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ENTRE BATAS Y SOMBRAS.

ENTRE BATAS Y SOMBRAS.

Status: En proceso
Genre:Yuri / Venganza / Mafia
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Danny arboleda

🚨Está historia es intersexual, (Osea, mujer con sistema reproductivo de un hombre, comúnmente llamado p*ne) Si eres sensible a estás historias, por favor no leer. De igual manera, a veces lo que no nos gusta es porque nunca antes nos hemos atrevido a probar, así que no te prives de algo que nunca has probado.

Espero que os guste la novela. Dejen su Like y comentario. No olviden seguir para estar al tanto de cada capítulo que suba. Los episodios se subirán los lunes y viernes, gracias por todo😘 🚨

Alisha, es la jefa de la mafia: peligrosa, dominante... Valeria, aburrida de una vida que la consume, comete un error que cambiará todo: pedirle a Isabela que no la deje volver a su casa.

Ella no imaginaba que esa súplica sería tomada al pie de la letra. Ahora está atrapada en una jaula dorada, bajo el control de una mujer que mezcla crueldad con seducción, amenaza con un beso y castiga con una caricia.

Entre balas, risas oscuras y noches que arden, ambas descubrirán que lo prohibido pu

NovelToon tiene autorización de Danny arboleda para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Sabanas De Seda, Prisión De Lujo.

...Desperté en una habitación que no era la mía. Lo primero que noté fue la suavidad bajo mi cuerpo: sábanas de seda. Las cortinas cerradas mantenían la habitación en una penumbra elegante, y el aroma a incienso y cuero nuevo flotaba en el aire. No había barrotes ni cadenas, pero el lujo podía ser una prisión más sutil.

...Me incorporé, aún algo mareada, y repasé lo vivido la noche anterior: el club y la caída en los brazos de aquel hombre. Recordé vagamente el rostro del hombre que me atrapó antes de besarlo. «Valeria, Valeria, no puedes seguir bebiendo así», me regañé mientras movía mi cabello desordenadamente. Esta habitación era elegante y enorme, con sábanas negras, cortinas negras y una cama tamaño king. Una lámpara encendida descansaba sobre la mesita de noche, y justo allí había un vaso con agua. Sin pensarlo, lo agarré y lo bebí de un trago; tenía mucha sed. Después de observar la habitación desde la cama, me levanté para inspeccionarla mejor. ¡Wow! Este vestidor es más grande que mi habitación. ¡Wow! Solo usa trajes, y la mayoría son negros. Este baño parece hecho de oro y diamantes. Dios, ¿quién será él? ¿Un magnate? Todo apunta a eso. Salí del baño y de la habitación, asombrada con todo, pero... si la habitación es así, la casa debe ser aún mejor, ¿no? Abrí la puerta, y vaya susto que me llevé...

—¡Puta madre! ¡Qué susto me has dado!—Había dos hombres y una muchacha parados frente a la habitación.—¿Qué hacen?

—Buenos días, señorita Valeria—, dijeron todos al unísono. Abrí los ojos sorprendida. ¿Qué? ¿Cómo saben mi nombre?

—Disculpen, ¿ustedes me conocen?

—La jefa nos informó que, cuando despertara, la lleváramos a desayunar y que, si usted quería irse, podía hacerlo. Si no, que la dejáramos tranquila, que podía hacer lo que quisiera—. ¿Qué? ¿La jefa? Entonces, ¿es una ella y no un él? Dios mío, ¿en qué me he metido?

—Lo siento, creo que debería irme ya—, dije pasando a su lado, pero me siguieron. No sé qué hice anoche, no recuerdo nada después de caer en los brazos de esa mujer antes de pedirle que durmiera conmigo, pero lo que sí sé es que no pienso quedarme ni un segundo más. No creo que pueda mirarla a los ojos después de confundirla.—Dejen de seguirme; me iré a mi casa.

—No puede irse sin desayunar. La jefa nos dijo que pagaríamos si usted se iba sin probar bocado—. ¿Por qué la llaman «la jefa»? ¿A qué se dedica o qué? Me detuve en seco; ellos también. ¿Debería desayunar? De todos modos, ella no está aquí y, para ser honesta, muero de hambre.

—¿Qué hora es?

—Las once de la mañana.

