milena es una princesa que luchara por el trono
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La elección
El silencio dentro de la caverna era absoluto.
Milena no podía apartar la mirada de la esfera. Su luz latía con un ritmo constante, casi como un corazón… como si estuviera viva, esperando.
Esperándola a ella.
—No puede ser esta la única opción… —murmuró.
Su voz sonó más débil de lo que quería admitir.
El hombre encapuchado permanecía inmóvil.
—Lo es —respondió con calma—. Destruirla traerá caos. Dejarla como está… perpetuará lo mismo. Solo hay una forma de cambiarlo.
Milena cerró los ojos un instante.
Sentía el peso de todo sobre sus hombros: el reino, las vidas perdidas, el sacrificio de Darian… y ahora esto.
—¿Por eso él no lo hizo? —preguntó.
—Sí —respondió el hombre—. No estaba dispuesto a perderse a sí mismo.
Milena apretó los puños.
—¿Y eso lo hace débil?
—No —intervino Lysandra por primera vez con firmeza—. Lo hace humano.
Milena abrió los ojos y la miró.
Había algo en su expresión… comprensión, pero también miedo.
—Si haces esto… te perderemos —añadió Lysandra.
Esas palabras dolieron más que cualquier verdad.
Milena respiró hondo.
—Si no lo hago… perderemos mucho más.
El silencio volvió a caer.
La esfera brilló con más intensidad.
Milena dio un paso adelante.
La presión en su pecho aumentó.
Como si el lugar mismo reaccionara a su decisión.
—Milena… —dijo Lysandra en voz baja.
Pero no la detuvo.
—Toda mi vida he luchado por proteger —dijo Milena—. Personas… un reino… la verdad.
Se detuvo a unos pasos de la esfera.
—Y ahora entiendo que esto… va más allá de todo eso.
El hombre la observaba en silencio.
—No se trata solo de ganar batallas —continuó—. Se trata de evitar que comiencen.
Lysandra bajó la mirada.
Sabía lo que venía.
—No quiero esto —admitió Milena—. No quiero dejar de ser quien soy… no quiero olvidar… no quiero perder…
Su voz se quebró apenas.
—Pero tampoco puedo ignorarlo.
La esfera pulsó.
Más fuerte.
Como un llamado.
Milena extendió la mano lentamente.
El aire se volvió denso.
El tiempo… lento.
—Si hago esto… —susurró—. Que al menos valga la pena.
Y tocó la luz.
El impacto fue inmediato.
Una energía intensa recorrió su cuerpo. Sus recuerdos, sus emociones, su historia… todo comenzó a desvanecerse.
Darian.
Su sonrisa.
Su voz.
—No… —susurró, aferrándose a lo poco que quedaba.
Pero era inevitable.
Lysandra dio un paso adelante.
—¡Milena!
Pero ya era tarde.
La luz envolvió todo.
Y luego…
silencio.
Cuando desapareció, la caverna volvió a la calma.
La esfera ya no estaba.
En su lugar…
Milena.
De pie.
Inmóvil.
Sus ojos se abrieron lentamente.
Pero ya no eran los mismos.
Ya no había duda.
Ni dolor.
Ni miedo.
El hombre encapuchado inclinó la cabeza.
—Ha comenzado.
Lysandra se acercó con cautela.
—Milena… —susurró.
Ella la miró.
Pero no había reconocimiento.
Solo serenidad.
—El equilibrio… se mantiene —dijo con una voz distinta. Más profunda. Más lejana.
Lysandra sintió un nudo en el pecho.
—¿Recuerdas quién eres?
Milena guardó silencio.
Por un instante…
uno muy breve…
algo cruzó su mirada.
Una chispa.
Un eco.
Pero desapareció.
—Soy lo que el mundo necesita —respondió.
El silencio se volvió eterno.
Y en ese instante…
la guerrera dejó de existir.
Pero algo más…
había nacido.
Algo que vigilaría el destino de todos.
Desde las sombras.
Desde el equilibrio.
Y aunque el mundo nunca sabría su nombre…
su sacrificio…
lo cambiaría todo.