A sus 36 años, Alessandro De Luca es el heredero del imperio de moda más importante de Italia. Dueño de una prestigiosa agencia de modelos con sedes en Milán y Colombia, vive rodeado de lujo, poder y mujeres. Es un hombre frío, arrogante y mujeriego. Ninguna mujer ha logrado conquistar su corazón.
Desde niño, su padre decidió su futuro. Lo comprometió con Bianca Conti, una reconocida modelo italiana e hija de su mejor amigo y socio de la empresa. Para Alessandro, Bianca nunca ha sido el amor de su vida, solo la mujer perfecta para mantener la imagen de la familia ante la alta sociedad.
Antes de entregarle el control absoluto del imperio familiar, su padre le impone una última condición:
—Si quieres convertirte en el único dueño del Grupo De Luca, tendrás que casarte con Bianca. De lo contrario, jamás recibirás la presidencia ni la totalidad de la herencia.
Lo que Alessandro desconoce es que Bianca nunca ha permanecido a su lado por amor. La fortuna de su familia ha desaparecido y están
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capitulo 2: Un nuevo comienzo
Valentina
Llegué a casa con una enorme sonrisa en el rostro. Sentía que el corazón iba a salírseme del pecho. Todavía no podía creer la llamada que acababa de recibir. Durante años había soñado con una oportunidad como esa y, cuando por fin llegó, todo parecía un sueño del que temía despertar.
Al entrar, encontré a mis padres en la sala.
—¿Qué pasó, hija? —preguntó mi mamá al verme tan emocionada.
No pude contenerme más y corrí a abrazarlos.
—¡Me llamaron de la agencia! ¡Pasé la primera selección!
Los dos me abrazaron con fuerza. Mi papá sonrió orgulloso mientras mi mamá tenía los ojos llenos de lágrimas.
—Sabíamos que lo lograrías, mi niña —dijo ella acariciándome el cabello.
—¿Y ahora qué sigue? —preguntó mi papá.
Me encogí de hombros.
—La verdad... no lo sé. Voy a llamar a Juliana. Ella fue quien me ayudó desde el principio y seguro sabe qué debo hacer.
Tomé mi celular y marqué su número.
—¡Aló, nena! ¿Cómo estás? —respondió Juliana con entusiasmo.
—¡Juli! Me llamaron de la empresa.
—Sí, ya me enteré. ¿Qué te dijeron exactamente?
—Que dentro de tres días debo presentarme en Bogotá para continuar con el proceso, pero no sé qué hacer.
Juliana soltó una pequeña risa.
—¿Qué vas a hacer? Muy fácil. Empaca tu maleta, compra los pasajes y vente para Bogotá. Te quedas en mi apartamento y aquí te explico todo con calma. No tengas miedo, Vale. Siempre has luchado por este sueño y ahora no puedes rendirte.
Sus palabras me dieron la tranquilidad que necesitaba.
—Gracias, Juli. No sé qué haría sin ti.
—No tienes que agradecerme nada. Las amigas estamos para apoyarnos. Avísame a qué hora llegas y yo misma voy por ti al aeropuerto.
—Lo haré. Nos vemos muy pronto.
Colgué la llamada y regresé con mis padres.
—Mañana mismo viajaré. Voy a buscar un vuelo antes de que suban los precios.
Mi mamá sonrió, aunque podía notar la tristeza en su mirada.
—Este siempre ha sido tu sueño, hija. No podemos detenerte. Solo prométenos que nunca te olvidarás de nosotros.
Sentí un nudo en la garganta.
Los abracé con todas mis fuerzas.
—Jamás. Todo lo que haga será por ustedes. Quiero salir adelante para darles una vida mejor. Además, vendré a visitarlos siempre que pueda.
Mi papá me dio una palmada en el hombro.
—Estamos orgullosos de ti. Ve y demuestra de qué estás hecha.
Subí a mi habitación. Abrí mi portátil y empecé a buscar vuelos desde Medellín hasta Bogotá. Después de unos minutos encontré uno que salía a las nueve de la mañana. Sin pensarlo dos veces, compré el pasaje.
Enseguida le escribí a Juliana.
—Juli, salgo mañana a las nueve de la mañana desde Medellín.
Su respuesta llegó casi de inmediato.
—Perfecto, reina. A las diez y media estaré esperándote en el aeropuerto de Bogotá.
Sonreí.
—Gracias. Nos vemos mañana.
—Descansa. Mañana comienza una nueva etapa en tu vida.
Dejé el celular sobre la cama y empecé a organizar mi maleta. Doblé cuidadosamente cada prenda, guardé mis documentos y miré por última vez mi habitación.
No sabía cuánto cambiaría mi vida después de ese viaje.
Pero estaba lista para descubrirlo.
Alessandro
Mientras tanto, a más de nueve mil kilómetros de distancia, en Milán, la rutina seguía su curso.
Sentado en su amplia oficina ubicada en el último piso de la sede principal del Grupo De Luca, Alessandro revisaba varios contratos relacionados con su próximo viaje a Colombia.
Su secretaria llamó suavemente a la puerta.
—¿Puedo pasar, señor De Luca?
—Adelante, Mara.
Aquella relación llevaba varios meses. Ninguno de los dos esperaba promesas ni sentimientos. Era un secreto que permanecía encerrado entre aquellas cuatro paredes.
