En un mundo donde los dragones eligen a sus jinetes y los reinos se sostienen sobre alianzas forzadas. El amor es un lujo que nadie puede permitirse en tiempos de guerra. Elian Kovács siempre supo que su destino no le pertenecía al nacer enfermizo. Principe Omega del reino nórdico, y pieza clave en la guerra que se aproxima, su vida queda sellada cuando es prometido en matrimonio al heredero del poderoso Dominium Sárkányvér, un alfa al que jamás ha visto… y al que está destinado a obedecer como su futura esposa. Pelear en contra del clan del desierto. Pero ambos antes de rendirse al deber cometen un error. Lo que debía ser un escape sin consecuencias… Se convierte en un secreto imposible de ocultar. Porque semanas después, Elian descubre que lleva dentro algo más que culpa. Lleva un hijo concebido fuera del pacto. Una verdad que, de salir a la luz, podría significar la caída de su clan o su exterminio. Porque en un mundo donde el deber lo es todo. El amor puede ser la guerra más letal.
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El encuentro
Horas después en su habitación, aún muy enojado por la no tan buena noticia de su casamiento, ya la noche caía como un manto predominando el frío de la región que podía calar hasta los huesos...
— Príncipe no ha dicho nada desde que llegó, dígame qué le pasó realmente.
— ¿Me vas a decir que no sabías nada?
— Bueno...nadita de nada no. Solo sé que llegó un edicto del reino continuo y tenía el sello imperial. Sé que no estamos en guerra abiertamente con ellos, es más algo político y opiniones diferentes de quién se va a quedar con el río de sangre que atraviesa los reinos y la montaña de oro recién descubierta atravesada por el mismo río.
— Ya que dices no saber nada te lo dejaré pasar. Lo que sucede es que mis padres y los padres del otro reino, me están obligando a casarme con su príncipe heredero porque la guerra con los dragones del desierto se acerca. Supongo que tienen perder la guerra.
— ¿Que? ¿Ellos quieren una alianza para derrotar a ese clan del desierto? ¿Y encima casarlo con el principe al que llaman el dragón de hielo?
—Si...me faltó decirles el famoso apodo de su majestad el principe, el gran idiota dragón de hielo. Me preguntó que tan frío es por llevar ese maldito apodo.
—Ya ni mierda, ¿tendrá que casarse con esa sal? No puede desobedecer a sus padres los reyes pero eso es mucho.
— ¿Estás de mi lado o eres mi enemigo? Quien te oye diría que mis padres te enviaron a convencerme.
— No me malinterprete, su alteza. Nadie me mandó a nada. ¿Pero que hará? Si sus padres aceptaron es por algo. Ellos saben que usted es capaz de dominar al enemigo con sus feromonas si es alfa aunque nunca ha practicando esa habilidad. Mire el lado positivo.
— ¿Y qué hay de positivo en entregarme a alguien que no amo?
— Será dueño de dos reinos, pero es algo sin precedentes..
—No me interesa ser dueño de nada. Soy virgen maldita sea. Y encima mis padres siempre han sabido que me gustan los chicos, pensé que tenía mi secreto bien guardado— lo mira inquisitivamente, mientras se levantaba de la cama y se cambiaba de ropa.
—A mi no me mire. Yo no dije nada. Es que usted no disimulaba cuando veía a sus maestros, en especial el entrenador de dragones y el maestro de pociones, usted sigue virgen, porque nadie se ha atrevido a cruzar esa línea, "incluyéndome"... ya sabe que hay espías por su seguridad, de seguro se lo dijeron a sus padres y ellos se hicieron los ignorantes, y a su edad que no tenga ni una novia publica ya es sospecha de impotencia o de gustos raros. Pero es mejor que sean gustos raros hacia el mismo género.
—Ya basta de tanto parloteo, no puedo quedarme aquí. Vamos a salir, si voy a perder mi virginidad que sea con alguien que yo desee—dijo Elian, ya envuelto en una capa larga y oscura.
