Un delegado de policía consumido por la venganza. Un chef que carga con una condena que no le pertenece. El mismo enemigo. Un deseo que ninguno de los dos puede controlar.
Vinícius Cruz lleva años cazando al narcotraficante que destruyó a su familia. Frío, implacable y sin espacio para el amor, su vida se reduce a una obsesión: hacer justicia con sus propias manos. Hasta que una noche, en medio del caos de una discoteca, sus ojos se cruzan con los de un desconocido que le roba el aliento.
Saullo Dantas acaba de salir de prisión después de cumplir tres años por un crimen que no cometió. Carga con cicatrices que no puede mostrar, secretos que no puede contar y un plan de venganza que podría costarle la vida. Lo último que necesita es caer rendido ante un hombre que esconde su propia identidad.
Lo que empieza como una atracción imposible de ignorar se convierte en algo que ninguno de los dos sabe nombrar. Pero cuando las mentiras se derrumban y el pasado los alcanza, Vinícius y Saullo descubrirán que comparten mucho más que una cama: comparten al mismo demonio.
Entre traiciones, secretos policiales y un enemigo que acecha en las sombras, tendrán que decidir si el amor es suficiente razón para arriesgarlo todo... incluso la vida.
Una historia de pasión sin límites, segundas oportunidades y la certeza de que el corazón no entiende de reglas.
Para mayores de 18 años. Contenido adulto explícito.
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Capítulo XX (Saullo Dantas)
"La nostalgia es algo que no se explica, solo se siente"
Ya pasaron algunos días desde mi último encuentro con Vinícius. Estoy evitando lugares donde pueda encontrármelo de nuevo.
Necesito volver a enfocarme y continuar mis investigaciones sobre el regreso de Carlos al mando del narcotráfico en la ciudad. Estuvo mucho tiempo desaparecido, pero descubrí que ya se está organizando para volver a la actividad. Durante el día me mantengo en contacto con algunos compañeros que hice en la cárcel, y durante la noche sigo mi rutina en el restaurante. No quiero dejar preocupada a Sara.
No voy a mentir: extraño a Vinícius. Todo. Su cuerpo, su olor, su sabor. Nunca sentí esto por nadie antes. Pero soy realista: nunca vamos a funcionar juntos. Somos lo opuesto el uno del otro.
El tipo es delegado y comanda un equipo de combate al narcotráfico. Y para empeorar las cosas, también anda detrás de Carlos, según mi información.
En los últimos días tengo el presentimiento de estar siendo vigilado cuando salgo de casa. No confío en ese maldito Fábio. Me persiguió durante años en la cárcel; tengo que tener cuidado con él ahora que está tan cerca.
El turno de hoy estuvo pesado; tuvimos varios grupos de empresarios. Yo y el equipo de cocina fuimos los últimos en salir. Sobre todo yo, que estaba tan cansado que ni me di cuenta de que alguien me seguía en la oscuridad.
Estaba tan distraído caminando que me asusté con el grito de Caio, pero ya era tarde. De la nada apareció un tipo con un cuchillo en la mano. Intenté librarme de él, pero estaba demasiado agotado y él fue más rápido. Sacó el cuchillo y se me fue encima. Aunque yo era más grande y más fuerte que él, mis movimientos estaban lentos por el cansancio. Aun así intenté defenderme. En uno de los movimientos, el tipo me pasó el cuchillo por el brazo cuando lo levanté para cubrirme. Enseguida salió corriendo.
— ¡Car***, estás herido! ¡Tenemos que ir al hospital! —dijo Caio preocupado.
Estaba bastante asustado porque sangraba mucho. El corte no era grande, pero parecía profundo. Caio empezó a gritar y pronto aparecieron Sara y Pedro, que todavía estaban dentro del restaurante. Aunque les dije que no había sido nada grave, lograron convencerme de ir al hospital.
El corte necesitó cinco puntos.
— ¿Pudiste verle la cara al tipo? —Sara estaba nerviosa.
— ¡No! Traía la cara cubierta, y además estaba muy oscuro.
— Tenemos que poner una denuncia. Ha habido muchos asaltos en los últimos días aquí en el barrio.
Dijo Pedro sacando el celular del bolsillo.
— ¿Qué estás haciendo? —quise saber.
— ¡Voy a llamar a la policía! —respondió él.
Le quité el celular de la mano. Lo que menos quería en ese momento era dar una declaración en una delegación. No quería correr el riesgo de toparme con Fábio. Parecía que ahora ese tipo estaba en todos los lugares donde yo estaba.
— Por favor, Saullo, necesitas cuidarte, hermano.
— ¡La señorita Sara tiene razón! —concordó Caio todavía asustado.
— Te vas a quedar unos días conmigo en mi departamento —dijo ella sin darme oportunidad de decir nada.
Tuve que aceptar quedarme con Sara unos días, porque si no, no iba a tener paz.