De Rusia a México
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17
El rugido de Ivan Petrov no fue un sonido, fue un cataclismo que sacudió los cimientos de la mansión. Mientras Mikhail y Alexei eran arrastrados de regreso por el convoy de Igor, la historia de Ivan Jr. y Sonia llegaba a su punto de quiebre sangriento, arrastrando al imperio hacia el abismo.
El Antes: El Encuentro Prohibido
La cita se había pactado en una iglesia abandonada en los límites del distrito controlado por los Volkov, los rivales más encarnizados de la Bratva. Ivan Jr. llegó solo, desafiando todas las reglas de supervivencia que su padre le había tatuado en el alma. Sonia lo esperaba entre las sombras de los altares polvorientos. Ella, con la belleza trágica de quien sabe que su apellido es una sentencia de muerte, se refugió en sus brazos.
—Si nos encuentran, no habrá lugar donde esconderse —susurró Sonia, sintiendo el metal del arma de Ivanito contra su cadera.
—Que vengan —respondió él con la arrogancia de sus dieciocho años—. No dejaré que una guerra vieja decida a quién tengo que amar.
Se besaron con la desesperación de los condenados, ignorando que el "perímetro seguro" de Ivan Jr. había sido comprometido. Los hombres de Volkov no tardaron en rodear el lugar. El estallido de la primera ráfaga rompió la paz del santuario. Ivanito, protegiendo a Sonia con su propio cuerpo, vació dos cargadores para abrirse paso hacia su vehículo. El daño estaba hecho: un Petrov rescatando a una Volkov. La tregua de décadas se hizo pedazos.
El Durante: El Rastro del Caos
Igor, que mantenía una red de espionaje sobre los trillizos, interceptó la señal de auxilio a tiempo para evitar una masacre, pero no para ocultar el escándalo. Al llegar a la mansión, el ambiente era irrespirable. Ivan padre estaba en el centro del salón, con el rostro de una palidez cadavérica y los ojos encendidos en un fuego asesino. Luna permanecía a su lado, con los nudillos blancos de tanto apretar las manos.
—¡¿A jugar a Romeo y Julieta?! —el rugido de Ivan resonó en las vigas—. ¡Has puesto un blanco en la espalda de tus hermanos por una mujer que lleva la sangre de quienes intentaron matarme!
Ivan Jr. entró con la ropa rasgada y rastros de pólvora, pero sin rastro de arrepentimiento. Detrás de él, Mikhail y Alexei se colocaron en posición, formando esa unidad inquebrantable que tanto temía su padre.
—¡No es una mujer cualquiera, es Sonia! —gritó el joven.
Ivan levantó la mano para golpear a su hijo, pero Luna se interpuso con rapidez felina, colocando sus manos sobre el pecho de su esposo.
—Vania, detente —suplicó ella, con su voz de hechicera tratando de domar a la bestia—. Si lo golpeas, pierdes a tu hijo. La rabia es un mal consejero para un general. Escúchame.
El Después: La Consecuencia
Ivan Petrov respiraba pesadamente, sintiendo el calor de Luna enfriar su sangre. Miró a sus tres hijos y vio la rebeldía en Ivan Jr., la firmeza en Alexei y la lejanía dolorosa en Mikhail, quien seguía pensando en la chica de la plaza.
—Desde este momento, la mansión queda bajo cierre total —sentenció Ivan en un susurro aterrador—. Nadie entra, nadie sale. Alexei, si Ivanito se acerca a menos de un kilómetro de los Volkov, tienes órdenes de dispararle a las piernas.
—¡Papá! —protestó Masha desde la escalera.
—¡Silencio! —rugió el Oso—. Mikhail, blinda nuestras cuentas y comunicaciones. Si hay guerra, los asfixiaremos antes del primer disparo.
La familia se dispersó en un silencio fúnebre. Ivanito fue escoltado como un prisionero de su propio apellido. Mikhail se encerró en su despacho, pero en lugar de códigos, sus dedos dibujaron en la pantalla el lugar donde había visto a Camila. Su encuentro místico había sido abortado por la imprudencia de su hermano. Ahora, entre él y su destino, no solo había nieve, sino un océano de muros y la inminente promesa de una guerra de mafias