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UNA DAMISELA EN APUROS, EL REGRESO DE CASSIDY

UNA DAMISELA EN APUROS, EL REGRESO DE CASSIDY

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Batalla por el trono / Reencarnación / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:66.6k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Cassidy Boone ya murió dos veces. La primera, de una bala por la espalda en el Viejo Oeste. La segunda, de vieja y en paz, después de una vida que le costó sangre construir. Y justo cuando creía que por fin iba a descansar, un dios la agarra del cuello del alma y le encaja una tercera: *"Tengo una misión para ti."*

Despierta en el cuerpo de Aurora, princesa heredera e hija del ministro de guerra. Gorda, humillada y recién asesinada por su propio prometido y su hermanastra en una "caída del caballo" que de accidente no tuvo nada. Ahora carga con dos vidas de recuerdos, un cuerpo que odia, una madrastra que la quiere muerta y un castillo donde nadie se baña, todos apestan y el veneno se sirve con una sonrisa.

Aquí no hay revólveres ni abogados. Solo su cabeza, un libro de hierbas y unas ganas feroces de no morirse una tercera vez.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 1: Primero se mira. Después se muerde.

Leonor cruzó la habitación como si el suelo se lo debiera.

Se sentó en el borde de la cama sin pedir permiso, y a Cassidy le llegó de lleno el saludo: rosas por encima y, agazapado debajo, algo agrio y viejo, como leche olvidada al sol. La niña se bañaba en agua de flores para no tener que bañarse en agua.

Primer aroma del catálogo: la rubia huele a rosas muertas.

—Nos tenías con el alma en un hilo —dijo Leonor, tomándole la mano con una dulzura que no le subía a los ojos—. Rodaste por toda la ladera. El médico dijo que fue un milagro que no te partieras el cuello.

El cuello. Qué detalle tan preciso.

Cassidy bajó la mirada, encogió los hombros y dejó temblar el labio. Le salió redondo: el cuerpo de Aurora tenía años de práctica agachando la cabeza.

—Me duele todo. No recuerdo bien —murmuró.

Y ahí Leonor se aflojó. No recuerda, pensó, y se le desató un nudo de tres días. Si no recuerda la rienda, no recuerda nada. Estiró la mano, abrió el cofre a los pies de la cama —el de las pocas joyas que le quedaban a Aurora de su madre muerta—, sacó un broche de zafiro y se lo prendió al pecho, ahí, delante de ella, midiéndola.

—Este a ti te queda grande, gorda. A mí me luce. No te molesta, ¿verdad?

Por fuera, Cassidy puso cara de oveja. Por dentro sonrió con toda la dentadura.

Adelante, corazón, llévate el broche. Es más fácil recuperar lo robado cuando ya sé quién es la ladrona. La niña roba de frente y huele a jardín podrido.

—Quédatelo —susurró Aurora.

—Siempre tan generosa. —Leonor se fue con un revuelo de faldas y una vaharada de rosas podridas.

La madrastra entró detrás, sin molestarse en fingir. Espalda recta, luto impecable, y una peste propia que le salía de la boca dos pasos antes que ella: cebolla vieja y dientes flojos.

—Ya despertaste. Bien —dijo, sin acercarse—. Péinala —le ordenó a Ismenia—. Y abre esa ventana, que aquí huele a enferma.

Lo dice la boca que podría noquear a un caballo a campo abierto. Objetivo uno: Aliento de Tumba. La jefa del gallinero.

Cuando se fue, Cassidy se dejó caer en las almohadas y estudió a la única criada que le habían dejado.

—Ismenia. Me pegué la cabeza y tengo todo revuelto. Recuérdame cómo se maneja esta casa, como si no supiera nada.

Y la criada habló, porque las criadas obedecen, y lo que Aurora nunca entendió con la cabeza gacha, la boca de Ismenia se lo aclaró: desde que el señor se fue al frente, hacía dos años, doña Ágata mandaba en todo, y a la princesa la habían bajado al cuarto pegado a la cocina con una sola criada para cuidarla. Ella. Una criada para una princesa.

—¿Y bañarse? —preguntó Cassidy—. ¿Cada cuánto se baña uno aquí?

Ismenia la miró como si le hubiera preguntado cada cuánto respira un pez.

—En primavera, alteza, si el tiempo acompaña. El agua enferma. A mi abuela le dio la fiebre por bañarse dos veces el mismo año, y se murió.

