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NuevaEl Veredicto De Las Olas: Renacer En El Búnker

NuevaEl Veredicto De Las Olas: Renacer En El Búnker

Status: En proceso
Genre:Apocalipsis / Viaje a un mundo de fantasía / Reencarnación
Popularitas:546
Nilai: 5
nombre de autor: Santiago López P

Sinopsis
Tras morir en un trágico accidente, Sheila Roy despierta en el cuerpo de Saori, la hermana mayor de un personaje secundario en una popular novela de supervivencia zombie. Sabiendo que el fin del mundo comenzará en cuestión de días, utiliza sus conocimientos y los recursos de sus padres para construir un búnker inexpugnable y rescatar a sus hermanos.
Sin embargo, tras la primera noche del apocalipsis, Saori recupera un recuerdo aterrador: el mundo en el que habita no pertenece a una sola novela, sino a la fusión de dos historias distintas. La segunda trama introduce las "Olas de Mutación", eventos globales que transforman el clima, la flora y la fauna en depredadores letales.
Ahora, con un bebé rescatado, un perro que empieza a mostrar una inteligencia inquietante y un grupo de supervivientes bajo su mando, Saori debe liderar a los suyos a través del "Destello de los Mil Soles", un sueño profundo que marcará el inicio de la verdadera evolución biológica.

NovelToon tiene autorización de Santiago López P para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 1

La alarma chillaba sobre la mesa de noche. Era una melodía estridente y, francamente, pésima. Se incorporó con pesadez, maldiciendo aquel sonido que le destrozaba el tímpano cada mañana.

¿Por qué tenía que sonar así?

Se sentó en el borde de la cama, sintiéndose aturdido. De repente, una extraña sensación le recorrió la espalda; todo se sentía diferente, aunque no sabía explicar el motivo. Decidió no darle más vueltas al asunto por ahora. Quizás solo era el efecto de un mal despertar.

De repente, un golpe suave en la madera de la puerta rompió el silencio.

—¿Hermana, estás bien? —preguntó Leo desde el otro lado, con un tono que denotaba preocupación.

El pánico no llegó como una revelación intelectual, sino como un estallido físico.

​Saori se precipitó fuera de la cama, tropezando con sus propios pies. El suelo, extrañamente frío, le cortó la respiración. Mientras avanzaba a ciegas hacia el baño, notó algo asfixiante: la ropa. Tenía encima capas y capas de tela pesada, un tejido áspero y desconocido que se aferraba a su piel como un parásito. Ella siempre dormía con una camisa holgada; esto era una prisión de algodón.

​Arrojó las prendas al suelo con desesperación. Sus dedos temblaban tanto que apenas pudo accionar la llave de la ducha.

​Entró bajo el chorro de agua caliente, buscando calmar el pulso que le martilleaba en las sienes. Mantuvo los ojos cerrados, tratando de ignorar que el aire de la habitación olía a flores que no reconocía. Entonces, mientras dejaba que el agua empapara su nuca, sus dedos rozaron algo que la hizo retroceder contra la pared de azulejos.

​Algo húmedo, pesado y denso se deslizó por su espalda.

​Un mechón de cabello largo. Largo hasta los omóplatos.

​El aire se quedó atrapado en su garganta. Imposible. Ella tenía el cabello corto, un estilo bob que apenas rozaba sus hombros. La textura en sus dedos se sentía ajena, como si alguien hubiera cosido el cabello de un extraño en su propio cráneo.

​El corazón le dio un vuelco violento. Un zumbido agudo comenzó a taladrar sus oídos, ahogando el sonido del agua. Se aferró al borde de la ducha con los nudillos blancos, incapaz de moverse. Sus pulmones exigían oxígeno, pero solo lograba inhalaciones cortas y sibilantes.

​—No... esto no está pasando —susurró, aunque su voz sonó extraña, más aguda, más frágil.

​Con un esfuerzo titánico, obligó a sus párpados a abrirse. El vapor del baño difuminaba el ambiente, creando un velo blanquecino sobre el espejo. Con la mano temblorosa, apartó la condensación.

​No gritó. No pudo. El shock fue un golpe seco en el estómago que le robó la voluntad de huir.

​En el reflejo, una desconocida le devolvió la mirada. Tenía unos ojos grandes y oscuros, cargados de una tristeza que no le pertenecía, y una piel tan pálida que parecía de porcelana. Saori se tocó la mejilla; la mujer del espejo hizo lo mismo al instante. Sus dedos se encontraron con un rostro que no era el suyo.

​La realidad se tambaleó. ¿Por qué le latía el pulso en la garganta con tanta fuerza? ¿Por qué cada músculo de su cuerpo se sentía como si estuviera conectado a un sistema nervioso que no reconocía?

​Se dejó caer de rodillas en la ducha, con el agua aún golpeando su espalda, mientras el pánico comenzaba a mutar en algo más frío, más peligroso: la certeza de que su vida anterior se había borrado, y que este nuevo cuerpo era, de alguna manera, una sentencia.