—¿Qué?— ¿Cómo que las once de la mañana? ¿Tanto dormí? Mi madre me va a matar, y ni hablar de mi jefa. Creo que ahora sí me despedirá—. No, no, no, debo ir a mi casa, es muy tarde—, decía mientras bajaba las escaleras a gran velocidad. Esta casa es muy grande; esta sala es enorme, y todo parece tan triste que da pena. ¿Por qué solo tiene colores opacos? No me distraje más y caminé hacia la salida. Abrí la puerta sin siquiera imaginar a quién me encontraría al otro lado de esta. Dios mío, qué mujer tan alta y bella. Su aura proyecta peligro, pero me gusta; es imponente. Me quedé embobada ante tanta belleza. Ella solo me veía sin mostrar emoción alguna. Estaba tan embobada mirándola que no me di cuenta de que detrás de ella venían cuatro hombres.—L-Lo siento.

—¿A dónde vas?—, me preguntó casi encima, justo después de que yo hablara. Su voz era firme, sin mostrar debilidad alguna, pero... ¿cómo que a dónde voy?

—Voy a mi casa.—Ella ni se inmutó; solo levantó la mano y dos hombres vinieron y me agarraron.—¿Espera? ¿Qué haces?—, pregunté confundida, ya que, ante su gente, me había dicho que podía irme.

—Debes cambiarte. Además, no puedes irte...—Al escuchar eso y ver su mirada recorrer mi cuerpo de arriba abajo, caí en cuenta de que apenas llevaba puesta una camisa suya, que solo me cubría una parte de mis piernas. No podía ser más vergonzoso. Ella entró a la casa pasando a mi lado, luego fui arrastrada adentro por sus hombres. Me llevaron directo a una mesa grande que estaba repleta de comida. Había muchas cosas que amo comer, y mi felicidad salió a flote.

—Wow, todo se ve rico—, dije emocionada. Ella se sentó frente a mí con los brazos cruzados.

—Come, mientras te recuerdo lo de anoche.—Bueno, eso sí me interesaba. Aclaré mi garganta y tomé unos rollitos de huevo. Les di un mordisco. «Wow, esto es delicioso». Estaba comiendo tan a gusto que me olvidé de que estaba rodeada de gente, entonces dejé de comer. Amo comer; es uno de mis pasatiempos favoritos, y más si son dulces, esos sí que son mi debilidad...

—Parece que ya te llenaste—, dijo ella. La volteé a mirar. Estaba seria; cualquiera pensaría que esta era mi última comida, que acabaría conmigo justo ahora.

—Lo siento, es que son mis platos favoritos.

—Qué sorpresa, así que los platillos del desayuno resultaron ser tu comida favorita.

—Sí, ¿cómo lo supo?

—Coincidencia.

—Hmpm... entiendo.

—Señorita Valeria Bahr...—Levanté una ceja. ¿Quién era ella? ¿Cómo sabía mi nombre? Además, no creo en las coincidencias.

—¿Disculpe?

—Te investigué. No traigo a nadie a mi casa sin antes investigarlo.—¿Antes? ¿O sea que ya sabía de mí?—No, no sabía de ti.

—¿Quién eres? ¿Cómo te llamas?

—Soy la persona a la que le pediste ayuda anoche, ¿acaso no lo recuerdas?

{Jefa}

...Anoche, después de que se desmayara, pasó de todo, y la traje a mi casa porque me causó curiosidad; es la primera chica que duerme en mi cama sin que yo la toque, así que creo que es diferente.

—¿De qué habla, señora?—¿Señora? Sí, sé que estoy mayor, pero... ¿señora?

—Anoche, después de desmayarte en mis brazos, tocaste partes de mi cuerpo que no quiero recordar. Además, me pediste en muchas ocasiones que me acostara contigo, también me pediste que no te dejara volver a tu casa, que estabas muy cansada. No te estaba creyendo nada, pero tus lágrimas me dijeron que realmente estabas agotada. Ahora... ya no podrás escapar.

—¿Qué? ¿Acaso eres una criminal para mantenerme encerrada contra mi voluntad?—Le sonreí incrédula. Era linda y un tanto tierna, pero ahora era mía; no la dejaría escapar.

—Adivinaste. Ahora me perteneces; eres mía, no escaparás.

—¡¿Qué?! ¡Ni lo pienses!—Ella se levantó golpeando la mesa. Mis hombres la tomaron por los hombros y la obligaron a sentarse de nuevo.—¡Suéltenme!—Se sacudió furiosa.

—Me presento: me llamo Alisha Rusca. No te diré más; con el tiempo me irás conociendo.—Me levanté—. Estás en tu casa; haz lo que quieras.—Era la primera que traía a esta mansión, y se quedaría para siempre. Ahora puede que esté molesta, pero con el tiempo lo aceptará. Me dirigí a mi despacho; tenía cosas por hacer.

