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La Curación Del Corazón

La Curación Del Corazón

Status: Terminada
Genre:Diferencia de edad / Mundo mágico / Época / Romance / Amor en la madurez / Completas
Popularitas:84.8k
Nilai: 5
nombre de autor: LunaDeMandala

Felicity siempre ha vivido para servir a su familia.. Pero, ahora cuando se siente madura y en paz, tiene la posibilidad de volver a empezar..

* Esta novela es parte de un universo mágico *
** Todas novelas independientes **

NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Doctores

Cuando el carruaje cruzó los portones de la mansión Dagger, el ambiente cambió de inmediato. No fue algo que se dijera en voz alta, ni un gesto evidente, pero Felicity lo sintió con la precisión de quien ha aprendido a leer los silencios de su hogar.

Durante el viaje, su padre había mostrado una cercanía tímida con Florence. La había cargado un poco más, le había hablado en voz baja, incluso había sonreído. Pequeños gestos, frágiles, pero reales.

En Bernicia, todo eso desapareció.

La mansión estaba igual que siempre.. los pasillos largos, las ventanas altas, los retratos familiares colgados en las paredes. Y precisamente por eso, el barón Ferdinand Dagger comenzó a retraerse otra vez. Caminaba más rápido, evitaba ciertos salones, pasaba más horas en su despacho.

Felicity notó que ya no buscaba a Florence. Si la veía, se detenía apenas un segundo, como sorprendido… y luego desviaba la mirada. A veces murmuraba una excusa ..trabajo, cansancio, asuntos pendientes.. y se alejaba.

Florence, ajena al motivo, lo miraba con curiosidad cuando pasaba cerca. Estiraba los brazos en ocasiones, llamándolo con balbuceos suaves. El barón se quedaba rígido, como si ese gesto le atravesara el pecho, y se marchaba sin responder.

El parecido era cada día más evidente.

Los mismos ojos verdes, la misma forma delicada del rostro, incluso algunos gestos inconscientes. Para el barón, cada mirada a Florence era un recuerdo vivo de su esposa perdida. La mansión, que había sido su hogar compartido, se transformaba en un eco constante de lo que ya no estaba.

Felicity observaba todo en silencio.

No juzgaba. Entendía el dolor de su padre, aunque le doliera a ella también. Aun así, era imposible no sentir una pena profunda al ver cómo aquella pequeña cercanía, tan costosa de lograr, se desvanecía sin que nadie pudiera evitarlo.

Así, poco a poco, la responsabilidad volvió a recaer casi por completo sobre ella.

Felicity tomó a Florence en brazos con la naturalidad de siempre, le habló, la consoló, la acompañó en sus primeros juegos por los corredores. La mansión volvía a ser lo que había sido desde la muerte de su madre.. un lugar donde ella sostenía la vida cotidiana mientras su padre sobrevivía al recuerdo.

Y mientras el barón se refugiaba en el trabajo y en la distancia, Felicity comprendió, una vez más, que el hogar no siempre es el lugar donde se está acompañado… sino donde se aprende a cargar el amor incluso cuando duele.

El tiempo pasó, y con él llegaron nuevas preocupaciones.

Una tarde tranquila, mientras Felicity jugaba en el jardín con Florence, ayudándola a dar pasos entre la hierba y riendo con sus torpes intentos por correr, ocurrió el accidente. Fue un instante breve, casi insignificante.. una raíz mal escondida, un apoyo mal calculado.

Felicity cayó.

Instintivamente protegió a Florence, girando el cuerpo para que la niña no se golpeara. Florence solo se asustó y comenzó a llorar, ilesa, pero Felicity quedó tendida en el suelo, con el aire atrapado en el pecho y un dolor agudo recorriéndole la pierna izquierda.

No gritó. Nunca lo hacía.

Se limitó a respirar hondo, apretando los dientes, hasta que pudo incorporarse con dificultad y tomar a Florence en brazos para tranquilizarla.

A partir de ese día, el problema en su pierna se agudizó.

El dolor, que antes era una molestia constante pero manejable, se volvió más intenso. Había rigidez al amanecer, punzadas al caminar, y un cansancio que se instalaba con rapidez. Aun así, Felicity no se permitió detenerse. Continuó con sus tareas, con el cuidado de Florence, con la administración de la casa.

Pero el cuerpo comenzó a pasarle la cuenta.

Por las noches, cuando nadie la veía, Felicity se sentaba al borde de la cama y masajeaba la pierna con cuidado, conteniendo el gesto de dolor. A veces cerraba los ojos y respiraba despacio, esperando que pasara. Otras, simplemente aceptaba que no pasaría.

Florence, sensible a todo, notaba los cambios. Caminaba más despacio junto a ella, se aferraba a su falda, la miraba con esos ojos verdes tan parecidos a los de su madre, como si entendiera que su “Feli” estaba cansada.

Felicity sonreía para tranquilizarla.

—Estoy bien, pequeña —le decía siempre.

Pero en el fondo sabía que aquella caída no había sido solo un accidente menor. Había dejado una marca más profunda, una que le recordaba con crudeza sus límites físicos, justo cuando más necesitaban de ella.

Y aun así, como tantas veces antes, Felicity decidió callar el dolor.

Porque proteger a Florence había sido lo primero.

Y porque, para ella, cuidar de los demás seguía siendo más importante que cuidarse a sí misma, incluso cuando cada paso comenzaba a dolerle más que el anterior.