—¿Estás loco? —Soren lo miró incrédulo—. Si te descubren…
—Necesito respirar. Divertirme por primera y última vez.
Soren suspiró.
—Siempre haces esto de manipularme para hacer lo que usted quiera..
—Y siempre vienes conmigo.
Un silencio.
Y luego…
—Maldita sea —murmuró Soren—. Está bien. Pero si hay peligro regresamos y no pienses en salir sin antifaz. Si alguien lo reconoce estaré en problemas. Y nada de eso de perder la virginidad. Eso está totalmente prohibido hasta el día de su.. maldita boda.
— Si, si como digas. Pero no quiero ir a las tabernas que ya hemos visto. Llévame a una bien lejos y nueva.
— Conozco una en las fronteras, es como un punto muerto de ambas naciones. Y tienen la mejor cerveza de la región, pero no es apta para usted.
— Pues a esa quiero ir.
—¡Joven amo!
— Vamos o no te voy a hablar hasta que me muera.
Mientras tanto en el otro reino…
—Ensilla los dragones —ordenó David con voz fría.
Miklós lo observó.
—¿A dónde vamos, príncipe?
—A cualquier lugar que no huela a decisiones ajenas. Vamos por algunas mujeres hoy si perderé mi virginidad a mi gusto no al de otro.
— Pero principe...debe permanecer casto hasta el matrimonio. Ya su boca, sus ojos y sus manos han pecado. Es un alfa dominante único en su clase y aunque su reputación anda por el suelo, debe hacer que la gente deje de chismosear antes de la boda.
— Bueno, ahora es el turno de mi polla. No me voy a entregar a alguien que no conozco siendo virgen. Voy a estar con más de una hoy hasta quedar seco. Ya que no puedo casarme con flor o con ninguna otra. Y no quiero que me digas absolutamente nada. Yo tratando de ser serio para mí futura esposa y mira con lo que me salen mis padres.
— Es que usted paga a damas por bailes en privado, las besa y toquetea, las hace besarse entre ellas si está con dos, las hace chuparselas y luego da más dinero para que no hablen. Se hizo la fama de mujeriego sin llevarlas a la cama.
— Ya cállate.
— Una fama falsa del dragón de hielo.
— ¿Dragón de hielo?
— ¿No lo sabía? Así es como lo apodan desde hace años. Frío, despiadado, mujeriego, déspota, asesino, todo un dragón de hielo.
— Es un buen apodo, me representa a excepción de lo de mujeriego. Pero no me hace justicia debió de ser el dragón infernal. Vamos al lugar del que siempre he oído hablar. Vamos a divertirnos de verdad hasta el amanecer.
Las alas de sus monturas dragónicas se desplegaron.
El cielo rugió. Y en cuestión de minutos… el príncipe húngaro desapareció en la noche.
El punto de encuentro era un pequeño pueblo olvidado entre ambos reinos. Un lugar neutral. Peligroso para el que nunca había ido. Perfecto para el que desea desaparecer.
Al llegar la taberna estaba llena.
Risas, alcohol… y gente que no hacía preguntas. Algunos funcionarios de alto rango con máscaras, plebeyos, mujeres ofreciendo todo tipo de servicios y cazadores independientes o errantes.
Dávid entró primero, cubierto con una capa oscura y una máscara que ocultaba su rostro. Se sentaron en la barra y pidieron el alcohol más fuerte de la taberna. Pasaron algunas horas y el alcohol empezaba a hacer efecto. Ninguna mujer le llamaba la atención para perder la virginidad. Pero vio una pelirroja entrar con una gran espada en la cadera.
—No te metas en problemas —advirtió Miklós al darse cuenta de la sonrisa del príncipe.
—No prometo nada.
Se levantó para cortejarla. Caminaba medio tambaleante.
Detrás de ella, segundos después... la puerta volvió a abrirse. El aroma a bayas y flores silvestres inundó sus sentidos, la pelirroja pasó por su lado sin hacerle caso y él de quedó embelesado al chocar con esos ojos verdes claros y la sonrisa más hermosa que jamás había visto.