El pánico le subió por el pecho como una marea negra. Saori intentó gritar, pero de su garganta solo brotó un sollozo ahogado, un sonido rasgado y agudo que ella misma no reconoció. Sus dedos, que todavía sentía como ajenos, se enterraron en las baldosas frías, intentando anclarse a una realidad que se le escapaba de las manos.

Entonces, el mundo exterior irrumpió.

La puerta del baño cedió con un estruendo seco, golpeando la pared con la fuerza de un impacto violento. Dos figuras irrumpieron en el cuarto. La luz del pasillo, demasiado brillante y blanca, cortó la penumbra del baño y la cegó por un instante.

—¡¿Saori?! ¡¿Estás bien?! —La voz de Leo era un grito de puro terror, una nota aguda que rebotaba contra los azulejos fríos.

Saori levantó la vista, aún jadeando, con los nudillos blancos de tanto apretar el borde de la bañera. Su mente intentaba procesar todo, pero ¿por qué el aire se sentía tan pesado? ¿Por qué la mirada de Leo no contenía amor fraternal, sino un miedo casi reverencial?

—¡Dios mío, su cara! —exclamó la otra figura, una mujer mayor vestida con un uniforme impecable, llevándose las manos a la boca en un gesto de espanto.

Saori ni siquiera pudo distinguir quién era esa mujer. Solo veía el horror reflejado en sus ojos, el mismo miedo que ella sentía al mirarse al espejo hace apenas un segundo. ¿Acaso esta nueva versión de sí misma era alguien a quien debían temer? ¿O era que su rostro, ahora desconocido, revelaba algo que ella todavía no comprendía?

El silencio que siguió fue insoportable, roto solo por el goteo constante y rítmico de la ducha que seguía encendida. Leo dio un paso al frente, pero se detuvo en seco, como si una fuerza invisible le impidiera acercarse a ella.

El ambiente en el baño se tensó. El niño, Leo, seguía paralizado en el umbral, con la confusión grabada en sus facciones. Pero no estaba solo. Tras él, una sombra más alta se proyectó sobre el suelo: era la versión adulta del pequeño, con la misma mirada intensa y esos inconfundibles ojos rojo sangre.

​—¿Por qué tanto alboroto? —preguntó el mayor con voz grave, escaneando el lugar con desconfianza.

​Saori no lo pensó. El pánico le nubló el juicio y su brazo reaccionó por instinto. Tomó la pastilla de jabón del estante y la lanzó con todas sus fuerzas contra la puerta.

​—¡Fuera! ¡Pervertidos! —chilló, cerrando la puerta de un golpe seco antes de girar el pestillo.

​Del otro lado, escuchó un murmullo de protestas indignadas. Ella se deslizó por la madera hasta quedar sentada en el suelo frío, con el pecho subiendo y bajando a un ritmo frenético.

​Entonces, ocurrió.

​Un dolor punzante, como si le estuvieran clavando agujas ardientes en las sienes, la obligó a cerrar los ojos. No fue una revelación tranquila; fue una invasión. Imágenes fragmentadas de una vida que no era la suya, pero que reconocía con una claridad aterradora, se proyectaron detrás de sus párpados.

​El olor a cobre y hierro... el grito de un tal Haruto Ichi... el caos en los pasillos de la preparatoria...

​No era un libro de texto. Eran recuerdos crudos.

​"Salvando a la humanidad". El título de la novela le golpeó el estómago como una piedra. Recordó la trama no como un resumen, sino como la sensación de impotencia que sentía al leerla: el apocalipsis empezaba en el baño de la escuela, Haruto huyendo con su grupo... y ella, esta ella, siendo la pieza prescindible. La segunda protagonista femenina cuyo único propósito narrativo era morir de forma trágica para que el resto del grupo pudiera avanzar.

​—Tiene que ser una broma... —susurró, con la voz quebrada.

​Las manos le temblaban tanto que, al apretarse la sien, sintió el pulso martilleando contra su piel. ¿Cómo podía ser? Ella, Saori, una chica normal, atrapada en un cuerpo que no le pertenecía, destinada a un sacrificio en una historia donde el "héroe" era un completo idiota. La injusticia le quemaba la garganta.

​No quería morir. Ni aquí, ni en ningún otro lugar.

​Se puso en pie con dificultad, apoyándose en la pared. La habitación, al verla con detenimiento, era inmensa; los techos altos y los muebles de madera oscura explicaban por qué se había tropezado tanto hace un momento. Era un espacio demasiado grande para ella.

​Caminó hasta el escritorio, moviéndose con una torpeza que aún no lograba dominar, y rebuscó en el bolso escolar que estaba tirado en una silla. Sus dedos encontraron lo que buscaba: un cuaderno forrado en cuero y un bolígrafo de tinta negra.

​Se sentó. Tenía que sacar esto de su cabeza antes de que el shock le borrara los detalles más importantes. Si olvidaba un solo nombre, una sola fecha, una sola debilidad de Haruto, su sentencia de muerte estaría firmada.

​Empezó a escribir, con la letra temblorosa, pero decidida. La tinta marcaba el papel como si estuviera grabando su propia supervivencia. Ya no era Saori, la lectora pasiva. Ahora era Saori, la mujer que tenía el mapa de su propio apocalipsis y que no pensaba seguir el guion del autor.

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