—Tu abuela se murió de mugre, mi vida, no de agua. Pero eso lo arreglamos después.

Objetivo pendiente: que alguien en este castillo, empezando por mí, toque el agua.

El príncipe llegó al mediodía, con escolta y con público. Y con él, un olor que tapó todos los demás: perfume caro y espeso echado a paladas encima de vino agrio y sudor viejo, un cuerpo con semanas sin ver agua debajo de tanta esencia. Un muerto perfumado.

Se arrodilló, le tomó la mano, le habló con voz de miel para las damas de la puerta.

—Mi Aurora. Casi te pierdo. No he dormido pensando en ti.

Pero al acercar la cara, Cassidy le vio los ojos secos, la mandíbula floja, el aburrimiento del que cumple un trámite. Y le soltó la mano igual que en el recuerdo, como se suelta un trapo. Al salir, sus dedos rozaron los de Leonor. Un segundo. Nadie lo vio.

Cassidy lo vio.

Objetivo tres: el Novio. Flores caras encima de perro muerto, se revuelca con la hermanita y me tiró de un caballo. Igualito que Sebastián y Andrea, pero sin ducha ni abogados. El guion me lo sé de memoria, muchachos. Y saben cómo terminaba.

El duque llegó al caer la tarde, y el castillo entero lo sintió antes de verlo.

Se oyeron las botas primero, de hombre que no pide permiso, y después entró, y el cuarto se le hizo chico. Grande, canoso, con la coraza todavía puesta y dos años de frente encima. Olía a hierro, a caballo, a cuero mojado, a humo de campamento. Olía a guerra. Y por primera vez desde que despertó en ese nido, ese olor casi le gustó, porque era el único honesto de la casa.

Ese es el único peligroso de la casa. En todo saloon hay uno así, el que hace callar la música al entrar. A ese no se le miente: se le usa.

El duque se detuvo en la puerta y miró: las paredes peladas, la cama vieja, la única criada.

—¿Dónde está el resto del servicio de mi hija? —preguntó. Bajo. Y lo bajo, en un hombre así, es lo que da miedo.

—Soy… soy yo sola, mi señor —tartamudeó Ismenia.

Cruzó el cuarto en tres zancadas, se arrodilló, y toda la dureza de comandante se le deshizo al buscarle los ojos a su hija.

—Aurora. ¿Por qué estás aquí? Yo te dejé en tus aposentos.

Y Cassidy hizo lo que llevaba dos vidas viendo hacer y sabía imitar dormida. Se le llenaron los ojos, le tembló la barbilla, cayó una lágrima gorda y perfecta, y con la voz rota de la niña que nunca se defendió, susurró:

—Ágata me bajó aquí apenas te fuiste, padre. Dijo que una hija como yo no merecía esos cuartos. Le dio mis habitaciones a Leonor. Y mis vestidos. —Más bajito, temblando—. No te lo decía para no hacerte enojar.

El silencio que siguió fue de otra clase.

El duque se levantó despacio. Y cuando mandó llamar a su esposa, no gritó. Los hombres que de verdad dan miedo nunca gritan.

Fue una tarde. Una sola.

Para cuando cayó el sol, Aurora dormía otra vez en el piso principal, con chimenea y ventanas de verdad y tres criadas más aparte de Ismenia; y Ágata, sin las llaves de la despensa en la mano, había tragado delante de la servidumbre entera una humillación que le iba a arder por años.

Cassidy lo vio todo desde una silla, manos cruzadas, cara de oveja.

Así se juega una carta, gordita. No a los tiros. Con la lágrima justa en el segundo justo.

Pero las cartas se gastan, y esta se iba al amanecer.

—Vuelvo apenas pueda —le dijo el duque, la mano áspera en su mejilla—. Pórtate bien.

Pórtate bien.Las mismas palabras del recuerdo. La quería, sí, pero de lejos, y en el hueco de su ausencia ya se metían las ratas. Cassidy le había visto la cara a Ágata mientras el marido la deshacía en público: no era vergüenza, era odio frío y paciente, del que anota la cuenta para cobrarla completa.

Esa misma noche, la primera sin el duque, Cassidy dormía a medias cuando lo sintió: un peso frío deslizándose por su tobillo, subiendo bajo las sábanas, seco, pesado y vivo.

Aurora habría gritado. Habría pateado. Y una serpiente, cuando pateas, muerde.

