NovelToon NovelToon
Amor Dos Vidas

Amor Dos Vidas

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda G

Tras un trágico accidente que le arrebató la memoria y su identidad, Estefanía despierta en una vida de opulencia que no reconoce, casada con José, un hombre poderoso cuya devoción raya en la obsesión. Aunque él le asegura que su amor es eterno, las noches de Estefanía están pobladas por sueños fragmentados de un rostro cargado de dolor y promesas rotas.

La estabilidad de su nueva existencia se resquebraja cuando aparece Andrés, un rival empresarial de José decidido a destruir su imperio. Al encontrarse, Estefanía descubre que su corazón late con una fuerza desconocida por ambos hombres. Mientras intenta reconstruir su pasado, se enfrentará a una verdad aterradora: uno de ellos no solo es el dueño de su presente, sino el arquitecto del secreto detrás de su "muerte" anterior.

NovelToon tiene autorización de Fernanda G para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 2

El trayecto hacia la que se suponía era su vida anterior fue un desfile borroso de árboles altos y rejas de hierro forjado que se abrían de manera automática tras el paso del imponente automóvil blindado. José conducía en silencio, manteniendo una de sus manos firmemente posada sobre el muslo de Estefanía. La presión de sus dedos sobre la fina tela de su vestido de seda era constante, un recordatorio físico de su presencia que oscilaba entre la protección absoluta y una sutil pero inquebrantable posesión. Ella no se apartó; el miedo al vacío que habitaba en su mente la obligaba a aferrarse a ese calor masculino, por muy extraño que le resultara.

​Cuando el vehículo se detuvo, Estefanía alzó la vista y sintió un vuelco en el estómago. La mansión se erguía ante ella como un monumento a la opulencia y al aislamiento. Paredes de piedra pulida, ventanales simétricos y un silencio sepulcral que envolvía el terreno. Lo primero que captó su atención no fue la majestuosidad de la arquitectura, sino las cámaras de seguridad que giraban lentamente en las esquinas de los aleros, vigilando cada ángulo con sus fríos ojos de cristal. Dos hombres uniformados y con rostros de piedra abrieron las portezuelas del coche saludando con una reverencia rígida. No había calidez en ese hogar, solo un orden milimétrico y una seguridad extrema que rozaba lo carcelario.

​José rodeó el coche con rapidez, la tomó de la cintura con suavidad pero con una firmeza que no admitía réplicas, y la guio hacia la gran entrada de doble hoja de roble oscuro.

​—Bienvenida a casa, mi vida —susurró él cerca de su oído, dejando que su aliento cálido rozara la piel sensible de su cuello, provocándole un escalofrío involuntario.

​Al cruzar el umbral, el interior de la residencia la recibió con la frialdad de un museo. El suelo de mármol negro, pulido a tal extremo que reflejaba sus siluetas como si caminaran sobre un lago oscuro, contrastaba con pesadas cortinas y muebles tapizados en terciopelo esmeralda profundo. Era un color rico, obsesivo, que parecía absorber la poca luz natural que lograba filtrarse por los vitrales. Todo el diseño estaba pensado para imponer, para recordar a cualquiera que entrase el poder del hombre que lo poseía.

​Estefanía caminaba despacio, sintiendo el eco de sus propios pasos. Pasó las yemas de sus dedos por el respaldo de un diván de terciopelo; la textura era suave, lujosa, pero la distancia emocional que sentía con el entorno era insalvable. No había un solo rincón que le resultara familiar, ni un aroma que despertara una chispa en su memoria apagada.

​—Te preparé nuestra habitación —dijo José, rompiendo el silencio mientras la conducía por una escalinata de caracol de hierro y mármol. Su mano bajó por la curva de su espalda, deteniéndose en su cadera, guiando sus movimientos con una cadencia sensual que buscaba restablecer una intimidad que para ella no existía—. Necesitas descansar. El médico dijo que la fatiga es normal, pero aquí estarás protegida del mundo.

​La habitación principal era un santuario de la misma opulencia asfixiante. Una enorme cama con dosel, vestida con sábanas de seda oscura y cojines esmeralda, dominaba el espacio. José la invitó a sentarse y, con una delicadeza que contrastaba con su imponente físico, se arrodilló frente a ella para descalzarla. Sus manos grandes rodearon los tobillos de Estefanía, subiendo con un roce lento y deliberado por sus pantorrillas. Era un gesto cargado de una sensualidad implícita, el reclamo silencioso de un hombre que deseaba a su esposa pero que, al mismo tiempo, contenía sus impulsos ante su evidente fragilidad.

​Estefanía se recostó sobre la cama, pero al hundirse en el colchón, una oleada de rechazo visceral la recorrió por completo. Se sentía una intrusa en su propia cama. El aroma a sándalo y tabaco costoso que impregnaba las almohadas —el aroma de José— la abrumaba. Sentía que estaba usurpando el lugar de otra mujer, a pesar de que todos los indicios y el hombre arrodillado ante ella aseguraran que ese lugar le pertenecía. Su cuerpo rechazaba la familiaridad que su mente intentaba forzar.

