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¡Divorcémonos, cariño!

¡Divorcémonos, cariño!

Status: Terminada
Genre:CEO / Maltrato Emocional / Juego de roles / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:5
Nilai: 5
nombre de autor: Senja

Valeria Ríos lo dio todo por su matrimonio con Rodrigo Montero: su juventud, su paciencia y su dignidad. Durante años soportó las humillaciones de Carmen, su suegra, que la tachaba de estéril y de mala suerte. Resistió la indiferencia de un esposo que prefería las noches de trabajo al calor de su hogar. Tragó lágrimas mientras Valentina, la examante de Rodrigo, se paseaba por su vida dejando destrucción a cada paso.

Hasta que un día, Valeria descubre lo que su cuerpo ya sabía: tiene leucemia.

Enferma, sola y sin fuerzas para seguir fingiendo, Valeria toma la decisión más difícil de su vida: pedirle el divorcio a Rodrigo. Pero lo que comienza como un acto de rendición se transforma en el inicio de su verdadera historia.

Julián Navarro —brillante médico especialista, heredero de una familia acaudalada y desesperadamente torpe en cuestiones del corazón— lleva años enamorado en silencio de Valeria. Cuando ella se derrumba, él se convierte en su pilar: la acompaña a las quimioterapias, pelea con el sistema para conseguirle un donante de médula, y le demuestra con hechos que el amor no se proclama a gritos sino que se construye en los detalles.

Mientras tanto, Rodrigo descubre demasiado tarde el precio de dar por sentado a quien más lo amaba. La ruina económica, la traición de Valentina, los secretos familiares que explotan uno tras otro y la revelación de que Valeria estuvo muriendo frente a sus ojos sin que él lo notara le destrozan la arrogancia que alguna vez confundió con fortaleza.

A su alrededor, vidas paralelas se entrelazan con la suya: Martín y Sofía, un matrimonio congelado por el orgullo, encuentran la chispa gracias al ultimátum adorablemente absurdo de su hijo Mateo; Daniel, un hombre marcado por la culpa, lucha por recuperar la relación con Nicolás, el hijo que no supo criar; y Carmen enfrenta la devastadora verdad de que su crueldad destruyó lo único valioso que tenía su familia.

NovelToon tiene autorización de Senja para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap. 2

Valeria despertó cuando el reloj digital de la mesita de noche marcaba las 3:07 de la madrugada. La habitación seguía a oscuras, apenas iluminada por la tenue luz de la lámpara de noche en el rincón. Afuera llovía suavemente, y el repiqueteo del agua contra el cristal de la ventana se colaba como un murmullo distante.

Parpadeó despacio. El pecho le dolía otra vez esa noche. Su mano buscó por instinto el lado opuesto de la cama.

Vacío.

Abrió los ojos de golpe.

—¿Rodrigo? —llamó en voz baja.

No hubo respuesta. Pero unos segundos después, oyó el sonido del agua corriendo en el baño. Dejó escapar el aire contenido. Quizá solo se estaba bañando.

Volvió a recostarse e intentó cerrar los ojos. Pero algo no la dejaba tranquila.

Desde hacía semanas, Rodrigo se levantaba a media noche con frecuencia. A veces salía del cuarto sin hacer ruido; a veces se quedaba sentado a solas en el estudio hasta el amanecer. Y cada vez que Valeria le preguntaba, la respuesta era siempre la misma.

Tengo muchas cosas en la cabeza.

Valeria se giró despacio sobre la almohada. En ese momento, sus ojos captaron el destello de una luz diminuta en el teléfono de Rodrigo, apoyado sobre la mesita. La pantalla se había encendido.

Un mensaje nuevo.

Al principio, no tenía intención de mirar. Ella no era de esas esposas que revisan el teléfono de su marido. En tres años de matrimonio, siempre había confiado en Rodrigo.

Pero esa noche, algo dentro de ella se sentía diferente. Su mano avanzó despacio y tomó el aparato.

La notificación seguía abierta en la pantalla. El nombre de la remitente le cortó la respiración.

Valentina.

El corazón empezó a latirle más rápido. Y el contenido del mensaje…

[Gracias por venir tan tarde. De verdad no sé a quién más podría pedirle ayuda, cariño]

El cuerpo de Valeria se paralizó. ¿Rodrigo había ido a su casa de madrugada?

Sus ojos bajaron al mensaje anterior.

[Perdona que te moleste a esta hora. Mi hijo tiene fiebre alta y no para de llorar pidiendo a su papá. ¿Podrías venir?]

El mensaje había sido enviado a la 1:12 de la madrugada. Valeria se mordió el labio inferior con fuerza. Mientras ella dormía plácidamente en esa cama, Rodrigo se había escabullido en mitad de la noche para ir a ver a Valentina. Por ella.

Agachó la cabeza. La garganta se le cerró de pronto.

Qué irónico…

Su propio marido ya casi no la abrazaba últimamente, pero siempre aparecía cada vez que otra mujer lo necesitaba. Aunque esa mujer fuera la viuda de su hermano.

Valeria apretó los párpados. Sabía que debería entender.

