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LA REINA DEL GÁNGSTER

LA REINA DEL GÁNGSTER

Status: Terminada
Genre:Mafia / Comedia / Dominación / Completas
Popularitas:603
Nilai: 5
nombre de autor: Jessics8 Rodriguez

Esmeralda "La Dama de Hierro" Durán. Con una mente tan afilada como sus tacones de aguja, Esmeralda es la jefa indiscutible del "Casino del Mal" y de todo el submundo criminal que lo rodea. Elegante, astuta y con un sentido del humor tan negro como su café matutino, no teme ensuciarse las manos, aunque prefiere que sus guardaespaldas lo hagan. Su dominación no se basa en la fuerza bruta, sino en la inteligencia, la manipulación psicológica y una habilidad innata para hacer que la gente haga exactamente lo que ella quiere, a menudo sin que se den cuenta. Es una maestra del disfraz emocional, capaz de pasar de un encanto desarmante a una frialdad glacial en cuestión de segundos. Su único punto débil... si es que se le puede llamar así, es su adoración por Señor Bigotes.

NovelToon tiene autorización de Jessics8 Rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: El Telón Cae, la Farsa Continúa

La explosión de fuegos artificiales, la confesión humillante de Don Fabrizio y su aparente exilio a la isla de los gnomos de jardín... todo había sido un show. Un grandioso, exagerado y absolutamente brillante show orquestado por Esmeralda para un público muy específico: los incautos periodistas, el desconcertado Cónsul Búlgaro y los propios hombres de Don Fabrizio, cuya moral ya estaba por los suelos. La "Confrontación Final" en la fábrica de fuegos artificiales no era el desenlace de la guerra, sino una elaborada puesta en escena, una estratagema maestra para la guerra psicológica.

Una hora después de que el último fuego artificial se extinguiera y el falso "exilio" de Don Fabrizio fuera televisado a toda la ciudad, Esmeralda, con el Señor Bigotes cómodamente dormido en su regazo, tomaba un té de jazmín en su oficina. Leonardo, Sofía y Marco la observaban con una mezcla de admiración y agotamiento.

"¿Creen que se lo tragaron?", preguntó Esmeralda, con una sonrisa pícara.

"Don Fabrizio se lo tragó con anzuelo, sedal y plomo, jefa", respondió Leonardo, secándose el sudor de la frente. "Lo vimos subir al barco que lo llevaría a su supuesta 'isla'. No preguntó nada, solo mascullaba sobre la ingratitud de las serpientes y el horror de los gnomos. Lo que sí noté es que antes de subir al barco le entregaron un teléfono satelital, algo que pasó muy desapercibido, pero no por mí."

Sofía soltó una carcajada. "La cara del Cónsul Búlgaro no tenía precio. Creo que aún no sabe si aplaudir o llamar a la Interpol. Y los periodistas ya están titulando 'El Reinado del Terror del Gnomo de Jardín'. Ha sido un éxito rotundo, jefa."

"Un éxito táctico, sí", concedió Esmeralda. "Hemos dañado su reputación, hemos sembrado la duda entre sus hombres y le hemos dado un escarmiento público que no olvidará. Pero Don Fabrizio no es tan tonto como para desaparecer del mapa por un simple truco. Ni tampoco tan inocente. Lo del teléfono satelital lo demuestra, Leonardo."

Marco, que había estado revisando las grabaciones de la fábrica, asintió. "Exactamente, jefa. Mis sensores detectaron una señal de comunicación cifrada saliendo de la fábrica poco después de su 'confesión'. Don Fabrizio estaba hablando con alguien. Y no era para pedir pizza."

Esmeralda se reclinó en su silla, su sonrisa se desvaneció, reemplazada por una expresión de concentración. "Entonces, nuestro amigo tiene un aliado. Alguien lo está ayudando, alguien lo está aconsejando. Y ese alguien no tiene el mismo sentido del humor que nosotros."

"Pero, ¿quién?", preguntó Sofía. "Todos los capos de la ciudad lo desprecian. Nadie querría aliarse con un hombre al que un chihuahua humilla regularmente."

"Precisamente", dijo Esmeralda. "Por eso esta alianza es tan peligrosa. Y por eso Don Fabrizio se ha prestado a ser el payaso de la función. Alguien más lo está moviendo, alguien con ambiciones más grandes que un casino o un collar de diamantes. Quizás alguien que no haya salido nunca a la luz."

La nueva misión era clara: descubrir al aliado secreto de Don Fabrizio.

"Marco", Esmeralda se dirigió al experto en tecnología, "necesito que rastrees esa señal satelital. Cada conexión, cada mensaje, cada palabra. No importa lo cifrado que esté, quiero saber con quién está hablando Don Fabrizio. Y, si es posible, dónde está realmente. Porque estoy segura de que no está alimentando gnomos de jardín."

"Jefa, el cifrado es de última generación", advirtió Marco. "Puede llevar tiempo."

"El tiempo es lo que tenemos, Marco. Pero no demasiado", dijo Esmeralda. "Sofía, necesito que prepares una campaña de contrainteligencia. Quiero que sigamos alimentando el mito de la humillación de Don Fabrizio. Que los rumores sobre su exilio y su amor por los gnomos sigan circulando. La desinformación es un arma poderosa."

