2 jóvenes que cometen errores grandes en su corta vida, que logran resolverlo a costa de algunos cambios rutinarios
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Capitulo 1
Estoy en la casa de mi mejor amiga, en el baño exactamente haciendo una prueba de embarazo, todo ha salido mal desde hace unas semanas que fue la fiesta a la cual fui con mi novio, mi crush, lo ha sido desde que entramos a secundaria el primer año, hablábamos bien, nos hicimos amigos, una cosa llegó a la otra y ahora estoy en esta situación.
Mi madre ha querido llevarme al doctor, no se lo he permitido a base de que mi padre no la deja salir al menos que sea por las compras o a la iglesia.
Mi familia pertenece a la iglesia cristiana que conllevan a unas reglas muy estrictas y machistas a morir.
Nos encontramos en el colegio el primer grado cuando era muy tímida, en ese tiempo puesto de la familia de reglas de la que vengo pienso que es normal, por lo que un día la maestra nos propuso hacer trabajo en equipo de dos y nos juntó a nosotras desde ese entonces hemos sido amigas.
Y aunque suene un poco ostentoso en este poco tiempo siendo amigas nos hemos contado de todo ella sabe de mi vida y yo de la de ella.
Y aunque es muy contraria su personalidad a la mía es agradable nuestra amistad.
Los ejemplos que a veces utilizamos en comparación sería que a ella le gusta el negro a mí lo rosa, a ella le gusta el deporte a mí no, a mí me gusta salir a fiestas y ella no o algunas otras cosas más en las que somos distintas…
Volviendo al tema principal, ya han pasado los minutos adecuados para que esté el resultado de la prueba, tengo miedo de saber el resultado pues si sale positivo ya sé lo que me espera con mis padres, pero si resulta negativo no diré ni una sola palabra.
Volteo hacia el espejo y miro está, ha salido positivo y sé lo que pasará, sé la situación y sé lo que me dirán, lo sé todo.
—Lucía, ¿sigues ahí? ¿Qué pasó? —está tocando la puerta que parece que la va a tirar—
—Sigo aquí, ya salgo —está ansiosa por saber el resultado, desde que me dio permiso entrar a su casa ha estado así por lo que abro la puerta, mi la miro fijamente—
—Ha salido positivo —anuncio.
—¿Qué…? ¿Qué piensas hacer? —pregunta, tiene una cara muy indescriptible y eso que el problema es mío
—Voy hacia su cama y me recuesto sobre ella soltando un suspiro— no lo sé, pienso en qué tal vez me golpea papá si se lo cuento y mamá… ella me corre de la casa o no sé, sabes cómo son ellos, me va a ir muy mal. Pero lo quiero tener o… no sé eso creo.
—Estás muy chica para tenerlo, no se piensa bien y tendrás que cuidar a otra persona, la tienes difícil, sabes que te puedo ayudar y apoyar en lo que necesites —volteo hacia ella tratando de pensar en una opción—
—Le diría al idiota de mi ex pero entonces lo más seguro es que vaya y me obligue a abortar así como así a mi casa y decirlo —suspiro de nuevo, nos quedamos en silencio un buen rato.
Guardé el secreto durante un tiempo, tratando de aplastar mi estómago para que no se hinche mientras tanto empecé a trabajar. Le dije a mamá con la excusa de que me han pedido algunas cosas en la escuela y he estado guardando el dinero.
Sara me está ayudando a juntar más dinero y su mamá me lleva al médico algunas veces, le he agradecido mucho, este fin de semana se lo pienso decir a mis padres ya sé cuál podría ser su reacción pero aún así lo pienso decir.
Me levanto demasiado rápido, esto ocasiona un mareo, ubico mi mano derecha en la cabeza mientras la otra me recargo en el respaldo del sillón, estoy a un lado de mamá que se ha dado cuenta de esto.
—Hija, ¿qué tienes? —habla con tono preocupado—
—Nada madre, solo me levanté muy rápido.
—¿Segura? Porque has estado muy extraña de un tiempo para acá —me mira fijamente con las manos en la cadera—
—En realidad sí tengo que contarte algo… yo… yo estoy embarazada.
