A veces los sentimientos llegan cuando menos deberían.
Una noche cualquiera, una convivencia inesperada y una conexión que nunca estuvo en los planes.
Esta no es una historia perfecta, es real, intensa y llena de decisiones que marcan para siempre.
Porque hay amores que no se buscan… simplemente pasan.
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Capítulo 11: Lo que duele también se queda
Desperté antes que él. El cuarto estaba en silencio y por un segundo olvidé todo. Luego sentí su brazo rodeándome la cintura y la realidad volvió de golpe.
Alejandro dormía profundamente, con el ceño ligeramente fruncido, como si incluso dormido estuviera preocupado.
Me moví con cuidado para no despertarlo, pero aun así abrió los ojos.
Alejandro: ¿Ya te vas?
Negué con la cabeza.
Melani: No… solo me desperté.
Se acercó más, pegándome a él.
Alejandro: Pensé que te irías otra vez.
Ese “otra vez” me dolió.
Melani: No voy a desaparecer sin decir nada.
Me miró fijo, como buscando algo en mi cara.
Alejandro: ¿Sigues molesta conmigo?
Respiré hondo.
Melani: No es molestia… es tristeza.
Alejandro pasó su mano por mi espalda lentamente.
Alejandro: Dime qué te duele, Mel.
Guardé silencio unos segundos.
Melani: Me duele sentir que tengo que esconderme. Me duele no poder abrazarte cuando quiero. Me duele saber que esto… —hice una pausa— tiene fecha de vencimiento.
Él cerró los ojos.
Alejandro: Yo también siento eso.
Se sentó en la cama y apoyó los codos en las rodillas.
Alejandro: A veces quisiera no sentir nada, sería más fácil.
Melani: Pero no es lo que te pasa.
Me miró.
Alejandro: No. Contigo no.
Ese silencio volvió, pero ya no era cómodo.
Melani: ¿Qué le dijiste a tu mamá?
Alejandro dudó.
Alejandro: Le dije la verdad… que me importas más de lo que debería.
Mi pecho se apretó.
Melani: ¿Y eso no te asusta?
Alejandro: Me aterra.
Se levantó y comenzó a caminar por el cuarto.
Alejandro: Me aterra porque no quiero perderte, pero tampoco quiero que te quedes en algo que no puedo darte completo.
Me senté en la cama.
Melani: Nadie me está obligando a quedarme.
Se detuvo frente a mí.
Alejandro: Pero yo sí podría ser quien te rompa.
Me puse de pie yo también.
Melani: Ya estoy rota desde antes, Ale. Tú no empezaste esto.
Me miró con dolor.
Alejandro: Entonces déjame al menos no empeorarlo.
Nos quedamos frente a frente, tan cerca que podía sentir su respiración.
Melani: ¿Sabes qué es lo peor?
Alejandro: ¿Qué?
Melani: Que aun sabiendo todo esto… sigo queriendo quedarme.
Él bajó la mirada.
Alejandro: Yo no te pedí eso.
Melani: No. Pero tampoco me alejaste.
Alejandro levantó la cabeza y me tomó las manos.
Alejandro: No puedo.
Mi voz salió casi en un susurro.
Melani: Lo sé.
Se inclinó y apoyó su frente contra la mía.
Alejandro: Perdóname por no ser lo que mereces.
Melani: No eres lo que necesito… eres lo que quiero.
Sus manos temblaron.
Alejandro: Mel…
Melani: Solo dime algo —lo interrumpí—. ¿Te quedarías si nada nos detuviera?
No respondió de inmediato.
Alejandro: Sí. Sin dudarlo.
Eso fue suficiente para romperme un poco más.
Melani: Entonces no me mientas diciendo que esto no importa.
Me abrazó fuerte, como si quisiera protegerme de todo.
Alejandro: Me importas demasiado… y eso es lo que más duele.
Nos quedamos así hasta que escuchamos movimiento en la casa. Alejandro se separó lentamente.
Alejandro: Tengo que irme antes de que se den cuenta.
Asentí.
Melani: Lo sé.
Antes de salir, se giró.
Alejandro: No te vayas de mi lado todavía.
Melani: No lo haré… pero tampoco me prometas cosas que no sabes si podrás cumplir.
Se acercó y me dio un beso en la frente.
Alejandro: Entonces prometo solo esto: mientras estés aquí, voy a cuidarte.
Lo vi salir y la puerta cerrarse detrás de él. Me quedé sola en el cuarto, con el corazón pesado, entendiendo que amar también podía ser quedarse… aun cuando dolía.