Pero no era Aurora la que estaba en esa cama.

Cassidy se quedó de piedra, cada músculo quieto, la respiración lenta, mientras dos vidas de memoria le ponían el dato en la lengua: Arizona. Una cascabel metida en la bota de un peón. El tipo gritó, pateó, y lo enterramos dos días después. La regla es una sola: la víbora muerde lo que se mueve y lo que calienta. Si no te mueves, no existes.

El animal subió, buscando calor, hasta enroscarse en su cadera. Cassidy respiró. Contó. Con la derecha midió el bulto oscuro en la penumbra, calculó dónde terminaba la cabeza, y esperó a que la lengua asomara para saber hacia dónde miraba.

Un movimiento. Uno solo. Los dedos como tenaza detrás del cráneo, justo donde no alcanza a girarse para morder.

La serpiente se sacudió, se le enrolló en el brazo, apretó. Cassidy no la soltó.

—Shhh —le dijo en la oscuridad, casi con cariño—. Tranquila, preciosa. Tú no tienes la culpa. A ti también te usaron.

La levantó a la altura de la vela. Una víbora gris, gruesa, de las que matan. Alguien la había metido entre sus sábanas con toda la intención, contando con que la gorda tonta pateara, gritara y amaneciera fría.

Cassidy sonrió. No fue una sonrisa bonita.

Bienvenida a la guerra, Boone. Primera noche y ya me mandan regalitos. Lástima que se equivocaron de gorda.Afuera, en algún pasillo, alguien esperaba oír un grito que no iba a llegar.

Sigan esperando.

1
Luz Angela Castillo Ramirez
😭😭
Sandra Chana
👏👏👏 chapeaux!
Margarita Acuña Cerda
Lo peor es el poder el rey hace lo que quiera ,ahítame este tiempo quien tenga poder hace lo mismo simi miremos al demonio de trump o los narcos 😔😔😔😔😔
Margarita Acuña Cerda
Y por favor hecha a las putizorras también 🤭🤭🤭3
Roxana Gardilcic
eres genial!! un nivela alucinante!!
Margarita Acuña Cerda
Oye autora es muy entretenida la novela me encanta🤣🤣🤣🤣🥰🥰🥰
Margarita Acuña Cerda
Jajaja que se quede con los 3 me gusta🥰🥰🥰🤭🤭😠
DAINADIE ZAMOR
Excelente historia 👍 👏🏽 🥰
Maria Gonzalez Gonzalez
que bonito detalle de la cena preparada a la luz de las velas 😍❤️😍❤️😂
Maria Gonzalez Gonzalez
pinche necia que eres Cassidy 😡 caes gorda de verdad y no lo digo por tu físico, sino porque de verdad que la estás cagando con tus miedos, Cobarde 🤔
Maria Gonzalez Gonzalez
vamos Cassidy, amar duele, pero si de verdad lo sientes no mata, al contrario te fortalece y te hace feliz ❤️🤔😂😍
Maria Gonzalez Gonzalez
por favor autora que no se muera Adriano, él no por favor 🙏🙏🙏🙏
Maria Gonzalez Gonzalez
🥹🥹😭😭😭😭
Margarita Acuña Cerda
Se ve bastante buena veremos como va la cosa🥰🥰🥰
Maria Gonzalez Gonzalez
pues si esos nobles solo luchan por su causa, lo demás no les interesa, son igua o peor que el usurpador solo que ellos no van a las guerras 😡
Maria Gonzalez Gonzalez
exelente actuación Aurora 🤔😃😂
Maria Gonzalez Gonzalez
el otro enemigo que tiene Aurora en el Castillo es el mayordomo mayor abusada Cassidy, ponte trucha 🤔😃
Maria Gonzalez Gonzalez
pues yo creo que lo que puede hacer es que el rey te corretee por toda la pieza de la alcoba cuando ya esté súper exitado con la medicina del médico brujo y así lo forzas más de lo debido y wuala se muere de verdad de un infarto fulminante porque no se pudo desahogar, como cuando los drogan y no se pueden liberar sexualmente 🤔😂😍😃
Maria Gonzalez Gonzalez
jajajaja jajajaja que cosas no??😂😂😂😂 aún no se inventa el viagra y ya tiene sus antecedentes primarios 😂😂😂😂🤔
Maria Gonzalez Gonzalez
esa Leonor no sabe con quién se meten 🤔😂😍😃
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