Sebastián, un huérfano de 16 años rechazado por su heterocromía, solo encontraba consuelo en las novelas BL… especialmente en el villano, a quien siempre admiró.
Tras morir de hambre en un orfanato, despierta en un mundo imposible:
ha reencarnado como el hijo del villano.
Ahora llamado Sirio, con recuerdos intactos y una mente adulta atrapada en un cuerpo de bebé, decide cambiar el destino después del final de la historia.
Su objetivo es claro: hacer feliz a su papá villano.
¿El candidato perfecto para ser su mamá?
El asistente omega serio, elegante y demasiado ignorado por el destino original.
Entre escenas tiernas, momentos ridículamente graciosos y un bebé que claramente sabe demasiado, comienza una comedia BL de reencarnación donde el más pequeño… es quien manda.
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Capítulo 2 — Un castillo que aprende a respirar
El castillo de Lucien nunca había sido un lugar ruidoso.
No por respeto, sino por costumbre. Los sirvientes caminaban con pasos medidos, las puertas se abrían sin rechinar y las órdenes se daban en voz baja, como si alzar el tono pudiera despertar algo peligroso en los muros. Pero desde la llegada de Sirio, el aire se sentía… distinto.
No más cálido.
No más alegre.
Solo menos vacío.
Lucien lo notó primero en detalles insignificantes.
En que su desayuno se enfriaba porque se detenía un segundo más al pasar frente a la habitación del heredero.
En que sus reuniones terminaban antes.
En que, sin darse cuenta, preguntaba por el niño con una frecuencia que no coincidía con su propia idea de sí mismo.
—¿Durmió? —preguntó una mañana, sin levantar la vista de los documentos.
Noctis, de pie a su lado con una carpeta entre las manos, tardó un segundo en entender que la pregunta iba en serio.
—Sí, mi lord. No se despertó en la noche.
Lucien asintió.
Sirio, desde la cuna en la habitación contigua, sonrió por dentro.
☁️ Punto para mí.
Noctis fue quien más tiempo pasó con el bebé durante los primeros días.
No porque fuera su función oficial, sino porque Sirio… lo prefería.
Cada vez que el omega se acercaba, el bebé estiraba los brazos. No lloraba. No hacía escándalos. Simplemente se aferraba a la ropa de Noctis con una determinación tranquila.
Noctis intentó ignorarlo al principio.
—No debería acostumbrarlo —murmuraba, acomodándolo en la cuna—. No soy su cuidador.
Sirio lo miraba con esos dos ojos distintos, atentos.
☁️ Error de concepto. Candidato a figura parental detectado.
Noctis siempre terminaba cediendo.
Lucien lo observaba desde lejos.
No intervenía.
No comentaba.
Solo miraba.
Y ese mirar se volvió costumbre.
Una tarde, mientras revisaban informes en el salón principal, Sirio empezó a inquietarse en brazos de una niñera.
No lloró.
No gritó.
Emitió un pequeño sonido, casi como un llamado.
Noctis levantó la vista de inmediato.
—¿Le ocurre algo?
—No lo sé —respondió la niñera, nerviosa—. Hace un momento estaba tranquilo.
Sirio giró la cabeza con esfuerzo.
Miró directamente a Noctis.
Y estiró los brazos.
☁️ Rescate emocional solicitado.
La niñera parpadeó, confundida.
Noctis suspiró.
—Puedo… sostenerlo un momento —ofreció.
Lucien no dijo nada.
Pero tampoco se opuso.
Sirio pasó a los brazos de Noctis y, como si alguien hubiera apagado un interruptor invisible, se calmó al instante. Apoyó la mejilla en su pecho, satisfecho.
☁️ Confirmado: modo calma activado.
Lucien cerró el informe.
No por molestia.
Por distracción.
Se tranquiliza con él, pensó, con una extraña incomodidad en el pecho.
No era celos.
No era rechazo.
Era… atención.
Esa noche, Lucien fue él mismo quien se acercó a la habitación del heredero.
Sirio dormía. O fingía hacerlo.
Lucien se detuvo junto a la cuna, observando el pequeño rostro relajado. La heterocromía se notaba incluso con los párpados entreabiertos. Dos colores distintos, como si el niño llevara el cielo fragmentado en los ojos.
—No te temen —murmuró—. Te miran como si fueras normal.
Sirio se movió apenas.
☁️ Ojalá siempre me miren así.
Lucien se quedó más tiempo del que planeaba.
Desde la puerta entreabierta, Noctis observó la escena sin interrumpir.
Sirio abrió apenas un ojo, detectó la presencia de ambos.
☁️ Los dos en la misma habitación… formación inicial completada.
Cerró los ojos, tranquilo.
El castillo, por primera vez en años, respiró un poco mejor.