Él la conoció de casualidad en el bosque siendo cazada como un animal para ser entregada como un sacrificio para apaciguar la ira de la diosa luna. La salvó, no porque le importara sino porque le fascinaba ver el terror en aquellos que se creían superiores, los quemó bajo el poder de las llamas eternas del infierno, los oyó rogar, gritar y suplicar por piedad, pero era tarde cuando las llamas eternas tocaban la carne humana esta ardía hasta quedar hecha polvo.
Ella al verlo sintió curiosidad, miedo, curiosidad y agradecimiento. Lo siguió en un viaje sin retorno donde conoció cada cosa, experimentó qué era ser libre, qué era ser ella misma, sonreír, respirar con tranquilidad y despreocupación ante la posibilidad de ser nuevamente perseguida, ya no era una preocupación, la dejó atrás.
Pasó el tiempo y los cielos la reclamaron. La diosa se la llevó y en consecuencia se desató el caos y quienes osaron llevársela, ardieron en llamas eternas, mientras que otros vivían peor que un animal.
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Capítulo 1
KAELYN
Desde que nací he sabido que nadie se preocupa por mí, a nadie le importo y he sabido vivir con ello. Fui despreciada desde mi nacimiento por mí progenitora, cuya figura nunca fue parte de mi vida. Nunca conocí su rostro, nunca supe su nombre, jamás supe sí ella fue obligada a tenerme o simplemente no tuvo otra opción. So nunca lo supe y jamás lo sabría.
He vivido siendo excluida del mundo, de todo y de todos. Nadie me ve como un ser humano, nadie me ve como un ser vivo, solo me ven como un animal al cual se le debe sacrificar para apaciguar la ira de la diosa luna por crímenes que nunca cometí, pero que debía pagar siendo el sacrificio.
Corría desesperada con la respiración agitada y con el corazón en la garganta. Pasos se oían detrás de mí, miraba cada pocos segundos esperando o más bien rogando porque no me atraparan, no quería morir. Quería vivir, tener una vida tranquila, pero desde que fui sentenciada a ser el sacrificio por el simple hecho de ser una huérfana que no tenía familia, no tenía respaldo, no tenía nada. Solo era yo contra el mundo.
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Mis poderes debía esconder, esas fueron las últimas palabras que mi madre adoptiva dijo antes de morir cuando salió de casa a enfrentar a la muchedumbre que quería usarnos como adivinas, pero al final cuando mi madre predijo el destino del pueblo, fue el fin de su vida, le cortaron la cabeza, no vi nada, solo oí un grito desgarrador y algo pesado que había caído al suelo rodando como si hubiesen sacrificado a un animal recientemente.
Era de noche y la luna estaba llena, siendo testigo de la crueldad que había ocurrido. Sabía que nadie me ayudaría, al amanecer hui tras haber llorado por horas hasta quedarme dormida. Desperté al oír que me usarían para ser la adivina del pueblo, pero sabía muy bien cuál sería mi destino. Mi destino era morir de la misma forma que mi madre. No deseaba eso, debía huir y lo hice tras haber empacado lo esencial y rezar porque nadie me encontrara. Tras horas después alguien posiblemente se dio cuenta y fue tras de mí, y efectivamente así fue, corrí y corrí hasta que se hizo de noche.
Cerré los ojos al sentir las lágrimas calientes recorriendo mi rostro. No debía llorar, no podía llorar, no ahora. Seguí corriendo sin parar, sin pensar en nada, en nadie. Tras haber cruzado el umbral del bosque una figura oscura se encontraba en mi campo de visión, pensaba que era alguien del pueblo que me había encontrado, pero no estaba segura, ya no había vuelto atrás. Sí debía exponer mis poderes, lo haría porque no moriría sin antes pelear.
Pero antes de poder hacer algo que posiblemente me llevaría a la muerte. La gente de ese pueblo ya no me perseguía, ya no oía sus voces gritando que fueran tras de mí, no entendía nada, entonces la figura oscura emergió de la oscuridad y al verlo sentí el instinto de huir, pero mi cuerpo no reaccionaba, mi mente gritaba que huyera, pero mi cuerpo no reaccionaba.
