Despertar en época moderna
"Viví dieciocho años en una jaula de oro, creyendo que el desprecio de mi esposo era mi única realidad. Fui la esposa sumisa, la dama que lavaba los pies de su suegra y la mujer que ocultaba sus lágrimas tras un abanico."
Lorena Casas, la hija de una familia prestigiosa, lo sacrificó todo por un hombre que consideraba un erudito brillante. Pero mientras ella se consumía en la soledad de la mansión Vila, su esposo Marco tejía una red de mentiras, traiciones y malversaciones, planeando reemplazarla con su amante y hundir a su familia.
Todo habría sido perfecto para él... si no hubiera nacido Aurora.
Mi hija no es una bebé común. Con una mente que desafía la lógica y la capacidad de leer los secretos más oscuros de quienes nos rodean, ella es la única que sabe lo que Marco hace en las sombras.
Mientras Marco cree que estamos atrapadas en su red, Aurora está moviendo los hilos. Desde su cuna, esta bebé genio me guía, revelando los fraudes, exponiendo a los espía
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Capítulo 19: El Juicio del Cielo Industrial
El estruendo no fue un simple trueno; fue el sonido de una descarga de energía masiva, un arco voltaico que sacudió los cimientos de la capital. La ventana del salón vibró, y una de las vitrinas de cristal estalló en mil pedazos, cubriendo el suelo con un manto de diamantes transparentes.
Lorena se quedó inmóvil, con el corazón latiendo con la fuerza de un pistón de máquina de vapor. Sus ojos, que minutos antes estaban nublados por el resentimiento y el dolor por la crueldad de Marco, ahora estaban clavados en el cielo a través de la ventana rota. El humo negro comenzaba a elevarse en la distancia, justo desde el distrito donde se encontraba la residencia secundaria que Marco mantenía "para asuntos de estado".
«No puede ser», pensó Lorena, con un escalofrío recorriéndole la columna vertebral. «Aurora... ¿fuiste tú?».
La bebé en sus brazos, lejos de estar aterrorizada por el estampido sónico, se había quedado completamente dormida. Sus manos, que antes estaban cerradas en puños furiosos, ahora reposaban abiertas y tranquilas sobre el encaje de su vestido.
—¡Señora! ¡Señora, el cielo ha caído sobre la Villa de los Lirios! —El criado entró corriendo, con el rostro desencajado y cubierto de polvo—. ¡Un rayo... ha caído directamente sobre el techo del estudio privado del Marqués! ¡El fuego está consumiendo todo el edificio!
Lorena se giró lentamente. La "Villa de los Lirios" no era un edificio cualquiera. Era el lugar donde Marco ocultaba a su amante y a su otra hija, Taciana. Era el lugar donde, según sus informes, Marco había estado refugiado toda la noche anterior mientras ella lloraba la traición de los Zabaleta.
—¿El Marqués estaba allí? —preguntó Lorena, con una voz que sorprendentemente no temblaba.
—Nadie lo sabe, señora. Los guardias del Gremio están rodeando la zona. Dicen que fue una falla en el pararrayos de éter, una sobrecarga de energía estática.
Lorena miró a su hija. La coincidencia era estadística y moralmente imposible. Aurora había deseado que un rayo cayera sobre su padre, y el rayo había caído.
«Si el cielo obedece los deseos de esta niña», pensó Lorena, sintiendo una mezcla de terror y una embriagadora sensación de poder, «entonces Marco ya no es mi mayor enemigo. Es un hombre sentenciado».
—Tea —ordenó Lorena, su tono cortante y decidido—. Prepara mis ropas de luto. No el luto negro que espera la corte, sino un luto elegante, sobrio. Si el Marqués está vivo, necesitaremos demostrar nuestra devoción. Si está herido... necesitaremos estar allí para "gestionar sus asuntos".
—¿Gestión de asuntos, señora? —Tea parecía confundida, todavía aturdida por la noticia del incendio.
—La Villa de los Lirios alberga secretos, Tea —respondió Lorena, caminando hacia el espejo. Se aplicó un toque de polvo en el rostro para parecer pálida, un acto de interpretación que había perfeccionado tras años de ignorar las infidelidades de su marido—. Secretos sobre la financiación del Gremio, documentos que Marco no debería tener, y... otra familia. Si el rayo ha expuesto la Villa, las autoridades encontrarán lo que él ha intentado ocultar por años. Nuestro trabajo es asegurarnos de que la Princesa Real sea la primera en enterarse de cualquier "anomalía" que se encuentre en las cenizas.
En el estudio de la mansión, mientras Lorena se preparaba, Aurora abrió un ojo, observando la determinación de su madre.
«Bien, mamá. Ahora solo falta empujar un poco más», pensó la bebé. «Marco ha pasado años construyendo su reputación sobre las ruinas de nuestra familia. Ahora, que observe cómo su imperio se convierte en cenizas».
Media hora después, Lorena salía hacia la Villa de los Lirios. El carruaje avanzaba entre una multitud de curiosos que murmuraban sobre el "juicio divino". Al llegar, el espectáculo era dantesco. La Villa estaba envuelta en llamas azules, un signo inconfundible de que el fuego se alimentaba de depósitos de éter puro.
Allí, entre la multitud, vio a Marco. Estaba desaliñado, con la ropa chamuscada, gritando órdenes a los bomberos del Gremio. Su rostro estaba desencajado, no por la pérdida de sus bienes materiales, sino por el miedo a que las cajas fuertes ocultas bajo el suelo de la Villa fueran descubiertas.
Lorena bajó del carruaje. Su presencia fue notada de inmediato. La gente se apartó, respetando a la mujer que, en medio de la desgracia de su familia política, mantenía la cabeza alta.
—¡Marco! —exclamó Lorena, corriendo hacia él con una actuación magistral—. ¡Gracias al cielo estás vivo! He oído el trueno y... el corazón casi se me detiene. ¿Estás bien? ¿Dónde está... Taciana?
Marco se giró, y al verla, sus ojos no mostraron alivio, sino una sospecha paranoica.
—¿Qué haces aquí, Lorena? —gruñó él—. ¿Quién te ha dicho que vinieras?
—El pueblo entero lo sabe, querido —respondió ella, mirando el incendio—. La noticia de un rayo caído a plena luz del día viaja rápido. Pareciera que los dioses están muy descontentos con algo que se escondía aquí, ¿no te parece?
Marco apretó los dientes, incapaz de responder. Lorena, con una sonrisa gélida, se acercó a él y le susurró al oído, lo suficientemente cerca para que él supiera que ella ya no era la marioneta de siempre:
—Si los investigadores encuentran algo que no deberían encontrar en esas cenizas, recuerda que yo soy la única que puede testificar sobre tu ubicación anoche. Aunque, ahora que lo pienso... tal vez la Princesa Real quiera saber por qué estabas aquí en lugar de estar con nuestra hija.