"Y Leonardo", Esmeralda se volvió hacia su lugarteniente, "necesito que refuerces nuestra seguridad. Si hay un nuevo jugador en la partida, no podemos subestimarlo. Y mantén un ojo en Cleopatra. No me fío de esa serpiente. Demasiado lista para su propio bien."

Cleopatra, por cierto, había sido "liberada" de su dueño durante el show y, en un giro inesperado de los acontecimientos, se había instalado en el Casino del Mal. Se había vuelto sorprendentemente aficionada a los pasteles de frutas y, para el disgusto del Señor Bigotes, se había adueñado de uno de sus cojines más cómodos. La pitón albina, con su reciente experiencia en "diamantes comestibles" y "lanzadores de queso rancio", parecía haber encontrado un nuevo hogar y un nuevo propósito: ser la mascota más excéntrica y silenciosamente amenazante del casino.

Los días siguientes fueron una tensa calma. Marco pasaba horas frente a sus pantallas, intentando descifrar la comunicación de Don Fabrizio. Sofía inundaba las redes sociales y los medios con "noticias" sobre el desdichado mafioso y sus nuevas aficiones hortícolas. Leonardo supervisaba la seguridad, consciente de que un enemigo invisible era mucho más peligroso que uno visible.

Una tarde, mientras Esmeralda revisaba los informes de seguridad, Marco irrumpió en la oficina, con los ojos inyectados en sangre por la falta de sueño, pero con una expresión de triunfo.

"¡Lo tengo, jefa! ¡He localizado la señal! Don Fabrizio no está en una isla. Está en un yate de lujo, anclado en aguas internacionales, frente a las costas de un pequeño país centroamericano. Y su contacto es... es algo que no esperábamos."

Marco proyectó una imagen en la pantalla. Era un hombre. Un hombre elegante, con un rostro cincelado y una mirada fría y calculadora. No era un mafioso de la vieja escuela como Don Fabrizio, ni un déspota excéntrico. Era un hombre de negocios. Un magnate financiero, conocido por su habilidad para adquirir empresas en apuros y desmantelarlas para obtener ganancias. Su nombre: Maximilian "El Despojador" Blackwood.

Esmeralda sintió un escalofrío. Blackwood no jugaba a los gnomos de jardín ni a las serpientes amaestradas. Jugaba a la economía. A los mercados. A la destrucción silenciosa.

"Blackwood", susurró Esmeralda. "Así que Don Fabrizio no estaba tratando de construir un imperio. Estaba tratando de vender el suyo. O, lo que es peor, de ser el títere de alguien más grande."

"Pero, ¿por qué Blackwood querría el territorio de Don Fabrizio?", preguntó Leonardo. "Él no se dedica a los casinos ni al crimen organizado."

"No directamente, Leonardo", respondió Esmeralda. "Blackwood no está interesado en las fichas de póker o los chihuahuas con esmoquin. Está interesado en la infraestructura. En el lavado de dinero. En el control de las rutas. El casino de Don Fabrizio, a pesar de su pomposidad, es una máquina de lavar dinero eficiente. Y nuestro Casino del Mal es mucho más que eso. Es un centro neurálgico para muchas operaciones... poco convencionales."

La verdad se reveló. Don Fabrizio no buscaba venganza por su cuenta. Era un peón en un juego mucho más grande, un juego orquestado por un hombre con una visión de mundo más oscura y más peligrosa que cualquier mafioso tradicional. El "show" de la Confrontación Final había sido solo una distracción, una cortina de humo para que Blackwood pudiera operar en las sombras.

"Blackwood es un depredador", dijo Esmeralda, su voz ahora completamente seria. "Se alimenta de la debilidad. Y Don Fabrizio, con su ego herido y su reputación en ruinas, es el señuelo perfecto."

"¿Entonces qué hacemos, jefa?", preguntó Sofía. "No podemos luchar contra un magnate financiero con flamenco inflables."

Esmeralda miró a su equipo, una chispa de desafío en sus ojos. "No, Sofía. No lucharemos con flamencos inflables. Lucharemos con lo que Blackwood más teme: la transparencia. La publicidad. Y el caos controlado."

El Señor Bigotes, sintiendo la tensión, se despertó de su siesta, lamiendo la mano de Esmeralda. Cleopatra, desde su cojín, siseó suavemente, como si estuviera dando su aprobación a la nueva estrategia.

La partida había cambiado. El enemigo no era solo el pomposo Don Fabrizio, sino un magnate invisible y despiadado. Y Esmeralda, la Reina del Gángster, sabía que esta vez, el humor no sería solo su arma, sino su escudo más fuerte contra un enemigo que no entendía de chistes, pero sí de reputación.

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Cinzia Cantú
Personajes interesantes
Jessics8
Admito que mis personajes son un poco… peculiares. Pero si te gusta la gente rara (y quién no), te encantarán. Mis novelas están llenas de diálogos ingeniosos, situaciones descabelladas y la garantía de que, al menos por un rato, te olvidarás de tus propios dramas. ¡Porque mis dramas son mucho más divertidos!
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