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La Esposa Del Lobo De Plata

La Esposa Del Lobo De Plata

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Sebastián Volk es el hombre más temido de la alta sociedad. Tras una máscara de plata esconde un secreto monstruoso: es el último heredero de una estirpe de licántropos. Cuando la familia del Sol debe entregar una hija en matrimonio, Mía huye del compromiso y Luna ocupa su lugar. Despreciada por su madrastra, Luna ve en Sebastián la oportunidad perfecta para vengarse. Pero el lobo esperaba una esposa sumisa y encontró a una mujer que no teme desafiarlo. Entre deseo, traiciones y secretos sangrientos, ambos descubrirán que el matrimonio puede ser una prisión… o el comienzo de una guerra.

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Capítulo 14: Veinticuatro horas

​El reloj de pared de caoba marcaba las tres de la madrugada.

​En el despacho privado de la mansión, el único punto de luz provenía de una lámpara de escritorio de bronce y del resplandor azulado de las tres pantallas que proyectaban esquemas financieros.

El aire olía a café cargado, papel antiguo y esa tensión eléctrica que no había cesado desde que Sebastián apuró la taza envenenada.

​Decenas de documentos, balances contables y mapas de rutas de suministro cubrían la mesa de caoba.

​Luna estaba sentada frente a uno de los monitores principales, con la chaqueta de su traje sastre descansando en el respaldo de la silla.

Tenía las mangas de la blusa de seda remangadas hasta los codos y el cabello recogido de forma improvisada, dejando al descubierto la pálida línea de su cuello.

​A su lado, tan cerca que el calor de su cuerpo atravesaba la tela fina de la ropa, Sebastián revisaba un archivo de inteligencia.

​—Si bloqueamos los fondos de esta cuenta fantasma en Zúrich —dijo Luna, señalando una línea de código en la pantalla—, le cortamos el flujo de capital al Consejero Vane en menos de doce horas. Sin dinero, sus mercenarios no se moverán.

​Sebastián se inclinó un poco más sobre su hombro para observar la cifra.

​—Vane tiene una cuenta de respaldo en las Islas Caimán —murmuró él. Su voz, grave y rasposa por el cansancio y la penumbra, resonó a escasos centímetros del oído de ella—. No usará la de Zúrich a menos que lo acorralemos en el mercado local.

​Al estirar el brazo para señalar el documento en la mesa, la mano de Sebastián rozó la de Luna.

​Fue un contacto breve, una fricción de piel contra piel que hizo que ambos se congelaran por un milisegundo. Un chispazo invisible de electricidad recorrió el brazo de Luna, haciendo que su respiración se detuviera de golpe.

​Ninguno de los dos retiró la mano.

​Luna giró la cabeza lentamente para mirarlo. En la penumbra de la estancia, la mitad descubierta del rostro de Sebastián lucía facciones afiladas, casi esculpidas. Su único ojo visible, de un gris tormentoso y profundo, no miraba la pantalla; la miraba a ella.

​—Llevamos seis horas seguidas en esto —dijo Luna en un susurro, intentando mantener la voz firme mientras sentía cómo el pulso se le aceleraba en la garganta.

​—Y no hemos avanzado ni la mitad de lo necesario —respondió Sebastián sin apartar la vista de sus labios.

​—Avanzamos lo suficiente para saber que el Consejo está acorralado —repuso ella, girando levemente el torso hacia él. El movimiento hizo que la rodilla de Luna ropara la pierna de Sebastián bajo la mesa—. Estás agotado, Sebastián.

​—No estoy agotado —corrigió él, apoyando una mano sobre el borde del escritorio, acorralando a Luna contra la silla—. Estoy distraído.

​El tono de su voz bajó una octava, volviéndose denso, peligroso y profundamente intimidador.

​Luna sintió un escalofrío abrasador recorrerle la espina dorsal. Apoyó la palma de su mano sobre la mesa, buscando un punto de apoyo, pero sus dedos terminaron sobre el dorso de la mano de él.

El calor que emanaba la piel de Sebastián era sofocante, un fuego latente que amenazaba con consumir la fachada de hielo que a ella le había llevado años construir.

​—Dijiste que esto era un pacto de beneficio mutuo —murmuró Luna, alzando la barbilla para sostenerle la mirada—. Las distracciones no estaban en el contrato.

​—El contrato cambió el momento en que me diste a beber ese té —susurró Sebastián, inclinándose un milímetro más.

​La proximidad se volvió insoportable. El aroma a pino silvestre, ozono y piel tibia inundó los sentidos de Luna. Podía ver el reflejo de la luz del monitor en el borde afilado de la máscara de plata y sentir la respiración pausada y pesada de él rozándole los pómulos.

​Es una locura, se dijo a sí misma mientras sentía que el ritmo de su corazón martillaba con fuerza contra sus costillas. Es el rey de esta casa oscura, un depredador salvaje... pero no puedo alejarme.

