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Mori Olvidada, Renací Intocable

Mori Olvidada, Renací Intocable

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Reencarnación / Venganza / Completas
Popularitas:1.4M
Nilai: 4.9
nombre de autor: Daemin

A ella la mataron para salvar a la hermana favorita.
Sus padres la entregaron. Sus hermanos la ignoraron. El asesino quedó libre.

Pero ella despertó en otro cuerpo.

Ahora tiene una familia que la ama sin condiciones, cuatro hermanos que destruirían a cualquiera que la mire mal, y un esposo que la adora con devoción peligrosa.

Su pasado la cree muerta.
Su presente la hace invencible.

No volvió para vengarse.
Volvió para convertirse en la pesadilla de quienes crearon la suya.

El infierno no la reclamó.
Ahora ella lo va a repartir.

NovelToon tiene autorización de Daemin para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

17. Todo Puede Empeorar

—¡Maldita sea!

El grito de Adrián resonó en la sala antes de que el jarrón terminara estrellándose contra el piso. Los fragmentos se dispersaron por la alfombra, pero a él no pareció importarle. Caminaba de un lado a otro con los puños cerrados, la respiración agitada, la frustración clavándosele en el pecho como una espina.

Había estado a punto de firmar. Todo estaba listo. El socio incluso había sostenido el bolígrafo en la mano. Y entonces, la llamada. Unos minutos de conversación en voz baja y después la frase que todavía le zumbaba en la cabeza.

“No puedo firmar. No puedo desafiar a los Valcour.”

La puerta se abrió de golpe y sus hermanos entraron a la sala. Sebastián fue el primero en notar el desastre. Lucas se detuvo al ver los restos del jarrón. Camila, en cambio, fue directo hacia Adrián, con el ceño fruncido y una expresión de preocupación perfectamente ensayada.

—Adrián… —dijo, acercándose—. ¿Qué pasó?

Cuando intentó tocarle el brazo, él reaccionó con rabia, empujándola sin medir fuerza. Camila perdió el equilibrio y cayó al suelo con un pequeño grito ahogado.

—¡¿Qué te pasa?! —exclamó Sebastián de inmediato, empujando a Adrián para apartarlo.

Sebastián se agachó y ayudó a Camila a incorporarse. Ella ya tenía los ojos llenos de lágrimas, el labio temblándole como si estuviera profundamente herida. Lucas también se acercó, sosteniéndola con cuidado y llevándola hasta el sofá.

—Tranquila, Cami… —dijo Lucas—. Ya pasó.

Adrián se quedó quieto, respirando con dificultad. Al ver el rostro de su hermana, la culpa comenzó a abrirse paso entre la rabia.

—Yo… —dijo, bajando un poco la voz—. Perdón. No quise empujarte. Solo tuve un mal día.

Camila lo miró con tristeza, sin decir nada, dejando que el silencio hiciera el resto.

—El socio —continuó Adrián—. Se echó para atrás a última hora. Dijo que no podía firmar conmigo. Que no podía enfrentarse a los Valcour.

Sebastián frunció el ceño.

—¿Los Valcour? —repitió—. ¿Desde cuándo tenemos ese problema?

—Desde ahora, al parecer —respondió Adrián con amargura—. Todo estaba listo y lo tiraron a la basura por una llamada.

Lucas negó con la cabeza, incrédulo.

—Esto no es casualidad.

Sebastián guardó silencio unos segundos, pensativo, hasta que finalmente habló.

—No nos queda otra opción —dijo—. Adrián, tienes que disculparte con Isabella.

La reacción fue inmediata.

—¿Qué? —estalló Adrián—. ¿Estás loco? ¿Disculparme por qué? Yo no hice nada.

Camila se levantó de golpe.

—¡Exacto! —intervino—. ¿Por qué mi hermano tendría que pedirle perdón a ella? Es ridículo.

Sebastián levantó la mano, imponiendo silencio.

—No es por orgullo —dijo con firmeza—. Es por la empresa. Si los Valcour están cerrándonos puertas, tenemos que arreglar esto como sea.

Adrián apretó los puños.

—No pienso hacerlo —gruñó—. No voy a humillarme.

—No se trata de humillarte —respondió Sebastián—. después de todo esto fue por tu culpa.

El silencio volvió a caer sobre la sala. Nadie dijo nada más, pero todos entendieron lo mismo.

