La trama gira entorno a dos hermanas, y como a causa del daño que Kattya la hermana menor causa en su novio , desata una venganza donde la que paga un alto precio es su hermana mayor Cassandra.
¿Podrá la venganza vencer? o ¿el amor encontrará su camino?
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El Idioma de la Sangre
La recuperación de Charly fue calificada por el Dr. Sterling como el "milagro de la década". Al décimo día, el joven Thompson salió de la clínica por su propio pie, con una determinación que no conocía antes del accidente. Su primera parada, y la que repetiría casi a diario durante los siguientes dos meses, fue la casa de los De la Vega.
Charly se convirtió en el puente entre dos mundos. Se sentaba en el jardín con Cassandra, compartiendo anécdotas de su recuperación y ayudándola con sus libros de medicina, recordándole que, aunque su cuerpo estuviera en pausa, su mente seguía siendo la de una gran científica brillante , la medicina necesitaba de ella para salvar vidas.
—Es extraño, Cass —le dijo Charly una tarde, observando el vientre de cuatro meses de su cuñada—. Alexander dice que no ha dejado de estudiar sobre neonatología desde que se enteró. Está aterrado y fascinado a la vez.
Cassandra suspiró, acariciando su vientre.
— Ya lo conocemos, y quizas tú lo conoces mejor que yo .Él siempre ha querido tener el control de todo, Charly . Quizás este bebé es solo otro "proyecto" que quiere supervisar.
Sin embargo, algo inexplicable empezó a suceder cuando Cassandra entró en su cuarto mes. A pesar de que los médicos aseguraban que todo estaba normal, Cassandra estaba preocupada: el bebé era inusualmente tranquilo. No sentía las "mariposas" ni los movimientos que los libros y la mayoría de madres describían para esa etapa. Ni la música, ni los dulces, ni la voz de su abuelo (Rodrigo) lograban una respuesta del pequeño.
Hasta que llegó la noche de la revisión mensual.
Alexander llegó a la casa, como siempre, con una mezcla de timidez y su fuerte presencia. Se mantuvo al margen mientras la obstetra realizaba la ecografía de rutina. Cassandra estaba tensa, mirando la pantalla donde el bebé descansaba inmóvil.
—Sigue muy quieto, doctora —dijo Cassandra con un hilo de preocupación—. ¿Es normal que no sienta nada?
—Cada embarazo es distinto, pero ciertamente es un bebé muy pacífico —respondió la doctora.
Alexander, incapaz de contenerse, se acercó a la cama. Dudó un segundo, mirando a Cassandra pidiendo permiso con los ojos. Ella, cansada de luchar, simplemente asintió. Alexander colocó su mano grande y cálida sobre el vientre de ella y, por primera vez en meses, le habló directamente al bebé.
—Aquí estoy, pequeño. Soy papá.
En ese instante, una onda clara y definida sacudió el vientre de Cassandra. Un golpe suave, pero firme, justo debajo de la mano de Alexander. Cassandra ahogó un grito de sorpresa.
—Se movió... —susurró ella, con los ojos muy abiertos.
Una Conexión Inexplicable
Lo que empezó como una coincidencia se convirtió en un patrón constante durante las semanas siguientes. El bebé de Cassandra parecía dormir un sueño profundo frente al resto del mundo, pero en cuanto Alexander entraba en la habitación o su voz resonaba en el pasillo, el pequeño iniciaba una danza de movimientos vigorosos.
—Es increíble —comentó Rodrigo una noche, viendo cómo su hija se iluminaba solo cuando Alexander estaba cerca—. Parece que tiene el radar de su padre integrado.
Para Cassandra, esto era una tortura emocional. Ella quería distanciarse, quería mantener su corazón blindado contra el hombre que la había lastimado, pero su propio hijo parecía estar dándole la bienvenida al "enemigo".
—¿Por qué lo haces? —le preguntó Cassandra a su vientre una noche a solas—. ¿Por qué solo le respondes a él?
Alexander, que pasaba horas en el jardín de abajo solo para estar cerca por si ella necesitaba algo, empezó a notar que Cassandra ya no le pedía que se fuera con tanta urgencia , como hacía unas semanas atras.Parecía que el bebé estaba forzando una tregua.
—No quiero que pienses que estoy usando la llegada del bebé para manipularte —le dijo Alexander un día, mientras le traía unos libros de Suiza que ella había mencionado—. Pero si él y tú necesitan de mi presencia para estar tranquilos, voy a estar aquí. Aunque sea detrás de la puerta. Aunque sea en el jardín , no me importa hacerlo.
Cassandra lo miró y, por primera vez, no vio al magnate frío, sino al hombre que estaba dispuesto a ser un espectador en su propia vida con tal de proteger ese pequeño vínculo de sangre. El orgullo de Cassandra empezaba a chocar con la realidad: su hijo ese pequeño ser que se estaba formando había perdonado a Alexander, y ella se preguntaba cuánto tiempo más podría sostener su propia muralla antes de que los movimientos de su bebé terminaran por derribarla, si había algo que había que reconocerle a ese hombre frío y distante es que a los que él consideraba parte de los suyos los cuidaba con devoción y experimentarlo de primera mano hacía titubear a Cassandra, quería seguir sintiendo dolor, rechazo, algo en contra de él, pero para sorpresa suya era como si en estos meses aquello se había ido desvaneciendo poco a poco de su vida, sin notarlo.