—Jefa, el Sr. Alexander ha comenzado a moverse. Aquí están sus últimos movimientos.—Me entregó una carpeta con la información. La abrí y comencé a revisarla. Este mal nacido piensa que puede jugar a dos bandos sin que me dé cuenta, y ya que quiere jugar, él será el ratón y yo el gato; veremos cuánto dura en el juego.

—Tráiganlo para mí—, ordené.

—Como ordene.—Diogo salió dejándome sola. Abrí otra carpeta para ver cómo iban los negocios en el extranjero, ya que me habían comunicado que la semana pasada habíamos tenido algunas pérdidas; pequeñas, pero pérdidas al fin, y yo odio perder.

{Valeria}

...Idiota. ¿Ahora dice que soy suya y que no saldré de aquí? ¡Ja! Creo que está soñando. Subí a la habitación para hacer un plan y escapar, aunque se ve difícil porque tengo a dos hombres parados frente a la puerta. No importa, encontraré la manera de salir de aquí. Me acosté boca arriba pensando en lo que haré para escapar, pero ni cuenta me di de a qué hora me quedé dormida.

—Jefa, tenemos problemas—, escuché entre sueños, pero pensé que estaba soñando, así que seguí durmiendo.

—Baja la voz, ella duerme—, dijo una voz que reconocí de inmediato. Tan serena, tan pausada, tan tranquila, pero firme: era ella. Entre sueños, fruncí el ceño.

—Lo siento, me disculpo.

—Dime.

—Los muchachos que iban a entregar la mercancía me llamaron y me dijeron que habían montado una emboscada.—¿Mercancía? ¿Emboscada? ¿A qué se dedica ella? No me digan que es... No, no, no puede ser.

{Alisha}

—¿De qué hablas? Esa ruta solo la sabemos nosotros. ¿De qué mierda hablas?

—Lo siento, jefa. Fue el Sr. Alexander; se lo dijo al Sr. Ortega—. Ortega, mi mayor rival, ahora conocía mi ruta para entregar la mercancía. Alexander no se iba a salvar.

—Vamos.—Estaba observando a Valeria mientras dormía; se veía que era un poquito enojona, ya que fruncía el ceño mientras dormía. Lo hizo en varias ocasiones. Salí de la mansión directo al centro de control, donde veíamos todo el recorrido de la mercancía. Ahora me tocaba trazar otra ruta para entregar esa mercancía a tiempo, y solo quedaba una hora.—Bien, ve tú y unos cuantos hombres más para contraatacar. En el camino te diré qué ruta tomar para que lleven la mercancía.

—Entendido, jefa.—Diogo salió a gran velocidad.

—Muéstrame el mapa.—Ordené. En segundos, ya tenía el plano en una pantalla grande frente a mí. Analicé cuál sería la ruta más segura y rápida para entregar la mercancía.—Llamen a Diogo—. Diogo contestó de inmediato.

—Dígame, jefa.

—¿Ya llegaste?

—En un minuto, a lo sumo.

—Bien, al llegar, diles a los muchachos que tomen la ruta al oeste.—Esa ruta no era la más segura; era donde mantenían más soldados, pero, por el momento, era eso o perdíamos la carga, y yo odio perder.

—Pero, jefa...

—Lo sé, pero no tenemos de otra.—Diogo no me respondió, pero esa carga debía llegar a su destino sí o sí. Seguimos en la llamada. A lo lejos se escuchaban ráfagas de disparos. Menos mal que estábamos lejos de donde se encontraban los soldados; para cuando llegaran, ya no habría nadie allí. Diogo llegó y les indicó a los muchachos qué ruta seguir, después escuché a Diogo indicarle a sus hombres cómo iban a contraatacar. Pasaron los minutos y ellos seguían, entonces les dije que se retiraran, ya que en el mapa mostraba que los muchachos ya habían tomado la ruta indicada; ellos no pasarían por ahí.—Diogo, retirada.

—¡Jefa, ellos ya se están retirando! ¡Creo que nos quedaremos un poco más!

—Ya di una orden—. Era en vano luchar contra Ortega. Ese viejo malnacido solo quería molestarme, nada más.

—Entendido, jefa. ¡¡Muchachos, retirada!!—Lo escuché decir antes de cortar la llamada. Miré la ruta y aparecía que ellos estaban quietos; supuse que estaban en requisa. Saqué mi celular y llamé. En este mundo había que tener todo tipo de contactos, para casos como este.

—Hola, comandante.