La mujer se acercó con la misma actitud provocadora de siempre. Él levantó la vista, suspiró con resignación y, tras unos minutos a puerta cerrada, ella salió acomodándose el cabello mientras sonreía satisfecha. Alessandro volvió a su escritorio, apoyó los codos sobre la mesa y negó con la cabeza. Sabía que aquellas aventuras pasajeras solo eran una forma de escapar de un compromiso que nunca había deseado.
Cuando volvió a quedarse solo, Alessandro apoyó la espalda en el sillón y suspiró.
—Algún día esto va a traerme problemas...
No era un hombre enamorado. Nunca lo había sido. Las mujeres iban y venían de su vida sin dejar huella.
Su compromiso con Bianca era más una decisión familiar que un verdadero acto de amor.
Y eso comenzaba a pesarle cada día más.
Bianca llegó unos minutos después. Como siempre, atravesó la puerta de la oficina sin anunciarse. Después de todo, era la prometida del vicepresidente del Grupo De Luca y nadie se atrevía a impedirle el paso.
Levanté la vista del computador al escuchar la puerta abrirse.
—Hola, amor —dijo con una sonrisa radiante mientras se acercaba para besarme.
Correspondí el beso con naturalidad.
—Hola, Bianca. ¿Qué haces por aquí? Pensé que hoy tenías una sesión de fotos.
—La tenía, pero terminó antes de lo previsto. Quise venir a saludar a mi prometido. ¿O ya no puedo hacerlo?
Sonreí levemente.
—Claro que puedes. Solo que estoy lleno de trabajo. Dentro de cuatro días viajaré a Colombia y debo dejar todo organizado antes de irme.
Los ojos de Bianca brillaron de inmediato.
—Es verdad... tu viaje a Colombia. ¿Y si voy contigo?
La miré sorprendido. En todo el tiempo que llevábamos comprometidos, jamás había mostrado interés por acompañarme en un viaje de negocios.
—No creo que sea buena idea. Tú también tienes compromisos con la empresa y este será un viaje muy corto. Llegaré, resolveré unos asuntos y regresaré a Milán en pocos días.
Ella hizo un pequeño puchero.
—No me gusta la idea de que viajes solo.
No respondí. Preferí volver mi atención a los documentos que tenía sobre el escritorio.
Después de unos segundos de silencio, Bianca volvió a hablar.
—Mi mamá y la tuya ya están organizando casi todo para la boda.
—Sí, mi madre me comentó algo.
—Quería pedirte que me acompañaras a escoger la decoración, las invitaciones y algunos detalles de la recepción.
Respiré profundamente antes de contestar.
—Bianca, encárgate tú junto con nuestras madres. Confío en su criterio. En este momento tengo demasiadas responsabilidades y sinceramente no dispongo de tiempo.
Su sonrisa perdió un poco de brillo, aunque intentó disimular la decepción.
—Está bien. No te preocupes.
Se acercó nuevamente hasta quedar frente a mi escritorio.
—Entonces, ¿nos vemos esta noche? Antes de que viajes me gustaría pasar un rato contigo.
La observé durante unos segundos.
—Sí, está bien.
Su rostro volvió a iluminarse.
—Perfecto. Reservaré una mesa para cenar.
Asentí sin apartar la vista de la pantalla.
—Avísame la hora y allí estaré.
Bianca se inclinó para darme un último beso.
—Nos vemos esta noche, amor.
La vi salir de la oficina mientras el silencio volvía a apoderarse del lugar.
Me recosté sobre el respaldo de la silla y solté un largo suspiro.
—No sé cómo voy a soportar un matrimonio cuando ni siquiera estoy convencido de querer casarme...
Apenas terminé de decirlo, mi celular comenzó a sonar.
Sonreí al ver el nombre que aparecía en la pantalla.
Marco Bellini.
Mi mejor amigo.
—¡Marco! ¿Cómo estás?
—Muy bien, Ales. ¿Y tú?
—Aquí, trabajando como siempre. Cuéntame, ¿cómo marchan las cosas en Colombia?
—Todo va de maravilla. Ya contratamos a varias modelos y las citamos para pasado mañana. Estoy seguro de que entre ellas encontraremos a la indicada para la nueva campaña.
Sonreí con satisfacción.
—Excelente. Confío plenamente en tu criterio. Sé que harás una buena elección.
—No te preocupes por eso. Oye, ¿cuándo llegas?
—Dentro de cuatro días estaré por allá.
—Perfecto. Hace mucho que no nos vemos en persona. Cuando terminemos las reuniones tenemos que salir a divertirnos un rato.
No pude evitar reír.
—Claro que sí. Habrá que conocer un poco más de la vida nocturna colombiana.
Marco soltó una carcajada.
—Tú nunca cambias, hermano. Dime una cosa... ¿cómo va tu compromiso con Bianca?
Negué con la cabeza mientras sonreía con ironía.
—No me recuerdes ese tema.
—Entonces las cosas siguen igual.
—Peor de lo que imaginas. Cuando llegue a Colombia te contaré todo con calma.
—Perfecto. Aquí te estaré esperando. Cuídate y ten un buen viaje.
—Gracias, hermano. Nos vemos pronto.
Colgué la llamada y dirigí la mirada hacia el enorme ventanal de mi oficina.
Las luces de Milán comenzaban a encenderse mientras el sol desaparecía lentamente en el horizonte.
Sin saberlo, aquel viaje a Colombia cambiaría mi vida para siempre.