📖 Sinopsis
Emma es una chica que siempre ha preferido el silencio. Desde niña, su timidez la mantuvo oculta tras las páginas de sus libros y las escenas de sus series románticas favoritas. Solo una vez fue valiente: cuando entregó una nota de papel preguntando: "¿Quieres ser mi novio?". Recibió un "Sí" de vuelta, pero el destino le arrebató ese amor el mismo día cuando sus padres la cambiaron de escuela sin previo aviso.
Años después, Emma trabaja en una fábrica de zapatos, atrapada en una rutina de cuero, máquinas y soledad, refugiándose en una cuenta de Instagram anónima donde escribe sus penas. Pero su mundo de cristal está a punto de romperse cuando recibe una notificación en su cuenta personal: “Hola, ¿tú eres Emma Rodríguez?”.
¿Es posible que el niño de la nota nunca la haya olvidado? ¿Podrá Emma superar su timidez antes de que el pasado se le escape de las manos otra vez?
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Capítulo 2: La pantalla que quema
El celular vibraba sobre la colcha de flores de mi cama como si tuviera vida propia. Cada vez que la pantalla se iluminaba con el nombre J_Castillo94, sentía un pinchazo de electricidad en el estómago.
"¿Tú eres la Emma Rodríguez que estudiaba en la Escuela del Sur?"
Me quedé inmóvil, observando el mensaje como si fuera una granada a punto de explotar. Una chica normal simplemente diría "Sí, soy yo", pero yo no era una chica normal. Yo era la Emma que prefería dar un rodeo de tres cuadras antes que saludar a un vecino en la calle. Yo era la que se escondía en los baños de la fábrica cuando había celebraciones de cumpleaños.
—No puede ser él —susurré para el silencio de mi habitación—. Es imposible.
Me armé de valor y toqué su foto de perfil. Se abrió una imagen pequeña: un hombre joven, de espaldas, mirando hacia un valle verde desde la cima de una montaña. No podía verle la cara. Revisé sus fotos públicas; no había muchas. Paisajes, algunos bocetos de dibujos arquitectónicos y una foto de un perro labrador durmiendo al sol.
Nada me resultaba familiar, y aun así, el apellido Castillo resonaba en mi cabeza con la fuerza de una campana. Julián Castillo. El niño que compartía sus galletas conmigo sin decir una palabra porque sabía que me daba pena pedirlas.
Pasaron diez minutos. Luego veinte. Mi serie romántica seguía reproduciéndose en el televisor, pero por primera vez en años, la ficción no me interesaba. La realidad estaba llamando a mi puerta digital y yo tenía la mano en el picaporte, temblando.
Escribí: "Hola". Lo borré.
Escribí: "Sí, soy yo. ¿Quién eres?" Lo borré de nuevo. Sonaba demasiado cortante, o demasiado ansiosa.
Finalmente, con los ojos cerrados y el corazón martillando contra mis costillas, tecleé cuatro letras que me parecieron una montaña:
Emma_Rod: "Sí..."
Bloqueé el teléfono de inmediato y lo arrojé al otro extremo de la cama como si me hubiera quemado. Me cubrí la cara con la almohada, sintiendo un calor abrasador en las mejillas. ¿Y si se había equivocado? ¿Y si solo quería venderme algo? ¿Y si se reía de mí al ver lo poco que había cambiado mi vida?
Pasó una hora de agonía hasta que el teléfono volvió a sonar. Esta vez no era una notificación, era una respuesta larga.
J_Castillo94: "¡No lo puedo creer! Emma... te he buscado por años. Bueno, a decir verdad, nunca dejé de preguntar por ti. Aquel día en la escuela, cuando te fuiste sin decir nada... todavía tengo la nota, ¿sabes? La guardé en una enciclopedia de mi papá. Pensé que me habías odiado por decir que sí".
Un sollozo involuntario escapó de mi garganta. Él también la tenía. Él también había guardado ese pedazo de papel como si fuera un contrato sagrado.
De pronto, la timidez que siempre había sido mi escudo se sintió como una celda. Quería gritarle que yo también la tenía, que trabajaba en una fábrica de zapatos y que mi vida era un ciclo infinito de soledad y películas. Pero el miedo fue más fuerte.
"Todavía tengo la nota". Esas palabras flotaban en la pantalla, desafiando los trece años de distancia.
Ya no era solo una chica invisible. En algún lugar del mundo, alguien llamado Julián Castillo me recordaba.