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Confiando En Mi Destino

Confiando En Mi Destino

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Malentendidos / Embarazo no planeado
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: NELSI BLANCO

Alana es una joven que ha enfrentado numerosas dificultades desde muy pequeña. A la edad de solo cinco años, sufrió la pérdida de su madre, quien falleció, y poco tiempo después, su padre decidió abandonarla al encontrar una nueva pareja y formar una nueva familia con dos hijos más. Desde ese momento, Alana fue ingresada en un orfanato, donde pasó su infancia y adolescencia.

Ahora, al llegar a los 18 años, se encontraba en el umbral de una nueva etapa de su vida. Era el momento de abandonar el orfanato y dar un paso hacia la independencia, pero la situación le resultaba abrumadora. Con lágrimas brotando de sus ojos, dejó aquel lugar que había sido su hogar por tantos años. Mientras cruzaba la puerta, no podía evitar preguntarse cómo habría sido su vida si su madre estuviera a su lado. La melancolía y la incertidumbre la acompañaban, ya que se sentía sola en una ciudad que apenas conocía; su tiempo había estado casi completamente dedicado a los estudios en el orfanato, y ahora se enfr

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capítulo 11

Alana, con calma, le dijo a Alejandro: No te preocupes, yo regresaré más tarde. Tomaré un autobús más adelante y, si no me da tiempo, me quedaré en algún lugar de por aquí y regresaré temprano mañana. Sin embargo, en este momento, estos documentos son mi prioridad.

Alejandro, decidido, respondió: Nada de eso, te esperaré.

Maximus, en ese momento, interrumpió la conversación: Ahora debo irme a una reunión, volveré más tarde.

Alejandro lo despidió con un tono comprensivo: Ve tranquilo, Maximus.

Mientras tanto, llegó el equipo de computadora y Alana se sentó de inmediato para comenzar a transcribir.

Al ver a Alana tan concentrada y dedicada a su trabajo, Alejandro pensó que realmente era una persona comprometida. Luego, se atrevió a preguntarle: Alana, tus padres no se enojarán si llegas muy tarde, ¿verdad?.

Alana, sin mirarlo a los ojos, le dijo a Alejandro: “No se preocupe, no tengo padres. Mi madre falleció en un accidente y desde entonces no he vuelto a ver a mi padre”. Alejandro, conmovido por sus palabras, le respondió: “Lo siento mucho, Alana. ¿Y tu novio o la persona con la que vives?”

Alana lo miró y, con una expresión serena, contestó: “Señor, puede estar tranquilo, no hay de qué preocuparse, yo vivo sola”. Ante su afirmación, Alejandro no dijo nada más. Simplemente se sentó a su lado y comenzó a ayudarla. Mientras observaba que Alana escribía con gran destreza, se le ocurrió preguntarle: “¿Sabes quién transcribió esas hojas que estaban mal?”

Alana, con una ligera inclinación de cabeza, respondió: “No, señor”.

Ella sabía muy bien que había una persona llamada Sara, pero decidió no crearle problemas. Alejandro la estaba ayudando para que pudieran terminar el trabajo más rápidamente, pero aún así, ya eran las cinco de la tarde y aún les faltaban varias hojas por completar. En ese momento, el teléfono de Alana sonó. Alejandro le dijo: Contesta, tranquila.

Alana se levantó y respondió: Hola, amiga.

Diana, al otro lado de la línea, preguntó: ¿Amiga, dónde estás? Ya es hora de ir a casa. Dijiste que ya volverías.

Alana le contestó: Amiga, esta vez regresa sola. Tuvimos que regresar porque algunos documentos tenían errores y nos tocó arreglarlos.

Diana estaba desconcertada y exclamó: ¿Qué? ¿Cómo es posible eso?. Alana, con un tono de preocupación, respondió: Sí, amiga, no estoy segura de si me dará tiempo de regresar. Diana, intrigada, preguntó: ¿Cómo vas a hacer eso?.

Alana tomó un respiro y continuó: Seguramente tendré que quedarme en un hotel, amiga, no hay otra opción. Este proyecto es muy importante para nuestro grupo y necesito estar presente. Diana, aunque preocupada, intentó apoyarla y le dijo: Está bien, amiga. Avísame de cualquier cosa, ¿sí?.

Alana asintió y dijo: Así será, amiga. Ahora te dejo, tengo que terminar algunas cosas. Justo cuando iba a colgar, Diana la detuvo: Espera, amiga, ¿en qué papeles estaban los errores?. Alana le respondió: Hablaremos de eso cuando regrese, seguro.