Aun asi, la preocupación del barón Dagger creció en silencio, como una sombra que se alargaba día tras día.

Al principio observó pequeños detalles.. la forma en que Felicity apoyaba menos la pierna, cómo evitaba los trayectos largos por la mansión, cómo se detenía un segundo antes de subir las escaleras. Ella nunca se quejaba, nunca pedía ayuda, pero un padre ..aunque herido por la ausencia y la culpa.. aprende a reconocer el dolor cuando lo ve demasiado de cerca.

Fue entonces cuando comenzó a llamar a doctores.

Llegaron médicos de distintas ciudades del reino de Bernicia, hombres formados, prudentes, con instrumentos pulidos y palabras medidas. Examinaron la pierna, palparon, hicieron preguntas, pidieron reposo, ungüentos, vendajes, infusiones de hierbas.

..Es una lesión antigua ..decían algunos.

..El golpe la agravó ..opinaban otros.

..No debería forzarla ..concluían todos.

Pero ninguno ofrecía una solución real.

No había promesas de mejora, solo advertencias. Nada que devolviera la movilidad plena, nada que calmara el dolor de manera definitiva. Felicity asentía con educación, agradecía, y seguía adelante como si aquellas palabras no cambiaran nada.

El barón, frustrado, comenzó a buscar algo más.

Pensó en la magia.

Sin embargo, Bernicia no era un reino donde la magia fluyera con naturalidad. A diferencia de otros reinos o grandes imperios ..donde los hechiceros caminaban por las calles, donde los sanadores mágicos eran parte del día a día.., la magia en Bernicia era escasa y reservada.

Poca. Controlada. Distante.

Los pocos magos que existían estaban ligados a la realeza o a antiguas órdenes, y sus dones se utilizaban para asuntos de Estado, protección de fronteras, pactos sagrados. No para una pierna dañada, por más injusto que aquello pareciera.

El barón hizo consultas discretas. Envió cartas. Ofreció recursos, favores, incluso alianzas. Pero las respuestas fueron siempre vagas o directamente negativas. La magia, le dijeron, no era para todos. Y menos aún para un problema que no amenazaba la vida.

Felicity nunca pidió que siguiera intentando.

..No es necesario, padre ..le dijo una noche, con una serenidad que dolía más que cualquier reproche... Hay cosas que simplemente… se aceptan.

Pero el barón no podía aceptar tan fácilmente.

Cada vez que veía a Florence correr por los pasillos y luego mirar hacia atrás para asegurarse de que Felicity la seguía, aunque fuera despacio, sentía el peso de una culpa que no sabía cómo redimir. Aquella hija que había cargado con tanto desde demasiado joven ahora cargaba también con un cuerpo que empezaba a fallarle.

Bernicia tenía recursos, riqueza, estabilidad.

Pero en ese punto crucial, le faltaba lo esencial.

Le faltaba magia.

Y en ese vacío, el barón comenzó a comprender que, si quería ayudar verdaderamente a Felicity, quizás tendría que mirar más allá de las fronteras del reino, hacia lugares donde la magia no fuera un privilegio, sino una esperanza.

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Nan Nancy quinones
Excelente Felicity se merecía su felicidad, que bellamente resuelta su vida.🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Nan Nancy quinones
Excelente Felicity se merecía su felicidad, que bellamente resuelta su vida.🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Nan Nancy quinones
Que hermoso que Felicity encontró la amor de pareja ya que el amor de familia lo tenía ahora viene su realización como mujer💕💕💕💖💖💖💖🥰🥰🥰🥰
guillermina hernandezcordero
es un idiota estúpido
Topy71 🇦🇷
Ya apareció el reverendo idiota 🤬
Topy71 🇦🇷
Ay tarado! Preguntar no?
Topy71 🇦🇷
Este Angel la va a convertir en una bortacha 🤣🤣🤣
sotlas
un extra por favor... que hasta los 50 la mujeres menstruan y ella va por los 40 y algo. de paso el es mago sanador...un hijo por lo menos
juana maria meneses bautista
el que no estaba muerto andaba de investigación 😡😡😡😡😡 me acuerdo del desgraciado que pensó que la mujer toda la vida iba estar esperándolo 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Coromoto Hernández
solo un beso 😉😉
Erikca Suarez
exelente el amor no mide la edad
juana maria meneses bautista
el papá de ella donde anda 🤔🤔🤔🤔 es extraño se pierde mucho será que tiene otra familia
MariaVG😘
hermosa historia me encantó. Felicidades 🎉🎉🎉
Paola EE
que belloooo🥰🥰🥰🥰🥰
Yorleni Velasquez Villamizar
autora 🤰y los mini maguitos y felicitos que ,por fis y la familia de ellos que no sea malita ,así sea un extra porfía 😭
Karlite
Hermosa 🥰
MariaVG😘
pobre Felecity 40 años y primera vez que ve el torso de un hombre 🤣🤣🤣
MariaVG😘
más idiota imposible . Será que no tiene boca para preguntar
Viviana Ranieri
Excelente!!! Me encantó que finalmente Felicity dejó de estar sola. Ella siempre estuvo para todos pero nadie se ocupó de ella hasta que llegó Ángel. Gracias autora por compartir tus historias maravillosas del mundo mágico.
Paola EE
me encanta Angel
... pero me gustaría que colocarán una imagen de él... aún no lo describen del todo... cómo es su cara... falta una imagen
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