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Esposa en Alquiler

Esposa en Alquiler

Status: Terminada
Genre:Romance / Madre por contrato / Completas
Popularitas:70
Nilai: 5
nombre de autor: iraurah

Daniela aceptó un matrimonio arreglado para salvar de la ruina la casa hogar donde creció. A cambio recibió un esposo que la desprecia, una amante instalada bajo su mismo techo y una orden cruel: llamarlo «señor» y obedecer sin hacer preguntas.

Pero Gael todavía puede rebajarla más. Para cerrar un lucrativo negocio, alquila a su propia esposa durante seis meses y la entrega a Alberto Kaleo, un poderoso CEO acostumbrado a conseguir todo lo que desea. Daniela pasa de ser una esposa ignorada a convertirse en la mujer de alquiler de otro hombre, atrapada en un acuerdo que también pone su cuerpo y su libertad en manos ajenas.

Alberto, sin embargo, no la trata como una mercancía. Entre cuidados, deseo y una ternura que Daniela nunca conoció, el contrato comienza a transformarse en algo mucho más peligroso. Y cuando ella queda embarazada del hombre que la alquiló, Gael comprende demasiado tarde que entregó a su esposa... y que ahora podría perderla para siempre.

Entre celos, arrepentimientos y secretos familiares enterrados bajo apellidos de oro, Daniela tendrá que decidir si vuelve con el hombre que la vendió, si confía en quien pagó por tenerla o si, por primera vez, se elige a sí misma.

¿Cuánto cuesta una esposa que nadie valoró? ¿Y qué sucede cuando la mujer que todos trataron como mercancía decide que ya no está en venta?

NovelToon tiene autorización de iraurah para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Lo que se acerca

A la mañana siguiente, como cualquier otro día, la gente empezaba su rutina. Daniela también: le tocaba limpiar la casa de Gael.

Primero arregló su cuarto. Cuando terminó, salió hacia la sala para barrer y trapear.

Al entrar, vio a Gael y a Inés abrazados, despidiéndose antes de que él se fuera a la oficina.

Un segundo después, Gael levantó la vista hacia ella. Se quedaron mirándose un instante, con él todavía rodeando a Inés con los brazos. Daniela desvió los ojos enseguida y se concentró en la escoba.

Gael, por su parte, sintió un leve bochorno por haber sido sorprendido así. Antes le daba igual que Daniela lo viera hacerle mimos a Inés, pero después de lo de anoche algo le incomodaba. Menos mal que ella retomó su trabajo sin darle más importancia.

—Cariño, suéltame ya, que se me hace tarde para la oficina —dijo Gael con dulzura, para que Inés aflojara el abrazo.

—Está bien. Que te vaya bien, y no llegues muy tarde, porque me aburro sola en casa —Inés se separó de él.

—Te voy a transferir dinero para que salgas a pasear si te aburres.

Inés dio un gritito de alegría y le plantó un beso en la mejilla.

—Gracias, mi vida. Siempre tan considerado.

Gael salió hacia su auto y se alejó por el camino de la casa.

Inés volvió a entrar y subió a la habitación. Apenas llegó, el celular le vibró con el nombre de León en la pantalla. Contestó sin hacerse esperar.

—¿Aló? —dijo Inés.

—¿Aló, Inés? Perdona la molestia. Hace un rato intenté llamar a Gael, pero tiene el celular apagado —dijo León por teléfono.

—No te preocupes, León. Gael acaba de salir, seguro sigue en camino y por eso no te contesta. ¿Qué pasa?

—Solo quería avisarles que esta noche mi amigo y yo vamos a pasar por la casa de Gael para llevarnos a Daniela.

—¿E-en serio? ¿Entonces ese hombre ya aceptó alquilarla? Perfecto, no se preocupen: tu amigo puede llevársela esta noche. Yo me encargo de que esté lista cuando lleguen.

—Bien, entonces te dejo.

La llamada se cortó.

Inés, que consideraba aquello una noticia magnífica, no cabía en sí de la dicha. Daniela se iría de la casa y dejaría de meterse en su relación con Gael.

