Takumi, un joven de 16 años alegre, honesto y fanático de la justicia, muere en un accidente menor, pero cuando abre los ojos… se encuentra dentro de su videojuego otome favorito. Para su sorpresa, no es la heroína, sino el omega villano, condenado a un final trágico y odiado por todos los personajes. Pero lo que Takumi no esperaba era que su destino en el juego empezara a desviarse… gracias al protagonista secundario, un alfa amable y torpe que parece destinado a sufrir, pero que termina atrayéndolo de formas inesperadas y muy cómicas.
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Capítulo 2: Decisiones silenciosas
Takumi despertó con una sensación extraña, como si su cuerpo no terminara de pertenecerle. El dolor en la cabeza seguía presente, aunque más apagado, recordándole constantemente que algo había cambiado de forma irreversible.
La habitación estaba en silencio. Un silencio distinto al de su mundo anterior, más pesado, cargado de expectativas invisibles.
Sigo aquí…
No. Ahora estoy aquí.
Cerró los ojos un instante y dejó que los recuerdos que sí le pertenecían afloraran con claridad: la calle estrecha, el niño acorralado, el impulso de intervenir sin pensarlo, el golpe que lo derribó. Había muerto sin arrepentimientos, pero tampoco imaginó que despertaría en el cuerpo de alguien destinado a causar sufrimiento.
—No pienso repetir tus errores… —murmuró al vacío.
La puerta se abrió suavemente y la reina Elias Darlight entró con pasos cuidadosos, como si temiera romper algo frágil. Su expresión mostraba cansancio, pero también un alivio que no intentaba ocultar.
—Takumi —dijo en voz baja—. ¿Cómo te sientes hoy?
Él la observó con atención. No recordaba haber sido su hijo, pero podía reconocer el amor en su mirada.
—Más claro —respondió con honestidad—. Aún confundido… pero mejor.
Elias sonrió, con los ojos ligeramente húmedos.
—El médico dice que es normal. No tienes que forzarte a recordar nada.
Takumi asintió, agradecido. Sabía que la amnesia era su única protección.
—Madre… —probó decir la palabra con cuidado—. ¿Puedo preguntarte algo?
—Claro.
—¿Cómo… era yo antes?
Elias tardó en responder.
—Eras brillante —dijo finalmente—. Pero impulsivo. Querías resultados inmediatos, no escuchabas advertencias… y eso nos preocupaba.
Takumi no se sorprendió. Lo sabía por el libro. El príncipe Takumi Darlight había sido arrogante, caprichoso, convencido de que el mundo debía obedecerle.
—Entonces —dijo con calma— quiero hacerlo distinto.
Elias lo miró con sorpresa.
—¿Distinto?
—No recuerdo quién fui —respondió—. Así que quiero decidir quién seré ahora.
El silencio que siguió fue profundo, pero no incómodo.
Ese mismo día, Takumi tomó su primera decisión real como príncipe.
—Quiero estudiar —anunció frente a los tutores—. Todo lo que necesite para gobernar bien.
La sorpresa fue evidente.
Historia del reino.
Leyes.
Economía.
Administración.
Medicina básica.
Takumi escuchaba con atención, tomaba notas, hacía preguntas precisas. No estudiaba para impresionar, sino para comprender. Sus profesores, acostumbrados a ser ignorados, comenzaron a mirarlo con una mezcla de respeto y desconcierto.
Pero Takumi sabía que aprender desde libros no era suficiente.
Una tarde, observando la ciudad desde una de las terrazas, recordó algo de su vida anterior: los errores más graves siempre nacían de ignorar a quienes vivían las consecuencias.
—Quiero salir del palacio —dijo durante la cena.
El rey Leonard Darlight alzó la vista de inmediato.
—¿Salir?
—Quiero conocer el reino —respondió Takumi—. No desde informes. Desde las calles.
Hubo debate. Preocupación. Objeciones.
Finalmente, aceptaron.
El orfanato real fue su primera visita.
Los niños lo miraron con recelo al principio. Algunos se escondieron detrás de las cuidadoras. Takumi no los forzó. Se sentó en el suelo, ayudó a ordenar juguetes, escuchó historias. Cuando uno de los pequeños se cayó y comenzó a llorar, Takumi lo levantó con cuidado, sin pensar en protocolos.
Ese día, algo cambió.
Luego vinieron las casas de ancianos, los barrios olvidados, los mercados. Takumi preguntaba, observaba, proponía pequeñas mejoras. Nada espectacular. Nada grandioso.
Solo constante.
Los rumores comenzaron a transformarse.
—Dicen que el príncipe escucha.
—Que no grita.
—Que ayuda.
Elias lo observaba con orgullo silencioso. Leonard comenzó a incluirlo en reuniones menores del consejo, probándolo, midiéndolo… y quedándose sorprendido.
Esa noche, solo en su habitación, Takumi apoyó la frente contra la ventana.
—No sé qué vendrá —susurró—. Pero no pienso repetir tu historia.
No sabía que, en algún punto del reino, el destino ya había empezado a moverse.
Y esta vez… no sería tan fácil detenerlo.
Sigue así 🥰🥰🥰🥰