​Al notar la rigidez en sus hombros y la mirada perdida de ella en el techo tallado, José se levantó y caminó hacia una cómoda de madera noble. Tomó un pesado álbum con tapas de cuero y detalles en oro pulido y regresó a su lado, sentándose en el borde del colchón. La cama se hundió bajo su peso, obligando a Estefanía a rodar sutilmente hacia él.

​—Pensé que esto podría ayudarte a recordar quiénes somos —dijo él con voz suave, abriendo el álbum sobre sus piernas.

​Eran las fotografías de su boda. La ceremonia se había celebrado en un jardín privado, rodeado de muros altos que bloqueaban el exterior. El lujo era evidente en cada detalle: el vestido de encaje francés que ella llevaba, las joyas que destellaban bajo el sol, la sofisticación de los invitados. José aparecía en cada toma radiante, con una sonrisa de triunfo absoluto, mirando a su esposa con una devoción febril y posesiva.

​Estefanía se inclinó, observando su propio rostro en las imágenes con una fijeza analítica. Sin embargo, a medida que pasaba las páginas, una inquietud helada comenzó a sustituir la curiosidad. Un detalle perturbador, sutil pero constante, empezó a emerger de las capturas.

​En ninguna de las fotos ella estaba mirando directamente a la cámara. Tampoco miraba a José.

​En una toma donde él la besaba en la mejilla, los ojos de ella estaban fijos en el suelo, con una expresión vacía que parecía reflejar una profunda resignación. En otra fotografía, mientras cortaban el pastel nupcial, su mirada se desviaba hacia un lateral del encuadre, perdida en la distancia, como si buscara desesperadamente a alguien o algo que no estaba allí. Su lenguaje corporal en las imágenes no era el de una novia feliz, sino el de una mujer que cumplía un papel, una prisionera de un guion perfectamente ensayado.

​—Éramos tan felices ese día —susurró José, ajeno o voluntariamente ciego al descubrimiento de ella. Su mano subió por el brazo de Estefanía, acariciando la piel expuesta de su hombro con una insistencia que buscaba afecto—. Fuiste la novia más hermosa que esta ciudad haya visto jamás.

​Estefanía sintió que el aire de la habitación se volvía más denso. Miró de reojo a José y luego volvió a mirar la fotografía donde él la abrazaba por la espalda; sus manos grandes rodeaban su cintura en las fotos exactamente de la misma manera en que lo hacían ahora en la realidad. Un patrón de control camuflado de romance se desplegaba ante sus ojos.

​—José… —comenzó ella, con la voz trémula, señalando una de las imágenes donde su rostro aparecía de perfil, esquivando la lente—. ¿Por qué no te miro? ¿Por qué parezco tan lejana?

​La mano de José se detuvo en su hombro. Sus dedos se tensaron apenas una fracción de segundo antes de recuperar su ritmo suave. Su sonrisa no flaqueó, pero sus ojos se volvieron notablemente más fríos, perdiendo parte de la calidez que había mostrado en el hospital.

​—Estabas abrumada, mi amor —respondió él sin titubear, con una seguridad ensayada—. Nunca te gustaron las cámaras ni la atención pública. Insististe en que fuera una boda íntima porque la timidez siempre ha sido parte de tu encanto. Solo tenías ojos para mí, no para el fotógrafo.

​Él cerró el álbum de golpe, provocando un sonido seco que resonó en el silencio de la estancia, y lo dejó a un lado. Luego se inclinó sobre ella, atrapándola suavemente entre sus brazos, apoyando sus manos a ambos lados de la cabeza de Estefanía. Su proximidad física volvió a invadir su espacio, anulando cualquier capacidad de pensar con claridad.

​—No te obsesiones con el pasado que ya no está aquí —le susurró, rozando sus labios con los de ella en un beso que empezó siendo un tierno consuelo y terminó con una presión exigente, un recordatorio carnal de su derecho sobre ella—. Lo único que importa es que estás de regreso en nuestra casa. Estás conmigo, y de aquí nadie te va a sacar.

​Estefanía correspondió al beso por inercia, permitiendo que él descargara su intensidad sobre sus labios secos, pero sus ojos permanecieron abiertos en la penumbra de la habitación esmeralda. Miró hacia la ventana blindada, donde las nubes comenzaban a tapar el sol, y una certeza escalofriante se instaló en su pecho: la amnesia la había dejado sin recuerdos, pero las pocas pistas que encontraba en esa opulenta mansión le gritaban que la vida que José le ofrecía no era un hogar, sino una bellísima y sofisticada mentira.

1
Celina Espinoza
me gusta buen capitulo 👏
Celina Espinoza
🤭👏
Lobelia ❣️
👍👍
Celina Espinoza
me gustó 👏
Celina Espinoza
💯me gusta
Lobelia ❣️
👍
Lobelia ❣️
💯👍💯
Lobelia ❣️
💯👍está buena
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play