Una vez fui la general que nadie pudo doblegar.
Ahora… despierto en una jaula de cristal llamada familia.
Ella murió con traición en la sangre y una espada en el corazón.
Él era su hermano.
Él era su final.
Pero los dioses no entienden de finales.
Elara Voss. Hija legítima.
Olvidada. Humillada. Rechazada.
En su mansión, la hija adoptiva brilla como la estrella que nunca le permitieron ser.
Y todos… todos la adoran.
Excepto que algo dentro de Valeria despierta. Algo antiguo.
Algo que sabe matar con una mirada.
Y hay un secreto que nadie le dijo:
🗣️ Sus pensamientos… no son silenciosos.
La familia los oye.
El prometido los oye.
Pero la impostora… no.
¿Qué pasa cuando una leyenda renace en el cuerpo de la chica que todos ignoran?
¿Y si su voz interior… es la única arma que necesita para destruirlos a todos?
Entre galas de alta sociedad, sonrisas falsas y promesas rotas…
una guerra silenciosa está a punto de estallar.
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La Furia de Ariana
...┃ 𝐀𝐑𝐈𝐀𝐍𝐀 𝐕𝐎𝐒𝐒 ┃...
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Opté por quedarme allí, completamente paralizada en aquel rincón oscuro del pasillo, con la bandeja de té temblando entre mis manos como si fuese a derrumbarse en cualquier momento, mientras cada palabra que salía de la boca de Miriam me atravesaba como un cuchillo afilado directo al corazón —“un gran banquete... presentar oficialmente a Elara como mi hija biológica... el lugar que le corresponde”—, y no pude evitar sentir cómo la rabia me subía por la garganta, caliente y amarga, hasta que tuve que apretar los dientes con tanta fuerza que comenzaron a dolerme las mandíbulas y mis uñas se hundieron en las palmas sin que apenas pudiera notar el dolor.
Porque en todo lo que podía pensar en ese momento era en los diez años que había pasado construyendo este lugar perfecto para mí, siendo la única hija de esta familia, la princesita querida que consolaba a Miriam cada vez que se encontraba llorando por su hija perdida, la que recibía los abrazos de Victor, los regalos caros de Alexander y Valeria, las sonrisas protectoras de Damien, la que se había encargado de llenar aquel vacío que Elara había dejado al desaparecer y que ahora, con su regreso inesperado, amenazaba con quitarme todo lo que con tanto esfuerzo y lágrimas falsas había logrado conseguir.
—Maldita Elara —murmuré entre dientes tan bajo que nadie podía escucharlo—, ojalá te hubieras muerto en aquel accidente, ojalá nunca hubieras vuelto a aparecer oliendo a tierra y pobreza para arruinar lo que era mío.
Dejé la bandeja con cuidado encima de la mesita auxiliar tratando de no hacer ruido, y me limité a respirar hondo varias veces hasta calmar el temblor de mis manos y subí las escaleras con pasos silenciosos, como siempre hacia cuando necesitaba ocultar lo que realmente sentía, porque nadie en esta casa debe ver jamás la Ariana que hay debajo de la máscara de niña dulce e inocente.
Cerré la puerta de mi habitación con llave, me recosté contra ella y me observé en el espejo del tocador: tenía el rostro perfecto, los ojos grandes y “tristes” cuando quiero, el cabello impecable que tanto trabajo me cuesta mantener, la sonrisa que todos adoran... pero dentro de mí todo ardía, como un fuego que no dejaba de consumirme mientras que a la vez me repetía una y otra vez que no iba a permitirlo, que no iba a dejar que una muerta en vida me arrebatara lo que había conseguido ganar a base de años de lágrimas fingidas, de abrazos calculados y de palabras dulces en el momento exacto.
Miriam cree que soy “una buena chica” y que “lo entenderé”. Que ingenua. Piensa que con unas cuantas palabras bonitas y una caricia en la mejilla voy a seguir sonriendo y a aceptar que Elara tome el centro del escenario en ese banquete, que voy a permanecer en un segundo plano mientras todos le aplauden a su hija biológica perdida que volvió como por milagro. Y lo peor de todo: estará en mi mismo instituto.
Saint Augustine Academy, mi reino, el lugar en donde soy la reina indiscutible, donde las chicas no hacen más que adularme para poder permanecer cerca de mí, donde los chicos me observan como si fuese el trofeo más codiciado... y ahora Elara va a ingresar ahí también, con esa mirada fría que no hace más que ponerme los nervios de punta y con esa sonrisa que parece saber demasiado, y todos van a girar su cabeza hacia ella porque es “la hija verdadera de los Voss”, y las mismas personas que me rodean comenzarán a murmurar sobre su trágica historia, los profesores van a tratarla con curiosidad especial, y yo... yo me quedaré relegada a la adoptada de segunda, la que solo estuvo para llenar un hueco temporal.
No. De ninguna manera.
Opté por tomar asiento delante del tocador, saqué el móvil y abrí el grupo de chat con mis amigas del instituto, pero lo cerré de manera inmediata porque todavía no era el momento; primero necesitaba pensar con calma, y planear cada paso como siempre lo había hecho. Porque el banquete es en unos días. Y eso me daba tiempo suficiente para mover mis piezas, para estar completamente segura de que cuando esa noche tan esperada por Miriam llegara, que Elara no brille tanto como todos creen, para encargarme de convertir su gran presentación en algo que nadie jamás olvidará... pero no por las razones que ellos esperan.
No pude evitar sonreírle al espejo, mientras practicaba esa sonrisa dulce e inofensiva que todos conocen y adoran, la misma que me ha abierto tantas puertas en esta casa. Pero en mi mente solo había una frase que se repetía como un juramento venenoso: —“Esto no ha terminado, Elara. Tú volviste del accidente... pero yo me encargaré de que está vez no sobrevivas a la fiesta”—.