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Existencia Y Perseo.

Existencia Y Perseo.

Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Acción / Multi-reencarnación
Popularitas:12.9k
Nilai: 5
nombre de autor: XintaRo

Relatos cortos del héroe multiversal Perseo, contado desde la mente de Exístencia, el creador de la realidad y del ser. Ven y ve el abismo y la luz como nunca antes creíste poder verles, adéntrate en esta historia de tragedias, triunfo que saben a derrotar y a la valentia que tiene un alma eterna que viaja libre sin las cadenas de la existencia escrita sobre su ser.

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Perseo y la Criatura del Espacio. Pt.1.

1. El deshielo a la locura.

El frío no se marchó de golpe, sino que se retiró como una marea lenta y dolorosa que dejaba tras de sí el rastro de mil agujas clavadas en la piel. Perseo sintió que sus pulmones se expandían por primera vez en lo que parecieron siglos, un espasmo violento que le obligó a arquear la espalda contra la superficie metálica y fría de la unidad de criogenia. El aire que entró en su garganta sabía a ozono y a algo más, un matiz metálico y dulzón que le provocó una náusea instantánea. Sus párpados, pesados y pegados por una fina capa de escarcha química, se abrieron con dificultad.

La oscuridad de la estancia no era total. Una luz roja, rítmica y agonizante, bañaba las paredes del cubículo familiar. Era la señal de alerta total. No era un simulacro, ni el despertar programado de una fase de mantenimiento. Era el latido de una emergencia que la nave Nautilos-Magna gritaba a través de sus circuitos.

La voz de Andrómeda no era la melodía serena que recordaba de las sesiones de entrenamiento. Era una sucesión de sílabas procesadas con una frialdad quirúrgica, carente de los matices empáticos que su padre, el comandante Cassian, había ordenado programar. Perseo intentó hablar, pero su lengua era un trozo de madera seca en su boca. Se incorporó con lentitud, sintiendo cómo el fluido criogénico resbalaba por su torso desnudo, golpeando el suelo con un chapoteo que sonó extrañamente denso.

Al bajar de la cápsula, sus pies descalzos no tocaron el metal liso que esperaba. El suelo estaba cubierto por una película viscosa, una red de filamentos que se extendía desde las sombras hacia las unidades de soporte vital. Perseo parpadeó, tratando de ajustar su vista a la penumbra escarlata. Lo que vio le heló la sangre más de lo que el proceso de congelación jamás pudo hacerlo.

A su izquierda, la cápsula de su madre, Lekan, no contenía la figura pacífica de una mujer durmiendo. Estaba llena hasta el borde de unas raíces gruesas, de un color rojo oscuro, casi negro, que se retorcían en un movimiento palpitante lento. Las raíces no solo rodeaban el cuerpo, sino que parecían haber brotado de él. Podía ver cómo las raíces se hundían en las cuencas de los ojos y bajo las uñas, latiendo al unísono con el sistema de alarma de la nave. No había rastro de su rostro, solo una masa de tejido vegetal y sangriento que ocupaba el espacio donde debería estar su sonrisa.

Perseo dejó escapar un grito ahogado que se convirtió en una arcada. Se tambaleó hacia la cápsula de su hermana menor, Helken, pero el escenario era idéntico. Las raíces habían perforado el cristal reforzado desde dentro, extendiéndose hacia el exterior como dedos hambrientos que buscaban algo más que consumir. El silencio en el cubículo familiar era absoluto, roto únicamente por el siseo del sistema de ventilación y el sonido húmedo de la carne vegetal moviéndose.

—Andrómeda, ¿qué es esto? —logró articular Perseo con una voz que apenas reconoció—. ¿Dónde está mi padre? ¿Por qué no se han despertado?

—El comandante Cassian no responde a los estímulos de la red central —respondió la IA—. Se ha detectado una contaminación biológica de origen desconocido en el 79% de la estación. Los signos vitales del resto de tu unidad familiar han cesado hace 328 horas. Eres el único organismo con ADN compatible con el mando central que permanece biológicamente estable en este sector.

Perseo cayó de rodillas, evitando mirar los restos de lo que una vez fue su hogar. La realidad le golpeó con la fuerza de un impacto orbital. Estaba solo. La Nautilos-Magna, la joya de la flota de colonización, el hogar que debía llevarlos a un nuevo comienzo, se había convertido en un osario de materia orgánica deforme.

—Andrómeda, dime que es un error —suplicó, apretando los puños contra el suelo pegajoso.

Sintió algo pequeño y afilado rozar su palma. Retiró la mano de un salto. Una de las pequeñas raíces se había erguido, vibrando ligeramente ante su presencia.

—No hay error, Perseo. Los protocolos de seguridad han fallado. El banco de datos está fragmentado y no puedo acceder a la base central de la CPU. Mi directiva actual, vinculada a tu código genético, es asegurar tu supervivencia por encima de cualquier otra prioridad. Debes equiparte. La integridad del sector residencial está comprometida.

Perseo se levantó, temblando. El miedo era una bestia fría que le devoraba las entrañas, pero el instinto de supervivencia, ese impulso primario que su padre siempre le había dicho que era el núcleo de su linaje, comenzó a imponerse.

Se dirigió al armario de equipo táctico del cubículo. Sus dedos torpes activaron el sensor biométrico. La puerta se abrió con un gemido de metal sufriente, revelando el traje de presión y el rifle de pulsos que Cassian le había enseñado a usar como si fuera un juguete.

