⚠️🔞Esto es sólo fantasía. Personajes e historia ficticia.🔞⚠️
🔞🚫No me denuncien por hechar volar mi imaginación.🚫🔞
Natt, no solo renuncia a su hogar, sino a su propia naturaleza, por una conexión ni él mismo entiende...
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No dejes que me lleven
El eco de las palabras de Laura parecía rebotar contra las paredes de la tienda, burlándose de la fragilidad de Dag. El aroma a rosas y ceniza que ella había dejado atrás se sentía como una marca de propiedad, una mancha que el aire estancado del mercado no podía limpiar. Dag observaba a Natt, quien seguía sentado al borde del sofá, con los hombros caídos y las manos entrelazadas, mirando un punto fijo en el suelo de tierra.
-Mírame- Pidió Dag, su voz saliendo más rota de lo que pretendía -No mires al suelo. Mírame a mí.-
Natt giró la cabeza lentamente. Sus ojos ámbar, que usualmente brillaban con una determinación feroz, estaban nublados por una melancolía que Dag no sabía cómo combatir.
-Ella tiene razón en algo.- Susurró Natt, su voz sonando como el roce de dos piedras -Los ángeles no amamos como los humanos. Nosotros nos consumimos. Durante eones, Laura y yo fuimos... una tormenta. No había sentimientos, solo poder. Nos usábamos el uno al otro para sentir que seguíamos vivos en un cielo que es puro hielo.-
Dag sintió una punzada en el estómago, como si el veneno del vacío hubiera regresado.
-¿Y es eso lo que haces conmigo? ¿Me usas para no sentir el hielo? Laura dice que soy solo una fuente, una mecha que se quema para que tú no te apagues.-
Natt se movió con una rapidez que asustó a Dag, acortando la distancia hasta que sus rostros quedaron a centímetros. Sus manos, todavía calientes por la luz que Dag le había entregado, acunaron el rostro del chico con una urgencia febril.
-¡No! No te atrevas a comparar lo que siento por ti con ella.- Rugió Natt, pero su voz se quebró al final -Con Laura, yo era un arma buscando otra arma. Contigo... contigo he aprendido lo que es el miedo. Tengo miedo de que te duela, tengo miedo de que me dejes, tengo miedo de que este mundo te arrebate de mi lado. Los ángeles no tienen miedo, Dag. El miedo es el precio de amarte como un hombre.-
Dag buscó la verdad en esos ojos dorados. Quería creerle, quería hundirse en su calor, pero la imagen de Laura lamiendo el oído de Natt, la confianza con la que ella reclamaba su pasado carnal, seguía grabada a fuego en su mente.
-Ella dijo que tú buscabas su lengua cuando el Edén les quedaba pequeño.- Susurró Dag, sus ojos llenándose de lágrimas de rabia -Ella conoce un lado de ti que yo nunca podré alcanzar porque soy... porque soy "barro", como dice Hrim.-
Natt soltó un suspiro atormentado y pegó su frente a la de Dag. El contacto hizo que las marcas doradas de ambos vibraran.
-Ella conoce al guerrero, Dag. Pero tú... tú conoces al que cayó. Tú conoces al que prefiere morir antes que volver a ese paraíso vacío. Laura es el pasado, es la guerra, es el fuego que destruye. Tú eres mi presente. Eres la razón por la que mi corazón late en este pecho de carne.-
Dag cerró los ojos, dejando que una lágrima rodara por su mejilla marcada. Natt la atrapó con su pulgar y luego, con una desesperación que parecía una súplica, buscó los labios de Dag.
El beso fue distinto a los anteriores. No había la adrenalina de la huida ni el dolor de la sanación. Era un beso cargado de una posesividad herida. Dag respondió con la misma intensidad, mordiendo el labio inferior de Natt, tratando de borrar cualquier rastro de la saliva plateada de Laura. Sus lenguas se encontraron en una batalla por el control, por la seguridad, por la pertenencia. Dag quería marcar a Natt, quería que el ángel supiera que, aunque su vida fuera corta comparada con la eternidad, era él quien poseía su alma en ese momento.
Natt bajó sus manos hacia la cintura de Dag, apretándolo contra él con una fuerza que le quitó el aliento. Sus dedos se enterraron en la carne del chico, dejando marcas que no eran de luz, sino de un deseo puramente humano y egoísta.
-Eres mío...- Gruñó Natt contra su boca -Solo mío. No dejes que sus palabras te envenenen.-
-Entonces demuéstramelo.- Desafió Dag, con el corazón golpeando con frenesí -No me cuides como a un enfermo. Hazme sentir que realmente me deseas a mí, y no solo a la chispa que llevo dentro.-
Natt lo miró con una intensidad que hizo que las piernas de Dag flaquearan. En ese momento, la tienda de la sanadora pareció volverse demasiado pequeña. La tensión sexual, mezclada con la intriga del pasado de Natt, creó una atmósfera eléctrica. Natt empezó a desabrochar la sudadera de Dag, sus ojos fijos en los del chico, prometiendo una entrega que borraría cualquier sombra de duda.
Sin embargo, antes de que pudieran consumar ese deseo, un grito desgarrador resonó desde el exterior de la tienda, seguido del sonido de cristales rompiéndose y el inconfundible aroma a ozono bendito.
-¡Están aquí!- La voz de la sanadora gritó desde afuera -¡La traidora los ha guiado!-
Natt se separó de Dag, su rostro transformándose instantáneamente de amante a guerrero. Sus ojos ámbar volvieron a brillar con el fuego de la batalla.
-Laura...- Maldijo Natt -No vino a tentarme. Vino a marcarnos para que los Ejecutores nos encontraran.-
Dag se levantó como pudo, sintiendo que la fuerza volvía a sus músculos por la pura adrenalina. La duda sobre el amor de Natt tendría que esperar. Ahora, el Cielo había descendido a las alcantarillas para reclamar su deuda.
-No dejes que me lleven.- Dijo Dag, su mano derecha empezando a brillar con una luz dorada y violenta.
-Tendrán que quemar este mercado entero antes de ponerte una mano encima- Respondió Natt, su espada de fuego carmesí materializándose en su mano por primera vez desde la huida.
La cortina de la tienda se rasgó por la mitad, no por un cuchillo, sino por un rayo de luz blanca. Frente a ellos, entre el humo y el pánico del mercado, no estaba Laura, sino dos figuras imponentes con armaduras de plata y cascos que ocultaban sus rostros: los Ejecutores de la Justicia Ciega. Y detrás de ellos, Laura sonreía, sosteniendo una daga de cristal que brillaba con el rastro de la sangre de Natt.
La intriga se había convertido en una emboscada mortal. El pasado de Natt no solo había venido a atormentar a Dag, sino a entregarlos en bandeja de plata al trono de Hrim.