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TU, MI HISTORIA INESPERADA

TU, MI HISTORIA INESPERADA

Status: Terminada
Genre:Grandes Curvas / Romance de oficina / Completas
Popularitas:23.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yazz García

NOVELA +18 ⚠️

Julieta Álvarez siempre ha creído que el amor merece segundas oportunidades. El problema es que lleva tres años dándole oportunidades a la persona equivocada.

Cuando finalmente decide ponerle punto final a una relación que solo le ha dejado secretos, excusas y demasiadas decepciones, lo último que espera es que su vida se complique todavía más con la llegada de Alejandro Santana.

NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1

...JULIETA ÁLVAREZ ...

—Apágalo o contéstale de una vez, Julieta. Es la cuarta llamada en diez minutos.

El teléfono sobre mi escritorio no paraba de vibrar, avanzando milímetro a milímetro hacia el borde como si estuviera considerando seriamente suicidarse para escapar de su propio dueño.

Roberto.

Miré la pantalla una vez más antes de ponerlo boca abajo sobre la montaña de papeles que tenía frente a mí.

Claro.

Porque esconder el celular mágicamente borraba el hecho de que mi vida sentimental era un desastre de proporciones bíblicas.

—No puedo —murmuré, pasándome una mano por la frente—. Si le contesto ahora vamos a terminar gritándonos en medio de la oficina y el señor Gómez va a descontarme el día. Otra vez.

Daniela se apoyó en el borde de mi escritorio, cruzando los brazos y mirándome con esa expresión de te lo dije que llevaba perfeccionando durante los últimos tres años.

—Ayer saliste hecha un mar de lágrimas del motel y hoy simplemente lo ignoras. Tienes que terminarle ya, Julieta. Ese hombre no va a dejar a su esposa. Nunca. Ni aunque caiga un meteorito y ella sea la única sobreviviente.

—Ya lo sé, Dani.

—No, no lo sabes. Llevas tres años diciendo “ya lo sé” con cara de venado degollado y, cada vez que te promete tres gotas de atención y una cena mediocre, vuelves a caer.

—¡No es tan fácil! —susurré, mirando a ambos lados como si estuviéramos traficando secretos de Estado—. Conozco a Roberto de toda la vida. Sé que estamos haciendo las cosas mal, pero… una parte de mí sigue esperando al hombre con quien compartí mi adolescencia.

Daniela dejó escapar un suspiro.

—Ese hombre murió cuando le puso un anillo de tres quilates en el dedo a otra.

Su voz fue dura, aunque había una lástima en sus ojos que consiguió dolerme más que el regaño.

—Te está usando, Juli. Y tú le estás regalando tus mejores años a un imbécil que ni siquiera sabe combinar la corbata.

Abrí la boca para defenderlo.

No encontré cómo.

Porque, además de todo lo demás, Roberto realmente no sabía combinar la corbata.

El teléfono volvió a vibrar contra la madera.

Bzzzz. Bzzzz.

Las dos nos quedamos mirando la pantalla iluminada como si acabáramos de descubrir una bomba de tiempo con nuestro nombre escrito encima.

No le había dicho nada definitivo la noche anterior.

No me había atrevido.

En mi cabeza, salir huyendo del motel a mitad de la noche había sido una declaración poética de dignidad.

Para Roberto, claramente solo había sido un berrinche que se solucionaba con tres llamadas, una disculpa y alguna de sus promesas vacías.

—¿No va a responder?

La voz grave llegó desde nuestras espaldas.

Daniela y yo dimos un brinco que casi me hizo tirar el lapicero. Mi corazón saltó directamente a mi garganta.

Alejandro Santana estaba de pie a menos de un metro. Posición erguida, carpeta negra bajo el brazo, traje impecable sin una sola arruga y la expresión facial de un bloque de granito.

Si alguien me decía que lo desenchufaban todas las noches para cargarlo en el almacén, probablemente le creía.

—Santana… —dijo Daniela, aclarándose la garganta a toda prisa e incorporándose de golpe—.No te escuchamos llegar.

—Vengo a traerle esta carpeta —contestó él, sin dignarse a mirarla.

Sus ojos se clavaron directamente en mí.

—Y el teléfono lleva sonando todo el día. Está desconcentrando al área de corrección.

