En un mundo en caos al borde de la guerra, Kael entra en una mazmorra llamada Lune con más de 100 pisos. Está mazmorra es la única en todo el continente del imperio, nadie sabe como llegó o quién la creo.
Selene es una Elfa, su misión es asistir a todo aquel aventurero que entre en la mazmorra.
El problema está cada vez que suban un piso, un nuevo reto, un recuerdo olvidado, un nombre, una parte de ellos.
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Capítulo 2: Las reglas de Ceniza
La puerta al Piso 2 se cerró con un gemido de piedra. El aire se volvió denso, frío. Olor a polvo viejo y a metal quemado.
Kael cayó de rodillas. La sangre le bajó por la nariz en hilos negros. El "Ceniza de Medianoche" le había dejado el brazo izquierdo como carbón, con runas rotas que aún humeaban.
Selene no dijo nada por 10 segundos. Solo lo miró. Doscientos años, y esa era la primera vez que un humano en el Piso 1 no moría de rodillas.
Se arrodilló frente a él. Sus dedos fríos tocaron su frente. Luz sanadora, suave, sin pedir nada a cambio. Todavía.
"Estás vivo", murmuró, más para sí misma. "Eso no debería ser posible".
Kael abrió un ojo. El izquierdo brillaba un segundo con chispas negras antes de volver al marrón cansado de siempre.
"Estoy cansado", dijo. Voz ronca, como si no hablara en años. "¿Tienes agua?"
Selene chasqueó los dedos. Una cantimplora de cristal apareció en su mano. No era magia. Era costumbre. Los héroes siempre pedían agua después de morir un poco.
Kael bebió. Cada trago le quemaba la garganta. Sabía a ceniza.
"Bien", dijo Selene poniéndose de pie. Su capuchón cayó un poco y las orejas de elfa se asomaron, largas, con un tatuaje plateado en la punta de la izquierda. Detalle que nadie vivía lo suficiente para ver.
"Protocolo. Tengo que explicarte las reglas antes de que subas y mueras como los otros 847".
Kael se recostó contra una columna rota. Cerró los ojos. "Habla".
Selene caminó en círculos. Su voz cambió. Ya no era fría. Era la voz de alguien que contó esta historia mil veces, hasta que dejó de doler.
"Esta Torre no crea poder, Kael. Recicla vidas. Cada piso está hecho de recuerdos robados. Ese bosque podrido del Piso 3? Era la infancia de una niña que murió aquí hace 300 años. Ese castillo? La boda que nunca tuvo un rey".
Se detuvo frente a él. "Nosotros no damos mana. Damos trozos de ti. Tu primer beso. El rostro de tu madre. La razón por la que empuñas esa espada. La Torre lo devora, y a cambio te deja subir un piso más".
Kael no abrió los ojos. "Entonces me volví hueco".
"Todos se vuelven huecos", dijo Selene, y por un segundo su voz tembló. "Los que llegan al Piso 50 ya no recuerdan su nombre. Solo pelean. Cáscaras con poder".
Terminó de hablar. Silencio. Solo el goteo de sangre de Kael en la piedra.
Selene extendió la mano sobre su pecho. Magia blanca para revisar el pago. Protocolo.
Y se congeló.
El recuerdo del padre de Kael no estaba borrado. Estaba ahí. Entero. Envuelto en cadenas de sombra, guardado en lo más profundo de su mente como un tesoro prohibido. La Torre había cobrado... pero Kael había pagado con una copia vacía.
Selene retiró la mano como si quemara. Sus ojos dorados se abrieron de golpe.
"Tus recuerdos... no se fueron", susurró. "Los escondiste. La Torre cobró, pero tú no pagaste. ¿Cómo hiciste eso?"
Kael por fin la miró. Sonrió, débil. "La Torre cobró lo que le di, elfa. Lo demás no es su problema. ¿Cuál es el tuyo?".
Mentira. Y los dos lo sabían.
"Me llamó Selene"
Kael se apoyó en la espada y se puso de pie. Le costó. Las piernas le temblaban. Pero se puso de pie.
"Estoy muy cansado, Selene", dijo, estirando la espalda con un crujido. "Vendré otro día a completar el siguiente nivel".
Selene parpadeó. "¿Qué? Nadie pide pausa. Subes hasta morir o hasta el Piso 100. Esas son las reglas".
Kael se giró hacia la salida. Su capa rota se arrastró por el suelo. Dio dos pasos. Luego se detuvo.
No se giró. Solo habló al aire, con esa voz cansada de veterano que ya no cree en banderas.
"Yo no soy un héroe, Selene. Solo soy un simple humano... con el nombre de ex caballero".
Las palabras cayeron como piedra en un pozo.
Selene dio un paso rápido y lo agarró del brazo sano. Sus dedos eran fríos, pero firmes. Por primera vez en 200 años, su voz sonó... desesperada.
"Espera". Tragó saliva. "Dime tu nombre. Si vas a romper todas las reglas, al menos dime cómo llamarte".
Kael bajó la vista a su mano. Luego a sus ojos dorados.
"Kael", dijo simple. "Kael Veyr. Aunque ese nombre ya no significa nada".
Soltó su brazo con cuidado. Cruzó el portal de salida del Piso 1.
Y justo antes de que la luz lo tragara, Selene vio algo que no debería existir: su sombra se adelantó dos pasos. Se giró. Y le sonrió a ella con los dientes de Kael.
La puerta se cerró.
Selene se quedó sola, con la mano aún extendida al aire.
"Kael Veyr...", probó su nombre en voz baja. Como si fuera un hechizo nuevo.
Apretó el puño. "Un humano que oculta recuerdos... que le habla de tú a la Torre... y se va a dormir cuando quiere".
Por primera vez en 200 años, Selene Dusk no sabía si quería sellarlo... o seguirlo.