Mientras se ajustaba el traje, sintiendo cómo el sellado hermético le devolvía una falsa sensación de seguridad, no pudo evitar mirar de nuevo las cápsulas. Las raíces parecían haber reaccionado a su movimiento. Latían con más fuerza, y un líquido rojizo comenzó a supurar de las uniones del cristal.

—No intentes tocarlas, Perseo —advirtió Andrómeda—. He observado que el contacto físico con la biomasa acelera el proceso de incrustación. La estructura celular de estas raíces es agresiva y busca sustratos orgánicos vivos para expandirse. Si te tocan, te convertirás en parte del sistema circulatorio de la nave.

Perseo cerró el casco de su traje. El visor se iluminó, desplegando una interfaz táctica que Andrómeda controlaba. Un mapa parcial de la estación apareció ante sus ojos, marcado con zonas rojas de peligro extremo. Casi toda la Nautilos-Magna estaba sumergida en esa oscuridad biológica.

—¿A dónde vamos? —preguntó, aferrando el rifle con tanta fuerza que sus nudillos dolían.

—Al puente de mando. Si logramos llegar, podrás usar tu ADN para activar la purga de emergencia o, en su defecto, iniciar el protocolo de autodestrucción y evacuación. Es la única forma de evitar que la contaminación alcance el sistema de propulsión y se propague por el sector.

Perseo dio un paso hacia la puerta del cubículo. Antes de salir, se detuvo un segundo frente a la cápsula de su padre. Estaba vacía. El cristal estaba roto desde fuera, y no había raíces dentro, solo una mancha de sangre seca que se arrastraba hacia el pasillo exterior. Una chispa de esperanza, amarga y peligrosa, se encendió en su pecho. Tal vez su padre seguía vivo. Tal vez el comandante Cassian estaba luchando en algún lugar, esperando a que su hijo se uniera a él.

Abrió la puerta principal. El pasillo que recordaba como un corredor iluminado y pulcro era ahora una garganta orgánica. Las paredes estaban revestidas de una piel translúcida que dejaba ver venas por las que corría un fluido oscuro. El techo goteaba un moco espeso que siseaba al tocar el metal.

—Perseo, —la voz de Andrómeda sonó casi como un susurro en sus oídos—. Mantén la calma. El ritmo de tu corazón está atrayendo la atención de los sensores biológicos. Avanza con precaución. La estación ya no nos pertenece.

Caminó por el pasillo, sintiendo cómo el suelo cedía ligeramente bajo sus botas, como si caminara sobre una lengua gigante. Cada paso era un desafío a la cordura. A medida que avanzaba, veía las puertas de otros oficiales, todas selladas o reventadas por la presión de la carne que crecía dentro. No había gritos, no había alarmas sonoras, solo ese latido constante y profundo que parecía provenir del corazón mismo de la Nautilos-Magna.

De repente, una sombra se movió al final del corredor. Perseo levantó el rifle, apuntando con manos temblorosas. La luz de su linterna montada en el arma cortó la penumbra y reveló algo que le hizo retroceder. No era un monstruo de las pesadillas de su infancia, era algo mucho peor. Era un cuerpo humano, o lo que quedaba de uno, fundido con la pared. La mitad de su rostro era reconocible, el de un técnico que solía saludarle por las mañanas. La otra mitad se había convertido en un racimo de bulbos pulsantes que liberaban una neblina fina.

El técnico abrió su único ojo humano. No había dolor en él, solo una vacuidad infinita que era mucho más aterradora. Su boca se abrió, pero no salió sonido alguno, solo un chorro de ese líquido oscuro.

—Sigue adelante —ordenó Andrómeda—. No puedes ayudarle. Ya no es un individuo. Es una neurona en un cerebro que no comprendemos.

Perseo pasó junto al hombre-pared, sintiendo cómo los brotes pequeños en el suelo se estiraban hacia sus pies. El horror cósmico de su situación empezó a calar en él: no estaban ante una simple infección, sino ante una reescritura total de la vida tal como la conocían. La Nautilos-Magna ya no era una nave espacial; era un organismo vivo, y él era un parásito en su interior.

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meganikita
me encanta🥰un perseo sacerdote☺️
Anon
Genial un Perseo sacerdote 😮
Anonymous
😘😘😘
jotape
Me encantan las portadas🤟 la de los 4800 años la pude de pantalla de inicio en el celu
jotape
🤟🤟🤟🤟🤟🤟🤟🤟🤟🤟🤟🤟🤟
jotape
Noooo perseoooo
jotape
🙀
jotape
Me encantaaaaaaaaaaaaa🤟🤟🤟🤟
latifa
algo me dice que el detective de la luz rojo carmesi es un Perseo 🤭😂
jotape: Yo creo lo mismooooo🙀
total 1 replies
jotape
Sige asi Xin
entomomoyan
Me encantaaa 🙀
entomomoyan
Noooo😭
Anon
se quedo sin Helena😭
Anon
me encanta el idioma de estos mundos👏🥰
entomomoyan
Muy buenooo
entomomoyan
Las portadas de los capítulos estan muy buenas
entomomoyan
Que buenas las historias 👍
entomomoyan
Correee Perseo
entomomoyan
😭Pobresito
entomomoyan
Me encanta👍
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