—Lo siento —dije deprisa, apagando el volumen del celular con los dedos—. No vuelve a pasar.

—Si no va a contestar, apáguelo. O resuelva su problema afuera —añadió en el mismo tono neutro, dejando la carpeta sobre mi mesa con una precisión casi quirúrgica—. No podemos retrasar el manuscrito de las cinco porque usted tenga la cabeza en otra parte.

Gracias por la empatía, robot.

Daniela lo miró con una rabia disimulada que casi podía quemar la alfombra.

—No seas tan insensible, Alejandro. Julieta solo está pasando por un momento difícil.

—Esto es una editorial, no un centro de apoyo emocional —respondió él sin despeinarse.

Por supuesto.

¿Por qué iba a necesitar una pizca de humanidad cuando podía ofrecerme un recordatorio administrativo?

Alejandro se dio la vuelta con la fluidez de un androide de última generación y regresó a su escritorio al fondo del pasillo.

Esperamos hasta que estuvo fuera de alcance.

—Qué tipo tan pesado —murmuró Daniela, luego se inclinó un poco hacia mí —A veces creo que si lo cortas con un papel, le sale refrigerante en lugar de sangre.

Miré la espalda de Alejandro mientras se sentaba frente a su computadora con la postura solemne de un monarca medieval.

—Empiezo a creer que Santana es un robot de verdad —añadió Daniela, acomodándose un mechón de cabello—. Ni siquiera parpadea como una persona normal.

—¿Cómo que no?

—Estoy segura de que parpadea una vez cada tres minutos solo para mantener las apariencias.

Tuve que morderme el interior de la mejilla para no reír.

—Déjalo, Dani. En parte tiene razón —suspiré, guardando el teléfono en el fondo del cajón para no caer en la tentación de tirarlo por la ventana—.Tengo que enfocarme.

—Bueno, te dejo trabajar. Pero hablamos en la comida, ¿de acuerdo? De hoy no pasa que me cuentes qué vas a hacer con el mantenido emocional de Roberto.

Asentí.

Daniela me dio un apretón cariñoso en el hombro y regresó a su cubículo.

El departamento de edición volvió a sumergirse en su ambiente habitual: el tecleo constante, el murmullo lejano de las llamadas de ventas y el crujido de las hojas al pasar.

Intenté concentrarme en la carpeta que el androide Santana había dejado sobre mi mesa.

Era el manuscrito de una novela histórica que necesitaba corrección urgente.

Perfecto.

Justo lo que necesitaba para despejar la cabeza.

Leí la primera línea.

“El conde observó el horizonte mientras el viento…”

Volví a leerla.

Una tercera vez.

Mi cerebro, sin embargo, decidió traducirla como:

“Roberto es un cobarde y tú eres una tonta.”

Cerré los ojos.

Respiré.

Volví a mirar la página.

El conde seguía observando el horizonte.

Qué suerte la suya.

Al menos él tenía claro hacia dónde mirar.

Quince minutos después, me puse de pie con los documentos en la mano.

Necesitaba que Alejandro me aclarara un par de notas al margen que parecían escritas en una mezcla de jeroglífico militar y código secreto.

Caminé hacia el fondo de la oficina, sintiendo que avanzaba voluntariamente hacia la cueva del dragón.

El escritorio de Alejandro era el único que lucía alarmantemente despejado.

Ni fotos familiares.

Ni tazas con frases motivacionales de “Lunes otra vez”.

Ni notas adhesivas de colores.

Ni siquiera una planta medio moribunda pidiendo agua.

Solo su computadora, una lámpara de luz fría y él.

Un monumento al vacío existencial.

—Santana —dije, deteniéndome a una distancia prudente.

Por si acaso.

No levantó la vista de la pantalla.

Sus dedos se movían sobre el teclado con una precisión rítmica y calculada que, por alguna razón, me dio dolor de cabeza.

—¿Qué pasa, Álvarez?

—Tengo una duda con los cambios del capítulo cuatro. Señalaste tres párrafos para reestructurar, pero no pusiste la llamada a pie de página.

—Página doce. Nota tres —respondió sin dudar un solo segundo y sin mirarme—. Está en el archivo digital del servidor. Debería haberlo revisado antes de imprimir.

Apreté las hojas contra mi pecho.

—Lo siento. No lo vi.

