus conocimientos, pero olvídate de la cancelación de nuestro matrimonio —advirtió.

Julie asintió en automático. Sus labios no pretendieron moverse y Elis pareció sentirse irritado por ello, porque exhaló con fuerza y se fue hacia el jardín, dejándola sola. Julie respiró hondo, dejando un pequeño berrinche suelto antes de enderezar la espalda y comenzar a caminar por el pasillo de antes.

A diferencia de un principio, ahora el nerviosismo no fue parte de ella. Tenía nombres y rostros registrados en la memoria que le ayudarían a moverse con más facilidad y cuidado. Así que sonrió brillante, lanzándose hasta la mesa principal donde el consejero y su hija parecían seguir acoplándose.

—¿Todo bien, cariño? —indagó su madre.

—Todo bien, mami —miró con dirección a Oriel—. Siempre estaré bien mientras mi amor esté presente para mantener mi buen juicio —explicó, tomando su asiento original, al costado de Margaret—. Sus majestades, si me lo permiten, me gustaría tener la opinión de una florista profesional para la celebración de mi unión con Oriel —solicitó, con los ojos brillantes en los cabecillas del reino—. Me encantaría que un día tan importante sea acompañado por una naturaleza representativa de nuestra felicidad.

El impulso le ganó y su mano atrapó la de su prometido sobre la mesa. Oriel apretó con fuerza, fingiendo una sonrisa tierna que para ella se le asimiló más a un arma letal. No obstante, el espíritu vengativo de Julie provocó la ira de Elis cuando la sonrisa se volvió secretamente burlona, acompañada con un movimiento de cejas, pareciendo casi como si hubiera sido suficiente para retorcerle los nervios al autoritario heredero del trono.

—La señorita Montgomery parece muy entusiasmada, a pesar de la pérdida de su memoria —opinó el viejo consejero, con el tono lleno de sorna—. Creo que el tema de su salud es mucho más importante.

—Mi hija no necesita sus consejos, señor —intervino su padre desde su lugar—. Mi hija está siendo tratada especialmente por Sky, el aprendiz directo del sanador del templo. En un par de días, Odette podrá recordar a las víboras.

—Está siendo muy hostil ahora, comandante —provocó—. Sus reacciones continúan siendo imprudentes.

El golpe en la mesa hizo respingar a todo el mundo. Julie encajó sus uñas en el dorso de Elis, para luego levantarse y alzar la taza de té frente a ella, incitando al otro a hacer lo mismo.

—Papá, hagamos un brindis con té —sugirió—. Por favor, todos brinden conmigo.

Las reacciones fueron distintas, pero el desconcierto colectivo fue el más genuino en general. Las miradas se encontraron entre todos los invitados con algunos murmullos que se escaparon por ahí. Odette sonrió con ternura, bajo sus ojos brillantes y las mejillas rosadas, preguntándose por qué todo el mundo parecía estar teniendo una crisis interna al prestarle atención.

—¡Brindemos por el futuro esperanzador de nuestro reino! —exclamó.

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