Lo miré, su mirada era gélida, oscura, llena de arrogancia y una frialdad que me hizo estremecer hasta los huesos. Tragué en seco. Él era el terror en persona, alguien capaz de destruir a cualquiera que tuviera enfrente sin importar qué. Pero al mismo tiempo su belleza masculina me hipnotizaba, sus facciones eran perfectas, fuertes, era más alto y fuerte que yo en más de una forma. Su largo cabello oscuro le daba ese toque masculino y único que para cualquier mujer sería excitante, pero para mí era el diablo en persona. La oscuridad de la noche combinaba a la perfección con su ropa oscura que opacaba la poca luz que había en el bosque.
Di un paso atrás, él dio otro hacia el frente y luego otro y después otro hasta que finalmente me estrellé contra un árbol de espaldas, apenas sentí el golpe en mi cabeza, espalda y cuello.
El miedo y la incertidumbre me tenían sometida bajo la mirada de ese ser que me miraba con curiosidad.
—¿Qué haces en mi territorio?—Me preguntó mirándome con esa expresión de frialdad y curiosidad reflejada en sus ojos.
No tenía voz para responder. Estaba demasiado aterrada para poder pronunciar palabra alguna. Todo el cuerpo me temblaba, no sabía sí era por el frío intenso que estaba provocando esto o era el miedo que me estaba invadiendo por completo.
—¿Quién eres tú?—Me preguntó sosteniéndome de los hombros con una fuerza que me asustó.—¿Qué hace una humana como tú en mi territorio? ¿Eh?—Elevó más la voz—¡RESPONDE!—Me sobresalté.
—Y-Yo—apenas pude decir, pero antes de poder continuar los hombres me perseguían me habían encontrado, solté una maldición en mi cabeza pensando en que era mi fin. Cerré los ojos pensando en que ese hombre me entregaría a mis perseguidores.
Pero lo único que oí fue una risa seca y oscura, además de gritos y súplicas. Además de intentos inútiles de huida que resultaron en gemidos y quejidos cargados de dolor y desesperación. Y después silencio total, no quise abrir los ojos al principio temía tanto ver la sangre, pero al mismo tiempo sabía que tendría que abrir los ojos y por alguna razón lo hice. Abrí los ojos y al hacerlo no vi una escena sangrienta, ni cadáveres, ni nada que pareciera que había sucedido algo.
El silencio se rompió cuando oí unos pasos calmos y estremecedores que me erizaron la piel. Sentí TERROR, no tenía idea de qué iba a suceder, pero luego él estaba ahí mirándome con esos ojos grises intensos, curiosos, oscuros y llenos de algo que no tenía ni idea de qué era. Bajé la mirada y vi sangre goteando de la punta de sus dedos, no era de él de eso estaba segura.
Me levantó del suelo sujetándome del cuello. No podía respirar, me costaba, no podía pasar saliva.
—Mírame—me habló con voz grave.—¡Mírame!—Me gritó. Su voz resonó en todo el área del bosque, estaba oscuro, pero aun así podía ver su rostro con claridad. Lo miré y él simplemente sonrió con burla.—¿Por qué una humana insignificante como tú es perseguida por gente de tu misma clase? ¿Acaso ustedes los humanos no son iguales entre sí y solo se juntan con los que son de su misma especie?—Preguntó con una mezcla de desdén y curiosidad.
—N-No—Apenas pude pronunciar.
—No entiendo lo que dices, habla más claro.— exhalé mi última bocanada de aire y hablé lo más que pude.
—¡No soy humana!—Grité tan fuerte como pude, apenas dije eso. Él se rio tan fuerte que su risa se escuchó por todo el bosque.
—¿Crees que soy tan estúpido como para no darme cuenta de que estás mintiendo?—Me miró de pies a cabeza.
Entonces le hice una pequeña demostración que lo dejó sin palabras. Usé un poco de mi magia para hacerlo caer al suelo, al hacerlo su expresión cambió y pasó de mirarme con burla y desprecio a incredulidad y desconcierto.
De mis manos emergía una energía azul eléctrica que pocas veces usaba o casi nunca.
—Qué magia tan interesante...—Murmuró al soltarme. Comencé a toser recuperando el aliento, cuando me repuse ya estaba atrapada contra su pecho, inmovilizada, el bosque girando a nuestro alrededor.—Bruja...—Murmuró cerca de mi oído—. Necesito respuestas...
Y sin darme opciones, me llevó con él, internándonos en lo más profundo y oscuro del bosque, mientras comprendía que mi huida no había finalizado, simplemente había cambiado de dueño.