—No lo vio porque no está prestando atención —dijo él.

Esta vez sí se detuvo.

Alejó las manos del teclado y se echó ligeramente hacia atrás en la silla.

Sus ojos, fríos e impenetrables, se clavaron en los míos.

No había enojo en su rostro.

Ni burla.

Ni lástima.

Solo esa distancia glacial que hacía parecer que el aire a su alrededor estaba tres grados más frío.

—Si sus problemas personales van a afectar la calidad de su trabajo, hable con Recursos Humanos y tómese la tarde —añadió con la tranquilidad—. No me haga trabajar más de lo normal por sus distracciones.

Tragué saliva.

Sentí el orgullo subirme lentamente hasta las mejillas.

—Mis problemas no son de su incumbencia, Santana. Y estoy haciendo mi trabajo.

—Entonces hágalo bien.

Volvió a poner la vista en el monitor con una velocidad insultante.

—La nota está en el servidor. Puede retirarse si no va a decirme nada más.

Y eso fue todo.

Cerró la conversación con tanta facilidad que sentí el portazo en la cara aunque no hubiera ninguna puerta de por medio.

Me di la vuelta con las mejillas ardiéndome de vergüenza y regresé a mi escritorio.

Alejandro Santana era exactamente lo que todos en la oficina decían.

Un hombre hecho de hielo.

Sin empatía.

Sin alma.

Y, muy probablemente, alimentado a base de cables y código binario.

Lo peor era que empezaba a sospechar que, si alguna vez conseguía descubrir qué había detrás de aquella expresión de mármol, probablemente encontraría un manual de instrucciones.

Y, sinceramente, no estaba segura de querer leerlo.

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Maria Garcia
me encantó su novela
Yiyita Calderón
lindo! pero autora: me quedó debiendo la boda!!! con un hijo y sin boda pone final,wuedó a deber,siempre en unión libre.😢
Yiyita Calderón
😍que lindo! Andrés es un buen hombre,Victoria lo merece ♥️
Yiyita Calderón: pero me debe un buen final Autora
total 1 replies
Yiyita Calderón
eso que és? madre??? una hiena se queda corta,ya estás libre 🐦de todos ellos! 🫠
Yiyita Calderón
misera mujer! cómo se atreve a decir ésas cosas a su hija???acaso es madre de una? 🤮😡
Yiyita Calderón
🤣🤣🤣🤣 🪱tomarás una sopa de tu propio chocolate 👏🏻👏🏻👏🏻
Yiyita Calderón
Qué alacrán ponzoñoso! qué se quede como el 🐕de las 2 tortas por....hipocrita,cínica envidiosa 😡
Yiyita Calderón
Quéeee que asco de hermana,de mujer,no tiene valía ni de sí misma 🤮😡
Yiyita Calderón
Acaso no recuerda como es Sabrina con ella? aún ahí mismo viviendo y conociendo,disfrutando de algo que no hubiese conocido en su vida si no por ella,que la desconozca como familia así como ella lo hizo y reciba su castigo muy merecido al igual que el otro gusano

🪱🪱🪱🪱🪱🪱🪱🪱
Yiyita Calderón
Con la víbora 🪱 de hermana rastrera que tiene para que quiere enemigos! la despreciaron y humillaron siempre,ahora quieren vivir bien a sus expensas,qué "familia" tan linda 😡😡😡
Yiyita Calderón
Se la llevaron por tu culpa,porque no le pusiste guardias de seguridad sabiendo cuántos-as la odian y a tí por tu poder....
Yiyita Calderón
toma por engreída y discriminadora 😡
Yiyita Calderón
Así es,una pena porque todo éso es pasajero,llegamos desnudos al mundo y nos vamos con lo puesto.😔
Yiyita Calderón
la corroe la envidia 🪱
Yiyita Calderón
yo creo que lo está ayudando la 🪱 a morir 😥
Yiyita Calderón
Qué problemón! no puede hacer mucho,así sin esas cosas,se imponen 😢
Yiyita Calderón
😱😱😱😥😥😥
Yiyita Calderón
Nooo que coraje,xq con todas esas personas que se creen superiores y los discriminan,xq él! escritora plis!
Yiyita Calderón
Así se hace! qué se cree? una vida siendo su juguete 😡
Yiyita Calderón
me encanta esta historia !
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