 

Mientras tanto, Isabella había salido de la empresa cuando Lucien la vio cruzar la entrada principal. No dudó en acercarse.

—Te llevo a casa —dijo con naturalidad, como si fuera lo más obvio del mundo.

Isabella aceptó. El trayecto fue tranquilo, cómodo, sin silencios incómodos. Al llegar a la residencia, Elena Valcour los recibió con una sonrisa que decía mucho más de lo que sus palabras callaban. Ojo de madre no se equivoca. Para ella, no había duda: ese hombre terminaría siendo su yerno. Cuestión de tiempo.

—Buenas noches, Lucien —saludó con calidez—. Qué gusto verte otra vez.

Lucien devolvió el saludo con respeto antes de entrar. En el comedor ya estaban reunidos todos. Isabella saludó a su padre, a sus hermanos, y por un momento se permitió algo que aún le parecía un privilegio: sentirse en casa. Llegar, sentarse a la mesa, notar que todos estaban pendientes de ella. Aquello era, sin duda, lo mejor de todo.

La cena transcurrió entre conversaciones ligeras, comentarios del día y bromas ocasionales. Isabella escuchaba más de lo que hablaba, disfrutando de esa normalidad que nunca había tenido antes.

En un punto, Elena dejó los cubiertos a un lado y habló con tono casual.

—Por cierto —dijo—, la señora Montoya me comentó algo el día de la fiesta. Sugirió que quizá sería buena idea que los chicos se conocieran… una cita a ciegas, nada serio.

El silencio que siguió fue inmediato.

Los hermanos de Isabella la miraron como si hubiera propuesto algo impensable.

—¿Perdón? —dijo uno.

—¿Una cita… con los Montoya? —preguntó otro, incrédulo.

Lucien se mantuvo en silencio, observando con atención. Elena alzó una mano.

—Tranquilos —aclaró—. Solo lo menciono. No estoy obligando a nadie.

Las miradas seguían siendo de absoluto rechazo.

Isabella sintió cómo su cuerpo se tensaba de inmediato. El simple apellido Montoya le revolvía el estómago. La idea de tener que relacionarse más con esa familia, de verlos de cerca, de respirar el mismo aire que ellos… era como desearse la muerte.

Vivir cerca de esos monstruos es volver a ponerme la soga al cuello, pensó.

Pero no dijo nada.

Mantuvo la compostura, bajó la mirada al plato y siguió comiendo como si el comentario no la hubiera afectado. Nadie notó el temblor leve en sus dedos ni el esfuerzo que hacía por controlar lo que sentía.

Lucien la observó un instante más de lo necesario. No preguntó. Solo guardó silencio.

La conversación cambió de rumbo y la cena continuó.

...----------------...

Cuando la cena terminó, Lucien regresó a su casa. Al entrar, encontró a Ariane en la cocina, apoyada contra la encimera, bebiendo agua como si el sueño se le hubiera escapado por completo. La luz era tenue y el ambiente tranquilo, pero en ella había algo inquieto.

Al verlo, sonrió de inmediato.

—¿Y bien? —preguntó—. ¿Cómo te fue con tus suegros?

Lucien soltó una pequeña risa.

—Aún no lo son —respondió—, pero… bien. Todo estuvo tranquilo.

Luego fue él quien la miró con curiosidad.

—¿Y tú? —preguntó—. ¿Qué tal los candidatos que mi madre decidió mostrarte?

Ariane suspiró, llevándose una mano a la frente con resignación.

—Ni me lo recuerdes —dijo—. Mi tía debería dedicarse profesionalmente a ser casamentera. Tiene talento… y cero límites.

Lucien rió más abiertamente.

—Eso es verdad —admitió—. A todo le pone exageración. Siempre.

Ariane bebió otro sorbo de agua y luego levantó la vista, como si recordara algo desagradable.

—Por cierto —añadió—. Hoy también tuve la mala suerte de conocer a Alexander.

Lucien alzó una ceja.

—¿Alexander Valcour? —repitió—. ¿Cómo fue eso?

—Un taxi —respondió ella—. No preguntes.

Lucien sonrió con malicia.

—Si quieres, te presento a mi guardaespaldas —bromeó—. Raúl es muy eficiente.

Ariane lo miró de lado, incrédula.

—¿En serio? —dijo—. Tampoco te vas a poner a presentarme a todo ser humano que respire.