—Buenas tardes, jefa.

—Por favor, solo Alisha, jaja.

—Eso sería un honor. Y dígame, ¿a qué se debe su llamada?

—Mis hombres están en requisa por el oeste...

—Entendido... Entendido; no se preocupe, no habrá problemas.

—Eso es genial. Salúdeme a su esposa e hijo, y no se preocupe por la universidad de su hijo; solo dígame en dónde y todo estará arreglado—. Para ganar una guerra, a veces toca perder una pelea.

—Entendido, y muchas gracias, jefa.

—Bien, seguimos hablando.

—Hasta luego, jefa.—La llamada se cortó. Respiré hondo. Pensé que ya había acabado con los soplones, pero al parecer se reproducen como las cucarachas: entre más matas, más aparecen.

—Díganle a Diogo que venga a mi oficina.

—Sí, jefa.—Salí de esa habitación y fui a mi oficina. Necesitaba un trago y, de pronto, golpear algo o a alguien. Tomé la botella de whisky y me serví un trago doble. Me senté en la silla de cuero detrás del escritorio y apoyé mi cabeza en el espaldar. Me sentía estresada. Cerré los ojos y me quedé así por un buen rato, hasta que entró Diogo.

—Jefa...—Abrí los ojos lentamente.

—¿Estás molesto conmigo? ¿Estás bien? ¿Cómo están los demás?—Le pregunté, enderezándome.

—Todos bien. Y no me atrevería a enojarme con usted—, me respondió acelerado, entonces confirmé que sí estaba molesto.

—Estás molesto. Dime, ¿qué hice ahora?—Él es Diogo Aristazábal, mi mano derecha y mi amigo, mi hermano. Sus padres eran amigos de los míos, solo que sus padres siempre trabajaron para los míos, y aunque yo le dije que seríamos socios, dijo que no se atrevería, que, si lo quería cerca, sería mi asistente, nada más. Él levantó la vista y me miró a los ojos. Vaya, realmente estaba molesto.—Dime, ¿qué pasa?—Él solo me miraba. Fruncí el ceño. ¿No sabía cómo hablarme, o realmente estaba tan molesto que le costaba decirme? Me paré de la silla y fui hacia él. Le pasé mi mano por su hombro, pero enseguida se quitó.—Por favor, ¿qué hice ahora?—Debía ser algo que prometí no volver a hacer, pero lo hice. Pero ¿qué hice? Hmpm...

—Deje ir a esa muchacha. No creo que sepa a qué se dedica.

—¿Qué?

—Sé que ella la tocó allí abajo...—Él miró hacia mi parte íntima—, pero créame, ella no se acuerda de nada; ella no sabe sobre eso...

—¿Crees que la tengo encerrada por eso?

—¿Entonces?

—Sería genial que ella recordara, pero no lo hago por eso; lo hago porque me da curiosidad, porque gracias a ella pude dormir más de dos horas anoche, porque es la única chica que duerme en mi cama sin que sienta la necesidad de tocarla. Si la dejo ir... no creo que vuelva a tener la posibilidad de saber por qué con ella pude dormir, por eso no la dejaré ir.—Decía mientras caminaba hacia la ventana. Yo soy mujer, pero tengo un pequeño problema entre mis piernas, pero eso no me molesta; de hecho, me siento orgullosa, ya que puedo disfrutar de los dos mundos: vivir como mujer y disfrutar como hombre; eso es genial.

—¿Pero cree que eso está bien? ¿Cree que así ella gustará de usted?

—No, claro que no. Y ¿por qué piensas que lo hago por eso? Ella solo me da curiosidad, no digas estupideces. Y de hecho, pon más seguridad en casa; estoy segura de que intentará escapar.

—¿Más? ¿Sabes cuántos hombres cuidan esa mansión? No desperdicies dinero.

—En mi vida tengo dos amigos: uno que controla lo que gasto, y otro que me dice que no gasto mucho. Creo que es la balanza perfecta. Pero ya, mucho cariño...

—Haz lo que te digo. Ahora, ¿dónde está Alexander? Hace rato no practico boxeo.—Dije, quitándome el saco y procediendo a arremangarme la camisa.

—Está en el sótano.

—Genial, vamos.—Salimos de la oficina y bajamos al sótano, y allí estaba él, golpeado y con toda la cara llena de sangre y los ojos hinchados. Tres hombres lo vigilaban. Él, apenas me vio, se asustó; su expresión mostraba miedo, temor, horror. Entonces sonreí.—Espero que mis hombres te hayan atendido como corresponde, aunque viendo cómo estás... fueron muy amables contigo.

