Morí sin haber amado…
y desperté en un mundo donde el destino se divide en Alfas, Deltas, Omegas y Enigmas.
Reencarnado como un omega en una era antigua llena de magia y alquimia, Arion finge amnesia para sobrevivir.
Todo cambia cuando conoce a Eryndor, un poderoso Enigma capaz de escuchar los pensamientos más profundos del omega… incluso los recuerdos de una vida pasada.
Un amor prohibido.
Un destino que desafía las leyes.
Una familia nacida contra todo pronóstico
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Capítulo 11: Lo que despierta en mí
Arion pasó el resto del día con la mente en otro lugar.
Cada vez que recordaba el beso, aunque hubiera sido breve y torpe, una sensación cálida le recorría el pecho y descendía lentamente, instalándose en un punto que no sabía nombrar. Su cuerpo reaccionaba antes que sus pensamientos, y eso lo desconcertaba… pero no quería rechazarlo.
Esa noche, al quedarse solo, se sentó en el borde de la cama y apoyó las manos sobre sus muslos.
—¿Esto… es deseo? —susurró para sí.
El simple roce de la tela contra su piel le provocó un estremecimiento. No era algo violento ni urgente, sino una conciencia nueva de su propio cuerpo. De cómo respiraba. De cómo sentía.
Antes nunca pensaba en esto, recordó.
Vivía… pero no me habitaba.
Un golpe suave en la puerta lo sacó de sus pensamientos.
—Arion —la voz de Eryndor llegó amortiguada—. ¿Puedo pasar?
El omega dudó apenas un segundo.
—Sí.
El Enigma entró despacio, como si intuyera el estado delicado en el que se encontraba. Sus ojos se detuvieron en el rostro sonrojado de Arion, en su postura tensa.
—Tu mente está… inquieta —dijo con suavidad—. ¿Te sientes mal?
Arion negó con la cabeza, pero no levantó la mirada.
—No es eso. Es solo que… desde hoy siento cosas que no sé manejar.
Eryndor se acercó, manteniendo una distancia respetuosa.
—Cuéntame.
El omega apretó los dedos contra la tela de su ropa.
—Mi cuerpo reacciona solo —confesó—. A tu voz. A tu cercanía. Y eso me asusta un poco.
El silencio se llenó de una tensión suave, expectante.
—¿Te asusta porque no lo deseas… —preguntó Eryndor— o porque sí?
Arion levantó la vista lentamente. Sus ojos brillaban con una mezcla de vergüenza y honestidad.
—Porque sí.
Eryndor exhaló despacio, como conteniéndose.
—Entonces escucha esto con atención —dijo—. Desear no te obliga a nada. Sentir no te quita control. Solo te muestra lo que vive en ti.
Arion tragó saliva.
—En mi vida pasada nunca deseé a nadie —admitió—. Tal vez… porque nunca me permití hacerlo.
El Enigma se sentó frente a él, a la misma altura, sin tocarlo.
—Esta vida es distinta —respondió—. Y tú también lo eres.
La cercanía volvió a despertar ese calor interno, más definido ahora, más consciente. Arion apoyó una mano en su pecho, respirando con dificultad.
—Eryndor… —murmuró—. No quiero huir de esto. Pero necesito ir despacio.
—Y así será —aseguró él—. A tu ritmo.
Por un instante, el omega pensó que el Enigma se marcharía. Pero en lugar de eso, Eryndor extendió la mano y dejó que sus dedos rozaran apenas los de Arion, un contacto leve, casi simbólico.
El cuerpo del omega respondió de inmediato, con un estremecimiento suave.
No era miedo.
Era reconocimiento.
Arion entrelazó sus dedos con los de Eryndor, tímidamente, y apoyó la frente en su hombro.
—Gracias —susurró—. Por no exigirme nada.
Eryndor cerró los ojos.
—Gracias a ti —respondió—. Por atreverte a sentir.
Y en ese gesto simple, Arion entendió que algo dentro de él había despertado para quedarse.