* * *

Daniela lavaba los platos y no notó que Inés estaba justo detrás de ella hasta que la mujer se aclaró la garganta con fuerza y la sobresaltó.

Se apuró a terminar, se enjuagó las manos y se giró hacia Inés, que la esperaba de pie, con los brazos cruzados sobre el vientre.

—¿En qué puedo ayudarla? —preguntó Daniela con educación.

—Solo vine a decirte que esta noche tienes que estar preparada, porque alguien va a venir por ti —soltó Inés con sequedad.

Daniela frunció el ceño. No entendía.

—¿Por mí? —murmuró, desconcertada.

—Sí. El hombre que te alquiló viene a buscarte.

Fue como si el cielo se le viniera encima. ¿Tan pronto? Parecía que fue apenas anoche cuando los oyó hablar de esto a los tres, y ya esa noche venía el hombre por ella.

Dios mío... El dolor de anoche todavía no se me va, y ya vuelve, más fuerte que antes.

De verdad me tiran como si nada, Señor... ¿Qué voy a hacer?

—No quiero excusas. Esta noche tienes que estar lista cuando lleguen. Ya no aguanto tu carita de mosca muerta delante de mí ni de Gael —dijo Inés, y se marchó dejándola clavada en el sitio.

Las lágrimas volvieron a rodar por las mejillas de Daniela, igual que la noche anterior. Seguía en shock. ¿De verdad vendría ese hombre esta noche? ¿Anoche había sido la última que pasaba en esa casa?

No sabía qué pensar. ¿Tenía que prepararse de verdad para irse? Quizá la conversación de anoche con Gael había sido su manera de despedirse. No tenía idea de cuánto tiempo estaría fuera, ni siquiera sabía quién era el hombre que la había alquilado. Y por lo visto Gael e Inés tampoco: la echaban sin importarles quién era.

¿Sería una buena persona? ¿O cruel como Gael? ¿O peor aún?

Dios, pase lo que pase, dame fuerzas para enfrentar todo esto... Dame fuerzas para soportar el egoísmo de mi propio esposo.

* * *

Mientras tanto, Gael acababa de llegar a su despacho. Se dejó caer en el sillón de presidente y sacó el celular, que había puesto en silencio.

Tenía varias llamadas perdidas de León. Le devolvió la llamada, porque no era normal que León lo buscara así.

—¿Aló, León? Perdona, no pude contestarte, acabo de llegar a la oficina. ¿Qué pasa? —dijo Gael por teléfono.

—Te llamaba para avisarte que esta noche mi amigo y yo vamos a tu casa a llevarnos a Daniela.

—¿A qué?

Gael parecía haber olvidado lo que hablaron anoche.

—Tsk, ¿cómo que a qué? ¡Mi amigo viene por Daniela, porque ya aceptó alquilar a tu esposa!

Maldición.

¿Cómo había podido olvidarlo? Aunque tampoco esperaba que fuera tan pronto. De pronto sintió una inquietud que no sabía nombrar; desde lo de anoche, algo le pesaba por dentro cuando pensaba en Daniela.

—¿Aló? ¿Gael, sigues ahí? —insistió León.

La voz de su amigo lo sacó de golpe de sus pensamientos y se esforzó por hablar con normalidad.

—Vengan cuando quieran, pero si están ocupados, no se sientan obligados.

Sin darse cuenta, estaba alargando el plazo para que Daniela no se fuera tan pronto.

—Pero ya hablé con Inés, y dice que se encargará de que Daniela esté lista cuando lleguemos esta noche.

—¿Qué?

—¿Qué pasa?

—¡N-nada! Quiero decir, qué bueno, entonces.

—Bueno, eso era todo. Te dejo.

Tu, tu, tu.

La llamada se cortó.

Gael dejó el celular sobre el escritorio. Las palabras de León le habían dejado un nudo en el pecho, pero sacudió la cabeza y se repitió que aquello era lo mejor para todos.

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