Valentina estaba sola ahora. Valentina había perdido a su esposo. Y Valentina tenía un niño pequeño que todavía necesitaba una figura paterna.

Todos decían lo mismo. Incluido Rodrigo.

Pero, ¿y ella? ¿A quién le importaba que Valeria también estuviera perdiendo a su marido, poco a poco?

Las lágrimas le inundaron los ojos. Se las limpió rápido, antes de que cayeran.

La puerta del baño se abrió con un chasquido suave. Valeria se apresuró a dejar el teléfono en su sitio justo antes de que Rodrigo saliera.

Él se veía fresco después del baño. Una camiseta negra ajustada le marcaba el torso atlético, y se frotaba el cabello mojado con una toalla sin demasiado cuidado.

Pareció sorprendido al ver que Valeria estaba despierta.

—¿Por qué no estás dormida?

Valeria lo observó unos segundos. Una mirada que hizo a Rodrigo fruncir ligeramente el ceño.

—¿De dónde vienes?

Rodrigo tardó una fracción de segundo de más en contestar. Después respondió con naturalidad:

—De hacer ejercicio.

Valeria casi se ríe al oír eso. ¿Ejercicio? ¿A las tres de la mañana?

—¿Ejercicio? —repitió despacio.

—Sí.

—¿A esta hora?

Rodrigo arrojó la toalla sobre el sofá junto a la ventana.

—No podía dormir.

La respuesta sonaba normal. Demasiado normal. Como si salir a escondidas en plena madrugada para ir a ver a otra mujer fuera lo más natural del mundo.

Valeria le escudriñó el rostro durante un rato largo. Buscando un rastro de culpa. Pero no había ninguno.

Rodrigo, al contrario, parecía molesto por el interrogatorio.

—¿Por qué me miras así?

Valeria sonrió apenas. Una sonrisa que se parecía más a contener un derrumbe.

—Por nada.

—Si quieres decir algo, dilo de una vez. —El tono de Rodrigo se volvió gélido.

Siempre era igual.

Últimamente, bastaba con que Valeria hiciera la más mínima pregunta para que él saltara.

—Solo me sorprende —dijo ella en voz baja—. Últimamente haces mucho ejercicio.

Rodrigo resopló con fastidio.

—¿Qué me estás acusando?

Valeria tragó saliva. Ni siquiera había dicho nada todavía, pero Rodrigo ya estaba a la defensiva. El pecho le dolió un poco más.

—No te estoy acusando de nada.

—Valeria, estoy cansado. —Rodrigo empezó a levantar la voz—. No me causes problemas a esta hora.

Esas palabras le estrujaron el corazón. Otra vez ella era el problema.

Cuando lo único que quería era un poco de atención.

—Solo estoy preguntando.

—Y tu tono me irrita.

Las lágrimas de Valeria estuvieron a punto de caer de nuevo. Bajó la cabeza rápido antes de que él las viera. Antes, Rodrigo no era así. Antes, si la notaba triste, la atraía hacia sus brazos. Antes, siempre le besaba la frente para darle las buenas noches.

Antes…

Antes de que Valentina se instalara demasiado dentro de sus vidas.

—¿Vas seguido? —preguntó Valeria en un hilo de voz.

La mirada de Rodrigo se afiló.

—¿Adónde?

—A casa de Valentina.

—Solo les echo una mano.

—¿A la una de la mañana?

Silencio.

La mandíbula de Rodrigo comenzó a endurecerse.

—Ya te dije que no empieces.

—No estoy empezando nada… —la voz de Valeria tembló—. Solo quiero saber por qué últimamente siempre estás disponible para ella, pero nunca para mí.

—¡Porque Valentina necesita ayuda!

—Yo también necesito a mi esposo… —La frase salió tan queda que apenas se oyó.

Pero fue suficiente para que el silencio se tragara la habitación entera.

Por un instante, Rodrigo pareció quedarse sin palabras. Pero solo por un instante.

—No seas egoísta, Valeria.

El corazón de Valeria se desmoronó.

¿Egoísta? ¿Pedirle atención a su propio marido era ser egoísta?

—¿Egoísta? —susurró.

Rodrigo se frotó la cara con frustración.

—Ya perdí a mi hermano. No me hagas cargar con cosas que no tienen importancia. Todo lo que hago es por Nicolás.

¿Cosas que no tienen importancia?

Valeria lo miró con los ojos vacíos. Así que eso era. Ella se había convertido en algo sin importancia en la vida de Rodrigo.

Las lágrimas cayeron al fin. Pero Rodrigo no se acercó. No la abrazó. No le pidió disculpas.

Solo dejó escapar un suspiro largo, como si estuviera agotado de lidiar con ella. Y esa noche, por primera vez, Valeria lo entendió con una claridad devastadora: su marido aún vivía bajo el mismo techo que ella, pero su corazón se había marchado hacía mucho.

—Me voy a dormir. —Rodrigo se acostó dándole la espalda.

Y Valeria se quedó conteniendo los sollozos antes de bajar de la cama y caminar hasta el baño.

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