​Sebastián levantó su mano libre y, con una lentitud casi tortuosa, rozó el contorno de la mandíbula de Luna con la yema de sus dedos. La caricia fue firme, cargada de una posesividad contenida que hizo que ella entreabriera los labios en una exhalación muda.

​—No le tienes miedo a la bestia, Luna —murmuró Sebastián, fijando su ojo gris en la boca de ella—. Y eso es lo más peligroso que has hecho desde que entraste a esta mansión.

​—Tú tampoco le tienes miedo a la mujer que vino a destruirte —respondió ella en un susurro ardiente.

​—A ti no te temo —dijo él—. Te deseo.

​Sebastián se inclinó el último milímetro. Sus labios estaban a punto de rozar los de Luna en un beso hambriento y contenido que amenazaba con romper todas las barreras estratégicas entre ambos. Luna cerró los ojos por una fracción de segundo, rindiéndose a la atracción brutal que los devoraba.

​De pronto, un chirrido agudo y ensordecedor perforó el silencio del despacho.

​El aire se volvió rojo.

​Las luces principales se apagaron de golpe y los reflectores de emergencia estallaron en ráfagas de luz escarlata que giraban sobre las paredes de piedra.

Un pulso electromagnético sacudió la mansión, haciendo que los monitores de la mesa parpadearan con interferencia antes de desplegar un contador regresivo en letras gigantescas.

​Sebastián se distanció en un movimiento instintivo, poniéndose de pie de un salto mientras la máscara de plata reflejaba los destellos Rojos de la alarma.

​Luna se erguí en la silla, con el aliento agitado y las pupilas dilatadas por el cambio drástico de atmósfera.

​—¿Qué es esto? —preguntó ella, poniéndose de pie al instante.

​Sebastián no respondió de inmediato. Su postura se volvió rígida, en guardia, mientras las fosas nasales de su lado descubierto se dilataban de forma salvaje. El tono gris de su ojo comenzó a chispear con destellos dorados irrefrenables.

​En la pantalla central del despacho, los números digitales avanzaban en una cuenta regresiva implacable:

​23:59:59

​El sistema de seguridad automatizado de la mansión emitió una voz sintética y grave que retumbó en los altavoces de toda la propiedad:

​“Alerta de fase lunar. Se ha iniciado el protocolo de aislamiento biológico de nivel cuatro. Cierre de accesos en progreso. Tiempo restante para la luna llena: exactamente veinticuatro horas.”

​Sebastián giró la cabeza hacia Luna. La miró con una expresión indescifrable donde el deseo reprimido, el peligro inminente y la advertencia feroz chocaban en un solo punto.

​—Se acabó el tiempo de la diplomacia, Luna —dijo él, con una voz que ya no pertenecía del todo a un hombre.

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Carolina A²V
que paso Victoria se te fue la valentía que trajiste❓️🤔
Carolina A²V
dónde se supone está la dichosa orden por desde que llegaron no han mostrado nada
Jesus Castro Montero
Por que Victoria quiere todo lo que tiene Luna ahora sabe que Luna no es nada sumisa ni tonta por que no acabar de una vez con esa escoria que lo único que hace es dar más problemas
Jesus Castro Montero
Luna eres buen terca y que poco te conoce Sebastián jamás te quedarás quieta y hoy más que nunca verá que cometió el error de no consultarte bueno ek se lo busco
Carolina A²V
😂😂😂 demuestralo porque las palabras de una loca cómo tu hija no son de peso 🤨🤔
Carolina A²V
un comentario que hago leo los cargos y me pregunto que hace victoria en ese lugar❓️🤔 porque no la puedo relacionar con nada de lo que sucede 🤔
Carolina A²V
esos funcionarios están buscando narcotraficantes o que❓️🤨🤔
Jesus Castro Montero
Luna no te cree Sebastián ahora tienes que remar mucho para que Luna te pueda perdonar🥰❤️😂🤣💘😈
Carolina A²V
que te dije ella no es de las que se sientan a esperar que pasen las cosas
Carolina A²V
y no te dijo nada previamente
supongo que tu harás tu parte ya que no te piensas quedar sin hacer nada
Carolina A²V
debió bajar a ordenar el desayuno de ambos 🤔
Carolina A²V
Bueno dicen que para cada roto hay un descocido 🤷🏻‍♀️
Carolina A²V
ahora si llego la entrega que dos cuerpos estaban necesitando 🔥🥵❤️‍🔥
Betty Saavedra Alvarado
Luna eres fuerte y empoderada nadie puede contigo Sebas está luchanfo ahora vas a estar su lado para acabar con la Sombras
Betty Saavedra Alvarado
Luna si que eres terca deja que Sebas arregle todo tu vida corre peligro
Carolina A²V
en pocas palabras tu cable a tierra 🤔
Carolina A²V
eso es cierto tu pediste casarte en lugar de mía
Carolina A²V
El detalle está que ella no te creerá así tan fácilmente 🫤🤨🤔
Carolina A²V
por eso te pregunté sobre las tijeras en contra de Sebastián 🤔🫤
Carolina A²V
en serio tienes pensado usar esas tijeras❓️🤔🤨
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