Ambos volvieron a reír, la tensión disipándose un poco más. Pasaron unos minutos así, compartiendo el silencio cómodo de quienes se conocen demasiado bien.

Finalmente, Ariane se levantó. Su expresión cambió justo antes de marcharse. Ya no había rastro de humor.

—Lucien —dijo, más seria—. Hoy tuve una sensación extraña. Desde la mañana.

Él la miró con atención.

—Primo… —continuó—. Debes cuidar a Isabella.

Lucien frunció ligeramente el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Que está en peligro —respondió Ariane con firmeza—. Tal vez no ahora mismo, pero muy pronto. Hay alguien que está realmente obsesionado con ella.

El silencio se volvió pesado.

Lucien no respondió de inmediato. Ariane no esperó confirmación ni preguntas. Asintió una sola vez, como si ya hubiera dicho todo lo necesario, y se dirigió hacia las escaleras.

Lucien se quedó solo en la cocina, inmóvil, con esas palabras resonándole en la cabeza. Su expresión se endureció lentamente.

Obsesionado.

1
Cliente anónimo
fascinante
Cliente anónimo
😭me gusta la historia
Maria Riquelme
Muy bella novela escritora me encantó, sobre todo que pusiste una foto al final de esta bella pareja junto a sus hijitos
Maria Riquelme
Como me habria gustado que mi esposo cuando le dije de mi embarazo, hubiese reaccionado un poquito como lo hizo LUCIEN, él se enojo porque no me había cuidado y se suponía que yo no podía volver a tener hijos. ya que yo había tenido un aborto espontáneo y un raspado mal hecho, él era mi segundo esposo y yo ya tenía dos hijas de mi primer matrimonio
Maria Riquelme
Creo que CAMILA está muerta también, y ella si que no va a volver como volvió VALERIA
Maria Riquelme
Ni siquiera porque va a morir deja a VALERIA en paz, solo piensa en como seguir haciéndole daño, en vez de pensar en cómo huir de ahí
Maria Riquelme
Que padre más imbecil que cree que VALERIA O ISABELLA como se llama ahora tiene que ayudarlo porque ahora se acuerda que es su hija, dice que es su obligación, pero nunca fué su obligación cuidarla y protegerla cuando vivía con ellos en su otra vida, viejo ridículo que no piensa en todo el daño que le hicieron desde niña
Maria Riquelme
Abuela pronto sabrás que tu nieta está viva, pero en otro cuerpo
Maria Bolivar
Asquerosidad de familia... Lucien acabalos!!!!!!
Maria Riquelme
THIAGO debería decirles que esa mujer fué a verlo al gimnasio donde estrenar que le llevó una botella con agua desde ahí empezó a sentirse más mal aunque antes tenía mareos y cansancio pensando que era solo estrés
Maria Riquelme
Que razón tenía ISABELLA, apenas conoció a la novia de su hermano gemelo, y no se equivocó es una arpia, espero la descubran antes de que le haga algo malo a su hermano, y que esa CAMILA no logre nada en contra de ISABELLA para quedarse con LUCIEN
Maria Riquelme
Yo tenía una sospecha desde cuándo RAUL el asistente y amigo de LUCIAN al poco tiempo de ella volver a la vida le preguntó si le iba a decir la verdad, entonces sospeché de que él sabía algo
Maria Riquelme
Esa CAMILA no es más que una zorra, no le importó empujar a SABELLA, para acercarse a LUCIAN, que ni siquiera la mira, y tampoco que ella es solo una invitada a la fiesta que le hicieron los padres a ISABELLA para darla a conocer ya que no la habían presentado en público, por qué estuvo en coma durante 2 años
Maria Riquelme
Esta estupida cree que c
no lo que habla el caerá rendido, y no se da cuenta que lo que dice es pura estupidezque si ella fuera Ceo en la e.presa sdel padre en un año lo llevaría a la quiebra
Isa
estuvo muy buena tu novela me gustó mucho gracias Dios te bendiga
Paula
ME FASCINO ME TUVO ENGANCHA DE PRINCIPIO A F IN FELICIDADES SIGUE ESCRIBIENDO ASI🥰🥰🥰
Nora Reyes
felicitaciones autora,me encantó la historia 👏 👏👏👏
Nora Reyes
excelente capítulo, felicitaciones autora 👏👏👏
Nora Reyes
pienso que Julien es el asesino de Valeria
Nora Reyes
que le diga que si!!
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