Diana aceptó y le dijo: Está bien, cuídate. Alana colgó la llamada y se volvió a sentar. Desde su asiento, Alejandro la observaba.

Alana lo miró y decidió volver a sentarse, sintiendo la tensión en el aire. Alejandro evitó su mirada, desviando la atención hacia su teléfono que comenzó a sonar insistentemente. Era Yuly, y Alejandro no estaba en el ánimo de contestar. Alana, con un tono ligero, le dijo: Responde, no te preocupes, señor.

Alejandro esbozó una sonrisa, pero rápidamente negó con la cabeza, manifestando su desinterés. No, no quiero contestar ahora, afirmó con firmeza.

El teléfono continuó sonando, casi de manera insistente, y Alejandro, resignado, se vio obligado a atender la llamada. Se disculpó brevemente, diciendo disculpa un momento. Mientras tanto, Alana siguió concentrada en lo que estaba escribiendo, ajena a la conversación que estaba a punto de entablar.

Finalmente, Alejandro salió a un lugar más apartado para poder contestar. ¿Qué pasa, Yuly? preguntó, su tono revelando un leve desagrado.

Yuly, sin preámbulos, cuestionó: ¿Por qué no contestas? ¿Acaso estás con otra?.

Alejandro, manteniendo la calma, le respondió: No es de tu incumbencia. ¿Qué quieres?.

Yuly: Ni siquiera te tomas el tiempo para preguntarme si llegué bien. ¿Qué te pasa, Alejandro?

Alejandro: Sé que ya llegaste y que lo hiciste sin problemas.

Yuly: ¿Por qué no me escribes ni me llamas como solías hacerlo, amor? Eso es lo que me molesta.

Alejandro: Tengo que colgar, no tengo tiempo para tus tonterías.

Yuly: Amor, ¡amor!

Alejandro cortó la llamada.

Yuly se enfureció ante su reacción.

Más tarde, Alejandro regresó y continuó ayudando a Alana. Ambos estaban trabajando arduamente, llenos de risas, y terminaron a las 8 de la noche, momento en el que todo estaba finalmente listo.

Alejandro llamó a Maximus y le preguntó dónde se encontraba.

Maximus compartió con Alejandro la dirección del restaurante en el que se encontraba cenando junto a su esposa. Alejandro, decidido, le propuso a Alana: Vamos, llevemos los documentos y cenemos juntos. Alana asintió y lo siguió sin dudarlo.

Al llegar al lugar, Alejandro y Alana se acercaron cordialmente a la mesa donde se encontraban Maximus y su esposa. Tras saludar, le entregaron los documentos a Maximus. Alana, con un tono respetuoso y profesional, comentó: Aquí tiene, señor. Le pido que los revise con cautela y me avise si encuentra cualquier inconveniente.

Maximus respondió: Gracias, así lo haré. En cuanto llegue a casa, los revisaré. Luego, con un gesto amable, invitó a la pareja: Ahora, ¿por qué no se quedan a cenar con nosotros? Ella es mi esposa, Adana.

Mucho gusto, añadió Adana sonriendo y extendiendo la mano en señal de cortesía.

—Un placer —dijo Alejandro, extendiendo su mano para saludar.

—Mucho gusto en conocerla, señora Adana —respondió Alana con una sonrisa amable.

Después de las presentaciones, se acomodaron en la mesa y realizaron sus pedidos. Mientras disfrutaban de la comida, Adana, observándolos con interés, comentó:

—Se ven muy bien juntos, como si fueran una pareja.

Alana se sonrojó de inmediato, mientras que Alejandro no pudo evitar sonreír. Ambos, de manera unísona, respondieron:

—No.

Fue Alana la que, después de unos segundos, explicó:

—Él es mi jefe.

Adana esbozó una sonrisa, un poco avergonzada, y dijo:

—Lo siento, es que se ven tan bien juntos que pensé que eran pareja.

La conversación fluyó con naturalidad durante un largo rato, llenando el ambiente de risas y anécdotas. Sin embargo, al cabo de un tiempo, Alejandro y Alana se despidieron de Adana y salieron del restaurante.

Una vez en el auto, Alejandro, mirando el reloj, preguntó:

—¿Nos vamos o nos quedamos? Ya son las 9:30 de la noche.

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Mariadelosangeles Londoño
buena
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