No dice nada, no reacciona y papá ha llegado, no hay que ser adivino para saber después de todo escuché la puerta, mamá cuenta lo que le he dicho y lo único que hace es hacerse a un lado como siempre.
—¡Luciana… Luciana hija del demonio, estás panzona! Ya me lo esperaba saliste igual de zorra que tu madre pues claro de quién ibas a aprender, te das cuenta lo que le enseñas! —volteo hacia mi madre, ella solo está llorando por los gritos y las reacciones de papá— desde ahora dejas de ser mi hija, para mí no eres nadie más que una simple zorra que va y se arrastra con los hombres.
Fuera de eso comienza a golpearme, solo unas cachetadas y unos jalones, trato lo más posible de cuidar mi estómago, hasta entrar a mi cuarto y comienzo a buscar una mochila donde guardar todas mis cosas.
Salgo por la ventana no está muy alto y soy buena saltando, tardas aún me duele el rostro del lado izquierdo donde me pegaron y aún el lado de las costillas..
Estoy saliendo de casa con mis cosas o al menos lo que me dejaron sacar que no ha sido mucho, comienzo a caminar por unas calles y tomo un descanso llamando al celular de Sara, sé que tal vez me dejará dormir en su casa, el único problema son las once de la noche.
Me toma mucho tiempo en llegar a casa de Sara, me han dejado pasar aquí un tiempo en lo que busco dónde vivir, han revisado mis golpes, no es algo que me preocupa pues son pocos a la última vez.
—¿Tienes muchos golpes hija, segura que no te duele?
—No, no se preocupe señora, son pocos y casi no duele, solo que a veces es diario y por eso no siento dolor.
—Eso no es normal amiga.
—Ya lo sé, pero también si llego a decir algo me dirá demasiados insultos, aunque hoy… ya escuché suficientes.
—Tienes razón, ya fue mucho caos por hoy, mejor ve a descansar, mañana será un día largo, vamos a ir al doctor para que te revisen esos golpes y que no haya nada malo con tu bebé.
—Está bien, muchas gracias señora por dejarme quedar aquí.
—No te preocupes por eso, sé por lo que pasas y es lo menos que puedo hacer por ti.
—Gracias señora, permiso.
—Vamos amiga, ya preparé una habitación para ti.
Sigo a Sara que cruza el pasillo y habré una habitación de invitados, me han dejado quedar aquí en lo que encuentro un lugar seguro donde vivir, tengo suficiente dinero para ir comprando cosas necesarias para cuando nazca Samuel, es como lo voy a llamar.
No es porque el padre se llame así o cualquiera de la familia, a mí me ha gustado mucho ese nombre desde hace tiempo.
Mientras me recuesto en la cama voy quitando el vendaje que cubre mi estómago ya para que lo oculte, sí ya sabe mi familia, aunque sé que pronto se esparcirá la noticia, no es novedad siempre pasa lo mismo.
—¿Qué tanto piensas? —dice Sara detrás de mí ayudándome a quitar el vendaje—
—En mi familia —volteo a verla— yo… siento la decepción en mí y aunque sabía lo que iba a pasar, siento lágrimas en mis mejillas, me dolió mucho, me dolieron sus palabras de papá, su rechazo de mamá y todo lo que pasó, me siento mal por dentro, a veces siento que no voy a poder con todo porque en realidad no tengo nada, solo tengo dinero pero… me limpio las lágrimas… que voy a hacer, con lo que tengo no me alcanzará para todo, una renta, el niño, sus gastos, mis cosas, el doctor y todo eso, por qué me di cuenta que… que él tiene razón simplemente soy alguien más que no puede con nada de lo que tiene.
—Amiga no digas eso, tú puedes con todo lo que viene, no le creas, él simplemente quiere ver qué eres inferior, te quiere manipular y hacerte creer lo contrario, claro no tienes mucho dinero como los artistas, pero tienes poco o mucho te va a alcanzar para suficientes cosas, nosotras vamos a estar para ti en cualquier momento, no te vamos a echar a la calle como lo hizo tu familia, te aseguro que lograrás cualquier cosa que te propongas —seguido de eso me abraza— te lo aseguro tú podrás con todo y sé que serás muy buena madre.
—Si tan solo mi madre me hubiera dicho todo eso, te quiero mucho amiga, gracias.