—No, no, no...

—¿No, no qué?—

...Él se quedó callado, miró hacia los lados y, luego, su expresión cambió; me miró mientras reía demencialmente. Yo sonreí.

—Si piensas que te rogaré, estás equivocada. ¡¡MÁTAME SI QUIERES!!—Me acerqué a él.

—Quieres lo fácil, ¿no? Pues, olvídate. Rogarás para que te mate—, finalicé hablándole entre dientes mientras apretaba su garganta. Regresé y me senté de nuevo.—Diogo... quiero saber todo.

—Sí, jefa.

...Diogo se acercó a Alexander. Lo amarraron de las manos y lo colgaron.

—¿Qué me harás? ¿Me golpearás hasta que hable?

—No, te golpearán hasta que ruegues que te maten.

...Él rio mientras escupía. . Hice una seña a Diogo y él lo golpeó, dejándolo sin aire.

—Solo tengo una pregunta: si la respondes, no te golpearán por ahora; si no, pues... ya sabes.

—Quieres saber a quién más le di tu ruta, ¿no?—Dijo él como pudo. Ese desgraciado sabía lo que había hecho. No tuve que decir nada para que Diogo le pegara otro golpe en el estómago.—¡Mal nacida!—Me levanté de la silla.

—Tienes treinta segundos para que hables; después de eso, perderé el control—, dije sacando mi arma. Y no le dispararía a él directamente, ya que él me rogaría que lo matara. Pasaron los treinta segundos, pero él no habló, entonces puse mi arma cerca de su oído y jalé el gatillo. Luego le abrí la boca y metí el cañón de mi arma dentro. Él solo gritaba. . Seguimos así por un buen rato, pero él solo me había dado un nombre, y yo sabía que se lo había vendido a más gente. Ahora estaba sentada mientras unos de los chicos lo golpeaban, y de hecho ya lo habían hecho desmayar dos veces. Diogo había salido por un momento, pero regresó preocupado.

—Jefa, la señorita no quiere cenar.

—¿Qué? ¿Qué señorita?

—La chica que tiene en casa.—Oh, no me acordaba de que tenía a alguien en casa. Creo que me dará dolores de cabeza. Miré la hora: iban a ser las ocho de la noche. ¿Cuánto tiempo llevaba acá? Me levanté, miré mi camisa y estaba toda salpicada de sangre.

—Arriba hay un traje.—Diogo como que leía mis pensamientos; siempre ha sido así.

—Gracias. Quédate; no puede morir hasta que no hable.—Dije por último antes de subir con dos hombres detrás de mí. No necesitaba una respuesta de Diogo, ya que yo sabía que él le sacaría todo a ese imbécil. Volviendo con Valeria, se me había olvidado por completo de su existencia, aunque eso no cambiaba nada. Creo que igual estaría aquí. Necesitaba saber a quién ese imbécil le dijo mi ruta de embarque para tratar el asunto. Me cambié de ropa; me puse un traje azul oscuro y un abrigo largo del mismo color, me lo amarré sobre la cintura y salí en dirección a la mansión. Al llegar, no podía creer lo que veía. Esta chica es realmente extraña.

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Pamela Duran Sandoval
siga así excelente novela autora porfavor más capitulos
Blasida Zarate
Es buenísimo lastima que tiene pocos capítulos pero esperaré
Pamela Duran Sandoval
Valeria dale su merecido a Dante a él no le haces nada en cambio a la pobre señora rusca le rompes la nariz, la cacheteas, la insultas, pobrecita de ella me compadezco
Elisbeth Palma
más capítulo autora
Elisbeth Palma
😱😱😱😏 estará difícil
Elisbeth Palma
sí claro
Elisbeth Palma
🤭🤭🤭🤭😏 se la había olvidado
Elisbeth Palma
🥰🤭😏 me encanta estos tipos de novela
Pamela Duran Sandoval
gracias autora más capitulos porfi 🙏🙏🙏🙏
Pamela Duran Sandoval
excelente novela gracias espero pronto una nueva actualización
nilda daniela camacho mejia
necesito más capitulos, está muy buena la historia
Pamela Duran Sandoval
excelente novela autora ya la extrañaba me encantan sus obras las e leído todas y espero que esta no sea igual de buena que las anteriores gracias espero un nuevo capítulo
Dshir Caicedo: Hola. Gracias por siempre comentar. Yo también extrañaba publicar a mis querid@s y leales lectores. Yo también espero que sea de su agrado está historia.
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